Domingo 04 de diciembre de 2016,
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Las medallas de la muerte

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Fukushima 50‘, jugándose sus vidas para salvar las de los demás

La labor que están llevando a cabo estos ‘Kamikazese siglo XXI’ -entendemos que por iniciativa propia- en la central nuclear de Fukushima no figura en ningún manual de instrucciones de energía nuclear: con bombas de bomberos tratar de introducir agua a los reactores de la susodicha central nuclear, pero cuando aparece el fuego, se ven obligados a retirarse para más tarde volver. Volver a encontrarse con su segura y propia muerte, tratando de salvar la vida a los treinta cinco millones de habitantes que se asientan sobre la ciudad de Tokio.

Las medallas de la muerte han de conseguirlas, sin duda, esos cincuenta héroes en la sombra, que están arriesgando sus vidas para salvar a los demás: se les conoce con el sobrenombre de ‘Fukushima 50’. Ellos comprenden muy bien que terminarán sucumbiendo bajo la influencia de los tóxicos radiactivos, que emanan de la central nuclear de Fukushima.

“¡Prudencia!”-están recomendando los entendidos en la materia- “que la actual tragedia de Fukushima no llegará a alcanzar los efectos colaterales que tuvo la de Chernóbil, Rusia (1986)”. Éste fue el gran accidente nuclear, que ocurrió hace veinticinco años. Y continuó diciendo otro experto en energía nuclear: “Es mejor que las partículas radiactivas vayan hacia el Océano Pacífico”. “La capacidad que tiene el mar de disolver la radioactividad es asombrosa”, concluyó diciendo.

Los japoneses son personas muy racionales, y a las pruebas me remito: en una catástrofe de las dimensiones de ésta, el comportamiento de los primeros está alcanzando cotas de ejemplaridad dignas de encomio: el pueblo japonés sigue las colas ordenadamente, siempre dispuestos a esperar el tiempo necesario para llevarse del supermercado la última botella de agua o alimento. No se han visualizado robos, ni roturas de cristales, ni enfrentamientos con las fuerzas policiales: dice esto mucho a favor del pueblo japonés.

En una catástrofe de las dimensiones de ésta, el comportamiento de los primeros está alcanzando cotas de ejemplaridad dignas de encomio

Hemos comentado la tragedia ocurrida, pero nos hemos olvidado de manifestar la tragedia de las vidas humanas muertas y desaparecidas. Da la sensación que éstas han pasado a segundo plano, cuando todos sabemos que la bioenergía se produce quemando biomasa -materia orgánica como plantas o madera–, la eólica valiéndose de turbinas de viento para generar electricidad, la hidroeléctrica que aprovecha la energía del agua, la solar desarrollada a través de paneles solares -que están hechos de células fotovoltaicas–, el hidrógeno que estando en el agua figura como una fuente inagotable de energía, la geotérmica –energía que aprovechamos del calor emanado del centro de la tierra–, y, por último, la oceánica aprovechando por una parte la energía termal que produce el calor del sol y por otra produciendo energía mecánica procedente de la olas y las mareas. Hemos aprendido de todos estos adelantos para desarrollar un mejor bienestar para nuestras vidas, pero no hemos aprendido a respetar y a educar al niño/a, y a las personas en general. ¡No somos muy listos, desde luego!…

Podemos y debemos deducir alguna conclusión: la condición humana de los japoneses -su comportamiento- ha estado presidida por muestras de civismo, orden, entereza, resistencia, solidaridad y paciencia.

Todos debemos saber que, y escuchando la voz de nuestro corazón, las centrales nucleares producen alrededor del 25% de la energía mundial: éstas son enormemente peligrosas, pero hemos de saber convivir con ellas. Tenemos el petróleo, el gas, el resto de las fuentes energéticas…, pero la energía nuclear -de la que no soy partidario- es necesaria hoy por hoy: han de extremarse las medidas de seguridad al máximo respecto a ellas, pero, al final, hemos de aprender a vivir con cierto riesgo. Más esta energía… siempre destruye la naturaleza y los seres humanos que en ella viven.

En cualquier caso, ha habido una tragedia inmensa: estamos completamente de acuerdo. Tal vez… uno de los más grandes accidentes (tragedias) dentro de una central nuclear que se ha registrado ya en la historia de la humanidad. Ésta es la pura y dura realidad, aquí y ahora. Mas no hemos de olvidar -pues me enseñaron a recordar siempre y saber perdonar- que la causa de esta tremenda tragedia ha sido la irrupción en tierras japonesas de uno de los terremotos y maremotos más grandes de la humanidad… hasta nuestros días, y que, este drama que está sufriendo Japón -con cerca de 11.000 muertos contabilizados hasta estos momentos y no sé cuántos heridos- es y será siempre una triste catástrofe para nunca jamás olvidar.

El tremendo golpe que la naturaleza ha infringido a Japón, fue un terremoto de grado 8,9 en la escala Fahrenheit, que, evidentemente, no se da todos los días: los hombres/mujeres tenemos nuestras propias limitaciones -que son muchas y variadas- en la tierra en que vivimos por tiempo limitado, y no somos dueños ni de un solo segundo de nuestras mortales vidas.

No obstante, después de lo ocurrido, se siente uno como una pequeña hormiguita -pequeñita, frágil e indefensa-, lo que me hace tomar conciencia sobre nuestras grandes limitaciones que los humanos tenemos. Me hace pensar… que no somos dueños de nuestros destinos, y que, además, tenemos que tener presente que no debemos ni podemos vivir de espaldas a la realidad: a nuestra propia realidad. Puede ser que, y espero que sea así, Chernóbil y Fukushima marquen un antes y un después en abandono de la energía nuclear, buscando otras fuentes de energías limpias y seguras, las cuales ya existen en la actualidad: sólo hay que esforzarse para ponerlas en funcionamiento. ¡Dios quiera que así sea!

Me siento frente a una cuartilla y trato de pensar -a corazón abierto- el por qué de los males que aquejan a nuestra sociedad actual. No dudo, ni por un momento, de que estamos rodeados de múltiples odios, venganzas, envidias, miedos… Y tantas y tantas guerras, que se han desarrollado desde el principio de la humanidad hasta nuestros días: (…) I y II Guerra Mundial, y las actuales guerras de Irán y Afganistán. Todas ellas, ineludiblemente nos conducen a un mundo llenos de miserias, pobreza y hambre: en definitiva, he de decir que con ellas sólo se consigue la muerte de nuestros semejantes…

Bomba atómica sobre Nagasaki. El señor Truman mandó arrojarla. ¡Qué la historia le juzgue!

Japón no podrá olvidar nunca… que un avión americano, el B–29 (de sobre nombre ‘Enola Gay’), a los 8.15 de la mañana del 6 de agosto de 1945, volando a una altura de 10.000 metros lanzó sobre Hiroshima –la población civil– la primera bomba atómica. Después, el 8 de agosto de 1945 caía la segunda bomba atómica sobre Nagasaki. Otro hombre, el señor Truman –a la sazón presidente de los EE.UU.– autorizó el bombardeo atómico: la era atómica había comenzado.

Yo no soy quién para juzgar a este señor; la historia ya lo ha juzgado. Según datos oficiales aproximados encontraron la muerte –en Hiroshima– 92.167 personas; 9.428 heridos graves, y con heridas leves 27.997. No puedo olvidar, ni por un momento, las muertes habidas en la base militar de Pearl Harbor, Oahu–Hawái (EE.UU., 7 de diciembre de 1941), pero éste fue un ataque de la Marina Imperial Japonesa contra la Marina de los Estados Unidos, y no contra la población civil.

La Coruña (España), 20 de marzo de 2011
Mariano Cabrero es escritor


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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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