Viernes 25 de abril de 2014,
Bottup.com

Las otras caras de China

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Retrato de cinco víctimas del totalitarismo chino desde el exilio tibetano en la India

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Para Beiging son traidores. Nos cuentan sus historias desde el exilio

Estíbaliz García y Juan Sierra dibujan el marco del actual exilio tibetano en Dharamsala (India), a donde acuden muchos ciudadanos de la región ocupada por China después de salir de las cárceles de este país, generalmente acusados de contrarrevolucionarios por exigir libertad para su terriotrio. En esta ciudad fronteriza con la conflictiva Cachemira, estos exiliados encuentran la cercanía y el consuelo del mismísimo Dalai Lama. Estos dos reporteros nos acercan de primera mano el retrato de cinco de ellos, cinco rostros que forman parte de las otras caras de China. (Redacción Bottup).

Una larga historia, una rápida lectura


Los testimonios directos:

  • Bagdro, 40 años : De una cárcel china al Parlamento español

  • Palden, 34 años: Seis años de ‘reeducación’ en una cárcel china por manifestarse en Lhasa. Exhiliado.

  • Rinzin, 37 años, monja : Torturas y 12 años de cárcel por manifestarse y grabar una cancion tibetana.

  • Jampa, 39 años : Perdió la visión de un ojo por las torturas en la cárcel, donde estuvo 12 años

  • Lhundup, 39 años, monja : Obligada a hacer entrenamiento militar en una cárclo china, donde vio morir a una compañera por una paliza de los guardianes

Estíbaliz García Recio / Juan Sierra (Fotos). Quien tiene el poder está en disposición de hacer más daño. Cuando las
leyes, que deberían servir para proteger a las personas, no están
basadas, primordialmente y por encima de cualquier proyecto político o
territorial, en la Declaración de los Derechos Humanos, se dan
situaciones como las que nos relatan estos ex-presos tibetanos.

Sus
testimonios ofrecen un muestrario de ultrajes, desde la ausencia de
libertad religiosa en una cultura como la tibetana, en la que la
religión fundamenta la psicología individual y social; hasta la
privación de libertad, la condena sin posibilidad de defensa y la
tortura.

Sus retratos nos hablan
del valor de poder expresarse libremente, después de no haber podido
hacerlo durante años, y de la valentía que hay detrás de contar al
mundo historias como estas, con la esperanza de que no vuelvan a
repetirse.

El lugar

(ver índice)

Dharamsala es una agrupación de pequeños pueblos de montaña situada en
las laderas de los Himalayas indios. La inesperada notoriedad que este
territorio ha alcanzado se debe a que, hace casi 50 años, el XIV Dalai
Lama, líder espiritual y político del Tibet, encontró aquí refugio
después de que China tomara finalmente el poder en este inmenso
territorio centro-asiático.

En Dharamsala, el Dalai Lama instauró su
Gobierno en el exilio, y emprendió una acción infatigable con los
objetivos de, por un lado, intentar ganar el apoyo internacional para
la causa de la autonomía del Tíbet y, por otro, crear un espacio
protegido en el que mantener vivas la lengua, la religión y la cultura
tibetana, frente a la amenaza de genocidio cultural producida por la
ocupación china.

El Dalai Lama instauró su Gobierno en el exilio en Dharamsala como base desde la cual hacer relaciones internacionales y como espacio protegido frente al genocidio de la cultura tibetana
Siguiendo los pasos de su líder, desde 1959 miles de tibetanos caminan semanas por el Himalaya hasta llegar aquí, muchos tras haber salido de cárceles chinas

Siguiendo los pasos de su líder, y huyendo de la
persecución política, la falta de libertad religiosa y la
discriminación étnica, desde 1959 miles de tibetanos se han aventurado
a caminar durante semanas a través de los Himalayas hasta alcanzar la
frontera con Nepal, y de ahí su destino final en Dharamsala. Entre
estos exiliados, hay algunos que llegan con una carga extra: la de
haber pasado años en las cárceles chinas condenados por delitos
políticos.

Entre la indiferencia y la tolerancia de la población autóctona india
(que se ha visto favorecida por el empuje económico que el exilio
tibetano y su estela han traído a la zona), Dharamsala, especialmente
la comunidad de Macleod Ganj, se ha convertido en un espacio
enteramente consagrado a la causa del Tibet.

No es el idílico paisaje
montañoso lo que atrae a los miles de turistas, estudiantes,
investigadores y trabajadores humanitarios que se congregan aquí cada
primavera tan pronto como empiezan a deshelarse las carreteras; sino
acercarse a la estela del carismático Dalai Lama y mostrar su simpatía
hacia una causa que, de una manera más o menos informada, parece
despertar simpatías universales. El souvenir más buscado por los
turistas en Macleod es una camiseta con la bandera tibetana y el slogan ‘Free Tibet’, seguido de cerca de una chaqueta deportiva con el escudo
de un imaginario ‘Team Tibet 08′.

Esperando la visita de estos comprometidos viajeros, cafés,
restaurantes, tiendas y librerías se apiñan en las embarradas calles de
MacLeod. Uno de los establecimientos más populares entre los visitantes
es el restaurante japonés Lung-ta, que además de servir delicioso sushi
a precio indio, contribuye a la financiación de la Asociación de
ex-presos políticos tibetanos y da empleo a varios de sus miembros.

El
nombre de esta asociación, Gu-Chu-Sum, responde en tibetano a los
números 9, 10 y 3, en alusión a las fechas en las que tuvieron lugar
las manifestaciones y protestas más significativas en contra del
dominio chino sobre Tibet (27 de Septiembre de 1987, 10 Octubre de
1987, y 5 de Marzo de 1988). Las imágenes de estas manifestaciones
muestran a monjes recogiéndose sus hábitos granates mientras corren por
las calles de Lhasa, intentando escapar de la policía, entre disparos,
fuego, gritos y confusión.

Los protagonistas: el perfil

(ver índice)

Un gran número de los participantes en estas
protestas fueron detenidos, interrogados, golpeados y condenados a años
de cárcel en juicios sin garantías. Muchos de ellos, al acabar su
condena, se vieron forzados a dejar Tibet y a exiliarse, y se
encuentran en estos momentos intentando rehacer su vida en Dharamsala.
Los más tristes entre los exiliados, los ex-presos políticos sufren
cada vez que tienen que contar y revivir la parte más dramática de su
propia vida, pero diligentemente se prestan a narrar su testimonio,
acatando la consigna del Dalai Lama acerca de que “es responsabilidad
de cada tibetano el dar a conocer al mundo la situación del Tibet”. Sigue leyendo el resto del reportaje o mira el índice > > > >



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Bagdro esperando al Dalai Lama en las calles de Dharamsala

Estos testimonios cuentan historias que se parecen mucho unas a otras.
El protagonista suele ser un joven monja o monje budista. En Tibet, los
monasterios y conventos han sido tradicionalmente los centros de
estudio y de desarrollo intelectual y espiritual. A partir 1959, se
convirtieron, además, en reserva de la resistencia tibetana frente
al dominio chino. Los monjes y monjas han sido desde entonces el grupo
más comprometido políticamente (‘el ejército del Tibet’), y conforman
el grueso de los que participan en las manifestaciones, y también de
los que acaban en la cárcel sentenciados por separatistas y
contra-revolucionarios.

En al argumento más repetido, el protagonista viaja desde el remoto
monasterio donde vive hasta Lhasa, la capital, para participar en una
manifestación a favor de la independencia de Tibet. O tal vez acude a
algún evento público y, junto con otros monjas o monjes, espera al
momento álgido para empezar a gritar consignas contra la ocupación
china y a favor del Dalai Lama.

El perfil del exiliado es el del monje que acude a Lhasa a manifestarse, es detenido y encarcelado por años y en su liberación se ve presionado para el exilio
Parece que China, con las Olimpiadas, ya es del club del ‘Mundo Libre’. Al fin y al cabo, todos tenemos esqueletos en el armario,
y los asuntos de fronteras internas, como podría ser el asunto del
Tibet, son siempre escurridizos y complejos

Nuestro protagonista es detenido, y,
previamente a ser condenado en un juicio sin garantías a penas que
pueden llegar hasta a los 20 años de prisión, es torturado en los
centros de detención de la policía china. Lo interrogan durante horas
intentando que confiese quienes son los organizadores de las protestas.
En ocasiones son golpeados, colgados del techo de las muñecas o de los
pulgares durante horas, atizados con porras eléctricas. Una vez en
prisión les esperan los trabajos forzados, el entrenamiento militar y
el adoctrinamiento en las clases de reeducación patriótica.

Así durante
años, sin saber nunca si van a ser liberados al cumplir su condena o
encontrarán una nueva excusa para mantenerles encerrados. Pero todavía
lo peor está esperando a la salida. La policía china vigila de cerca a
los ex-presos políticos, todos sus movimientos son controlados, sus
familias están permanentemente bajo sospecha, al igual que cualquiera
que se atreva a ayudarles o a ofrecerles un trabajo. La única salida
acaba siendo el exilio, llegar a India, Dharamsala, siguiendo la misma
ruta que hizo un día el Dalai Lama cuando escapó del palacio de Potala
en mitad de la noche disfrazado de soldado chino.

Las Olimpiadas

(ver índice)
Preguntamos a estos ex-presos políticos qué piensan acerca de la
celebración en Beijing de las Olimpiadas. Rinzin, que pasó 12 de sus 39
años en la cárcel por participar en una manifestación junto con otras
monjas, levanta su hilo de voz para decir con determinación que ella
está “totalmente en contra”.

No es la única voz que se ha alzado contra
la designación para albergar los Juegos de un país cuyo Gobierno no
parece cumplir escrupulosamente los ideales de fraternidad y respeto
por los derechos humanos que inspiran los ideales olímpicos. Pero el
crecimiento de China, cuya política económica ya está totalmente
orientada hacia el libre mercado, es imparable, y todos los países del
mundo quieren hacer negocios con quienes probablemente serán los
próximos amos del universo.

Da la impresión de que elegir a China como
anfitriona de los Juegos Olímpicos ha sido una manera de formalizar su
entrada en el ‘Club del Mundo Libre’, de los países en los que impera
el libre mercado, el progreso y, al menos formalmente, la democracia.
Los miembros de este club parecen estar dispuestos a hacer la vista
gorda si el nuevo amigo chino no es precisamente un ejemplo de maneras
democráticas. Al fin y al cabo, todos tenemos esqueletos en el armario,
y los asuntos de fronteras internas, como podría ser el asunto del
Tibet, son siempre escurridizos y complejos. El presidente del Comité
Olímpico Internacional se justifica diciendo que los Juegos pueden ser
ese acicate que el Gobierno Chino necesita para arreglar esos asuntos
que ponen a sus socios en la comunidad internacional en una situación
incómoda.

El ‘progreso’ impuesto

(ver índice)
China niega las acusaciones de violaciones de derechos humanos, de
falta de libertad religiosa, y de discriminación étnica contra la
población tibetana; y alega, en cambio, que su entrada en la Región
Autónoma de Tibet supuso la modernización de un territorio que en pleno
siglo XX continuaba anclado en la Edad Media. Incluso el Dalai Lama
reconoce las desigualdades del sistema de tipo feudal que imperaba en
Tibet antes de la llegada de los chinos, pero es inexacto pensar que
los comunistas trajeran igualdad y justicia para los tibetanos. Sigue leyendo el resto del reportaje o mira el índice > > > >



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Les enseñan inglés para que difundan el mensaje. En la foto, Rinzin en una clase

La
acción de China sobre el Tibet estuvo marcada desde el primer momento
por la intención de aplicar un modelo económico y social sobre una
sociedad que mantenía desde siglos unas formas de vida únicas,
adaptadas a las extremas condiciones geográficas y climáticas del
territorio, e inspiradas por una forma particular de budismo, cuya
influencia es visible en todas y cada una de las estructuras sociales,
económicas y políticas tibetanas.

Sobre ese ‘techo del mundo’, donde pastores nómadas, monjes budistas y
señores feudales disfrutaban de un deliberado aislamiento bajo las
nubes, cayó la maquinaria pesada de la China de Mao, demoliendo
tradiciones ancestrales para sustituirlas por los paradigmas de
productividad y modernización, y alcanzando el máximo nivel de dureza
durante la Revolución Cultural (entre 1966 y 1976), cuando en nombre
del progreso se llegaron a destruir gran parte de los monumentos,
documentos y obras de arte que conformaban el patrimonio cultural
tibetano.

El
Gobierno chino no tiene ninguna intención de aflojar su dominio sobre
el territorio tibetano: a la importancia estratégica por su situación
fronteriza con India y Nepal, se suma el aprovechamiento
de sus recursos hídricos y geológicos
La gran mayoría de los chinos instalados en Tibet son militares y policías, muchos de ellos llegados en
los últimos meses para garantizar que no hubiera incidentes durante las
celebraciones de los Juegos Olímpicos

Aunque la Revolución Cultural llegó a su fin con la muerte de Mao, la
nueva orientación económica de China no ha supuesto una mejora en la
situación de los tibetanos. Son muchas las razones por las que el
Gobierno chino no tiene ninguna intención de aflojar su dominio sobre
el territorio tibetano: a la importancia estratégica por su situación
fronteriza con India y Nepal, se suma la posibilidad de aprovechamiento
de sus recursos geológicos e hidrológicos.

La reciente conexión de
Lhasa, la antigua ciudad prohibida, a la red china de ferrocarriles, va
a hacer más fácil la salida de bienes materiales y recursos, y la
llegada indiscriminada de chinos no tibetanos, que vienen a ocuparse de
los trabajos más cualificados y a hacer negocios en esta zona de baja
densidad de población y fuerte potencial económico.

Dentro de la Región
Autónoma del Tibet, la población china no tibetana ya supera
ampliamente en número a la población autóctona. Y esta es una tendencia
que va en aumento. La gran mayoría de estos ciudadanos chinos instalados en Tibet son militares y policías, muchos de ellos llegados en
los últimos meses para garantizar que no hubiera incidentes durante las
celebraciones de los Juegos Olímpicos.

Pero los Juegos Oímpicos también han proporcionado una nueva
oportunidad de refrescar la memoria del mundo sobre la situación del
Tibet. Las últimas protestas en Lhasa, en marzo de 2008, mostraban
jóvenes airados protestando violentamente pero, en la mayoría de las
ocasiones, la lucha por la libertad del Tibet no ha utilizado más armas
que el dar a conocer lo que ellos consideran su verdad.

En agosto del
2008, los Juegos Olímpicos en Beijing les proporcionaron el escenario
más grande con el que jamás se habían encontrado. Ya el paso de la
antorcha olímpica por varios lugares del mundo estuvo acompañados de
protestas y banderas tibetanas; aunque finalmente los Juegos se
clausuraron sin haber significado ningún avance significativo, más allá
de simbólicas muestras de adhesión y de crítica al Gobierno chino por
parte de algunas delegaciones participantes.

¿Y después del Dalai Lama?

(ver índice)
Más
allá de la anécdota de los Juegos Olímpicos, existe una sensación de
urgencia: la avanzada edad del Dalai Lama es una losa en el corazón de
los tibetanos, y una esperanza para el Gobierno chino, que confía en
que el problema desparecerá con su muerte. Como nos cuenta el monje y
ex-preso político Bangdro, sentado frente a la gran rueda de oración
del monasterio de Tsanga , “tenemos que aprovechar mientras este Dalai
Lama esta vivo. Una vez que se muera, hay un gran problema para el
Tibet, un gran problema”. Sigue leyendo el resto del reportaje o mira el índice > > > >



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A los tibetanos les cuesta mucho adaptarse a la cultura hindú. En la foto, Palden

Porque la gran arma de la causa a favor de la libertad del Tibet, y tal
vez la razón por la que no se ha convertido en otra injusticia ignorada
por los medios de comunicación, es el casi unánime respeto y admiración
que despierta este hombre, líder político y espiritual de los
tibetanos, el refugiado más famoso del mundo, viajero infatigable que
utiliza su amigable sonrisa y sus discursos sobre amor y compasión para
ganar simpatizantes para la causa tibetana en todas las esquinas del
mundo.

Pero este Dalai Lama es también un hombre de 72 años que, en una
reciente entrevista, declaraba como su mayor deseo sería retirarse a un
sitio remoto y dedicar sus últimos años a la oración y el trabajo
espiritual. Y sin embargo, su presencia sigue siendo imprescindible. No
sólo para seguir manteniendo vivo el apoyo internacional hacia el
Tibet, sino también para mantener unidos a su propia gente.

Ya existen
entre los miembros del movimiento quienes critican su postura
radicalmente no violenta y su apuesta por una región autónoma tibetana
dentro del estado chino en lugar de un estado independiente. Pero a
pesar de las tensiones internas, las decisiones de Su Santidad son
indiscutibles
.

A pesar de las tensiones internas entre partidarios de la independencia o la autonomía que propugna el Dalai Lama, las decisiones de Su Santidad son
indiscutibles
Sería algo así como si en un
país católico tuviéramos al mismísimo Jesucristo en persona ocupando no
sólo el sillón de Papa, sino también el de Presidente del Gobierno

Es difícil entender el fervor y el respeto que despierta
el Dalai lama si no es a la luz de la creencia tibetana en la
reencarnación. Por hacer una comparación, sería algo así como si en un
país católico tuviéramos al mismísimo Jesucristo en persona ocupando no
sólo el sillón de Papa, sino también el de Presidente del Gobierno.

El
poder de Su Santidad no descansa en las urnas ni en el poderío
económico, sino en tradiciones ancestrales que lo reconocen como la
última reencarnación del Buda de la Compasión. Podría haber sido tal
vez de otra manera, pero este Buda de la Compasión eligió para
reencarnarse en estos tiempos críticos a un hombre con una habilidad
admirable para las relaciones públicas y la comunicación, y unas ideas
muy claras sobre como mantener vivo el “espíritu de lo tibetano”, a la
espera de que algún día puedan regresar a la añorada y tal vez perdida
para siempre tierra madre.

Aprender inglés

(ver índice)
En la misma calle del restaurante japonés, detrás de un par de tiendas
y un cartel que ofrece clases de yoga, se encuentra el edificio del
Centro de Educación Hope, una de las varias ONGs que ofrecen clases de
inglés gratuitas. Aprender inglés es la primera tarea de los exiliados
tibetanos que van llegando a India. Muy pocos de ellos saben decir más
que algunas palabras en hindi, y no parecen estar muy interesados en
aprenderlo. El desinterés por el país de acogida es total, y si viajan
a otras partes de la India es para visitar otras colonias tibetanas,
los monasterios budistas del sur u otros lugares de peregrinación
religiosa, como el árbol bajo el que Buda alcanzó la iluminación en
Bodhgaya.

Sin saber como, acabamos como ayudantes de una clase de
conversación en inglés. Mis interlocutoras son dos chicas de unos
veinte años, Yanzen y Temzin. Hablan con una soltura sorprendente en
alguien que sólo lleva unos meses estudiando un idioma. Ambas salieron
de Tibet hace solo un año, y me sorprende escuchar que su relato es más
el de un emigrante económico que el de un refugiado político. Sigue leyendo el resto del reportaje o mira el índice > > > >



El desinterés por el país de acogida es total, y si viajan
a otras partes de la India es para visitar otras colonias tibetanas,
los monasterios budistas del sur u otros lugares de peregrinación
religiosa
Aprender inglés es la primera tarea de los exiliados
tibetanos que van llegando a India. Muy pocos de ellos saben decir más
que algunas palabras en hindi, y no parecen estar muy interesados en
aprenderlo

Yanzen me
cuenta como en Tibet los mejores puestos de trabajo son copados por los
chinos e inaccesibles para los tibetanos, y me dice que quería venir a
Dharamsala para “aprender inglés y viajar por el mundo”. Temzin,
protegiéndose de los furiosos mosquitos indios con una bandera de
Francia que ha aparecido en un cajón, me cuenta su penosa caminata de
un mes de duración por los Himalayas hasta llegar a Kathmandú,
(caminaban de noche para no ser descubiertos por la policía, y los más
débiles del grupo más de una vez se pararon y pidieron ser dejados
morir, extenuados por el cansancio), y como todo este sufrimiento pasó
al olvido cuando acudió a la recepción que el Dalai Lama ofrece a todos
y cada uno de los exiliados que consiguen llegar a Dharamsala.

Ambas me
hablan de los duros primeros meses en India, de lo difícil que fue
adaptarse al clima y a la comida y de lo decepcionadas que se sintieron
al ver que el hogar de su líder estaba en un pueblo tan feo, sucio y
pequeño. Las dos están llenas de vida y de planes, y parece obvio que
van a vivir una buena vida, tanto si pueden volver algún día a su país,
como si deben permanecer de por vida en un exilio que el apoyo
internacional hace indudablemente un poco menos duro.

No tuve la misma
impresión hablando con los ex-presos políticos, con quienes han sufrido
en sus propias carnes la falta de derechos humanos en Tibet. Se les
llama presos políticos porque fueron condenados por expresar opiniones
contrarias a las establecidas por el poder, pero es un error considerar
el asunto del Tibet como algo exclusivamente político.

Lo que sucede en
el Tibet tiene que ver con la negación de los derechos más elementales,
incluyendo el derecho a la libertad religiosa, contra una población que
no puede defenderse. El apoyo al Tibet no puede estar guiado por
intereses políticos o económicos, se trata de un asunto moral y ofrece
una oportunidad al mundo para resarcirse por tantas otras veces en las
que se mantuvieron los ojos cerrados ante las injusticias.

LOS TESTIMONIOS:

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Bagdro, 40 años: De una cárcel china al Parlamento español

(ver índice)

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Bagdro caminó por el Himalaya durante tres meses hasta llegar al exilio

“He
pasado siete años en la cárcel por participar en una manifestación pacífica
en Lhasa. Cuando salí de la cárcel, caminé por los Himalayas durante 3
meses hasta llegar a India. Desde aquí he escrito un libro con mi
historia (‘A hell on earth’), y he podido viajar a muchas partes del
mundo, incluida España, donde tuve la oportunidad de hablar en el
Parlamento sobre la situación tibetana.”

“El
Gobierno chino no sólo viola los derechos humanos de los tibetanos,
también de otras minorías como los mongoles o los musulmanes. Los
Juegos Olímpicos no hicieron más que empeorar la situación, con todo el
territorio lleno de militares, cámaras por todas partes, detenciones.
Estas Olimpiadas han sido como unas maniobras militares.”

“La
opción del Dalai Lama ya no es la independencia de Tibet, sino que sea
un territorio verdaderamente autónomo dentro de China. Pero eso no es
posible si no hay democracia en China, si no se respetan los derechos
humanos y la libertad religiosa. Para los tibetanos es muy importante
nuestra religión, y el gobierno chino se empeña en intentar educar a la
gente en contra de ella y en impedir que la practiquemos libremente.”

“Estas Olimpiadas han sido como unas maniobras militares”
“La
opción del Dalai Lama ya no es la independencia de Tibet, sino
un territorio de verdad autónomo. Pero eso no es
posible si no hay democracia en China”

“La
historia del Panchen Lama es un ejemplo muy claro de la actitud del
gobierno chino hacia nuestra religión y nuestra cultura. El Panchen
Lama es el cargo mas importante en nuestra jerarquía político-relgiosa,
después del Dalai Lama. Para el cargo de Panchen Lama hay que encontrar
a la reencarnación del anterior, a través de métodos ancestrales. Días
después de que el Panchen Lama fuera identificado, él y su familia
desaparecieron misteriosamente. Se supone que está detenido en algún
lugar de China, pero nadie sabe nada de su paradero. Es el preso
político más joven del mundo. Mientras tanto, el gobierno chino ha
buscado a un niño al que intenta imponer como reencarnación del Panchen
Lama. Con la detención del Panchen Lama y la imposición de alguien de
su elección quieren asegurarse de que acabarán controlando también las
creencias religiosas de los tibetanos.”

 


Palden, 34 años: Seis años de ‘reeducación’ en una cárcel china por manifestarse en Lhasa. Exhiliado.

(ver índice)

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La gente no se mezcla con los ex presos por miedo. Palden lo sufrió antes de exiliarse

“Fui
arrestado por participar en una manifestación pro Tibet en las calles
de Lhasa. Durante el arresto fui golpeado duramente por las autoridades
chinas. Me pegaron con porras y con porras eléctricas.”

“Cuando
me enviaron a la prisión de Drapchi, de nuevo fui golpeado por las
autoridades. Durante seis años, tuve que hacer entrenamiento físico
militar y aprender la formación china que se enseña en la prisión”.

“Drapchi
es una de las prisiones más grandes de Tibet. Hay todo tipo de
criminales en la prisión, pero los presos políticos estaban aislados
del resto de los prisioneros, ya que son considerados los peores de la
prisión. Las autoridades tienen miedo de que se mezclen con los otros
prisioneros y compartan ideas y organicen protestas.”

“Cumplí
mi pena de 7 años de prisión. Yo tenía la intención de quedarme pero el Gobierno seguía todos mis movimientos”
“Hace 6 o 7 meses que no
puedo comunicarme con mi familia porque hay mucho control y presión”

“Cumplí
mi pena de 7 años de prisión. Yo tenía la intención de quedarme en
Tibet, pero el gobierno chino seguía todos mis movimientos. Se me hizo
muy difícil sobrevivir allí. El 90% de los tibetanos viviendo en Tibet
apoyan a los presos políticos porque saben que están haciendo algo por
la libertad de la gente. Pero pocos participarían en las protestas
porque hay miedo de ser torturado. Y muy poca gente se atreve a
mezclarse con nosotros, porque tienen miedo de ser arrestados. Y
después de la prisión, muchos ex-presos tienen problemas de salud
crónicos. Así que en el 2006 escapé a India.”

“Mi
familia está todavía allí. Son campesinos. Hace 6 o 7 meses que no
puedo comunicarme con ellos, porque hay mucho control y presión de las
autoridades.”

 


Rinzin, 37 años, monja: Torturas y 12 años de cárcel por manifestarse y grabar una cancion tibetana.

(ver índice)

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Los religiosos no obtienen piedad. Rinzin era monja y pasó 12 años encarcelada

“Nací
en Lokha, cerca de Lhasa. En 1988 me hice monja. El convento había sido
destruido durante la Revolución Cultural, y lo estábamos
reconstruyendo.”

“1987 fue el año
en que empezaron a celebrarse grandes manifestaciones pro Tibet. En el
89, junto con otras 20 monjas, fui por primera vez a Lhasa para
participar en una de ellas.”

“En
1990 volvimos a participar en una manifestación pacífica en Lhasa. Esta
vez nos detuvieron y nos torturaron brutalmente. A algunas monjas les
metieron palos por los genitales. Una de ellas murió poco después con
los riñones destrozados, y muchas otras quedaron con secuelas.”

“Yo
fuí condenada primero a siete años de prisión, pero más adelante
descubrieron que había participado en las grabación de unas cintas con
canciones patrióticas dentro de la prisión, y me añadieron otros 5
años. En total he pasado 12 años en la cárcel, primero en Gutsa y
después en Drapchi.”

“Nos detuvieron y nos torturaron brutalmente. A algunas monjas les
metieron palos por los genitales. Una de ellas murió poco después con
los riñones destrozados”
“Cuando me recibió Su Santidad, me dijo que
tenía que aprender inglés para poder contarle al mundo lo que me había
pasado”

“Fui
liberada en el 2002. Cuando mis hermanos vinieron a buscarme a la
cárcel, se echaron a llorar al ver mi estado físico. En las visitas en
las cárcel sólo podían verme la cara a través de una pequeña ventana,
así que no sabían lo débil que estaba. Yo creo que mis problemas de
salud tienen que ver con un chequeo médico que me hicieron en la
cárcel, en el que me sacaron mucha sangre.”

“Al
liberarme, las autoridades me hicieron declarar que no hablaría acerca
de lo que sucede entro de la prisión. También me prohibieron ir a
Lhasa, y participar en ningún tipo de actividad política.”

“Después
de salir de la cárcel, intenté volver al convento, pero solo duré unos
pocos días allí. La policía vino a buscarme porque los ex-presos
políticos tienen prohibido regresar a los monasterios o a los
conventos.”

“Finalmente, cuatro años
después de salir de la cárcel, escapé a India. Al principio la vida en
el exilio fue muy dura. Tenía mucha nostalgia, no me gustaba el clima
ni la comida de aquí. Me empecé a sentir mejor después de recibir la
audiencia y las bendiciones del Dalai Lama.”

“Sigo
teniendo problemas de salud, y cojeo al caminar. Soy demasiado mayor
para entrar aquí en un convento, estoy muy débil y no podría soportar
la disciplina y el estudio. Cuando me recibió Su Santidad, me dijo que
tenía que aprender inglés para poder contarle al mundo lo que me había
pasado, así que ahora estoy aprendiendo inglés e informática en la
Asociación Gu-Chu-Sum.”

 



Jampa, 39 años: Perdió la visión de un ojo por las torturas en la cárcel, donde estuvo 12 años

(ver índice)

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La policía controla sus movimientos cuandolos sueltan. Jampa tuvo que huir de Lhasa

“En
1994, cinco monjes del monasterio hicimos posters a favor de la
independencia de Tibet y del Dalai Lama, y los colocamos por fuera de
algunos edificios públicos. Fuimos detenidos el 29 de Marzo y enviados
a la estación de policía de Chamdo. Allí nos tuvieron más de un mes,
interrogándonos tres veces cada día. Querían saber quienes eran los
organizadores, pero nosotros habíamos hecho todo solos, de hecho
habíamos puesto nuestros nombres en los posters, y aceptábamos toda la
responsabilidad. La policía decía que nosotros eramos demasiado jóvenes
para saber nada sobre la independencia de Tibet. Durante los
interrogatorios nos torturaban brutalmente, nos golpeaban con los puños
y con porras eléctricas.”

“En
el juicio nos condenaron a diferentes penas, según el grado de
implicación que el juez consideró. Yo fui condenado a 12 años de
prisión, más 5 años de privación de los derechos políticos. Otros
monjes recibieron sentencias de 15 años.”

“Cada
mañana nos despertaban a las cuatro y media para hacer entrenamiento
militar. Era un ejercicio físico muy duro, y si alguno no podía hacerlo
era castigado sin desayunar o golpeado”
“Cuando
salí de la cárcel, obligaron a mi familia a firmar una declaración
diciendo que si volvía a implicarme en actividades políticas, ellos se
harían responsables”

“Fui
enviado a la prisión de Damchu. Allí hay mas de 156 presos, políticos
pero también comunes. Durante 11 días nos hicieron aprendernos las
normas de la cárcel. Los presos comunes salían afuera a realizar
trabajos, mientras los presos políticos hacíamos trabajos dentro de la
prisión. Eran trabajos muy duros: cortar madera, limpiar los baños y
llevar los residuos a los campos. Por la mañana nos daban sólo un té y
un poco de tsampa (harina tostada); para almorzar, un poco de pan o de
arroz con verduras; y por la noche otra vez tsampa con té. No era
suficiente comida para todo el trabajo que teníamos que hacer.”

“Cada
mañana nos despertaban a las cuatro y media para hacer entrenamiento
militar. Era un ejercicio físico muy duro, y si alguno no podía hacerlo
era castigado sin desayunar, golpeado o obligado a quedarse quieto de
pie durante horas mirando hacia el sol. También nos obligaban a cantar
canciones patrióticas chinas.”

“A
causa de las torturas que recibí durante mi detención, he perdido
visión en el ojo izquierdo. Mientras estaba en prisión, me sentía muy
débil, me ponía enfermo muchas veces. Algunas veces me tenían que
llevar a la enfermería, yo no entiendo chino, pero un amigo me dijo que
las medicinas que me daban estaban caducadas hace 3 ó 4 años.”

“Cuando
salí de la cárcel, obligaron a mi familia a firmar una declaración
diciendo que si volvía a implicarme en actividades políticas, ellos se
harían responsables.”

“Mis
padres habían muerto, y mis 3 hermanos tenían que ocuparse de mí porque
yo no podía encontrar trabajo. La policía china controlaba mis
movimientos y me habían prohibido ir a Lhasa; pero en el 2007 fui en
secreto para visitar a un empresario que conocía y pedirle dinero para
poder escaparme a India.”

 


Lhundup, 39 años, monja: Obligada a hacer entrenamiento militar en una cárcel china, donde vio morir a una compañera por una paliza de los guardianes

(ver índice)

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El exilio alivia la presion sobre los familiares. Lhundup no tuvo otra opción

“Entré
en el convento con 20 años. Para entonces había muy pocas monjas, las
autoridades chinas ponían muy difícil entrar en los conventos y la
gente tenía miedo.”

“En
1990 fui a un festival tradicional en Lhasa junto con otras monjas. En
un momento de la ceremonia nos pusimos a gritar slogans a favor del
Dalai Lama y de la libertad en Tibet. Fuimos detenidas y llevadas a un
centro de internamiento, donde nos tuvieron dos meses. Nos interrogaban
y torturaban cada día, querían saber quienes habían sido los
organizador de la protesta.”

“Finalmente
nos juzgaron y nos impusieron penas de entre tres y siete años, con los
cargos de antirevolucionarias y separatistas. A mí me enviaron a la
prisión de Drapchi.”

“Una monja fue acusada de no esforzarse en el
entrenamiento, le golpearon tanto que la tuvieron que llevar al
Hospital, donde murió con los riñones destrozados
por los golpes”
“La última vez que hablé
con mi familia me dijeron que no les llamara en algún tiempo, porque la
policía estaba monitorizando las llamadas”

“En
la prisión nos prohibieron usar nuestros hábitos de monjas. Nos
obligaban a hacer trabajos forzados, lo llamaban ‘Educación a través
del trabajo’. Catorce monjas que estábamos dentro acordamos hacer una
grabación con canciones patrióticas tibetanas. Le pedimos un radio
cassette a una de las presas comunes, y compramos las cintas en el
camino hacia el invernadero donde trabajábamos.”

“Fuimos
descubiertas y condenadas de nuevo. A mí me añadieron cuatro años más
de prisión, y además esta vez las condiciones eran todavía más duras.
Nos obligaban a hacer entrenamiento físico militar, y nos golpeaban si
no podíamos aguantar. Una monja fue acusada de no esforzarse en el
entrenamiento, le golpearon tanto que la tuvieron que llevar al
Hospital, donde murió cinco días después con los riñones destrozados
por los golpes.”

“Un
día un guardia vino a buscarme a la celda. Me dice que ya he cumplido
mi pena (9 años) y me puedo marchar. No habían avisado a mi familia,
así que nadie pudo venir a recogerme.”

Volví
a mi pueblo, y allí tuve que presentarme ante la policía. Me dijeron
que no podría volver a participar en actividades políticas de ningún
tipo, ni contar nada de lo que había visto en la cárcel. Hay mucha
presión para mí y mi familia, así que finalmente en el 2006 decido
exiliarme en India.”

“Hace
3 meses que no sé nada de mi familia en Tibet. La última vez que hablé
con ellos, me dijeron que no les llamara en algún tiempo, porque la
policía estaba monitorizando las llamadas.”


Edición, maquetación, ladillos y destacados: P. Llop (Redacción Bottup)

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Sobre el autor

2 Comentarios

  1. Anónimo 15/09/2008 en 21:39

    Para más información (en inglés) …
    Tibetan Envoy Magazine
    http://www.guchusum.org/Default.aspx?tabid=63

  2. Anónimo 12/09/2008 en 3:48

    Espectacular
    Genial reportaje. Laaargo laargo, me hubiese gustado leerlo en papel, por ejemplo, en un dominical, está francamente bien y me ha descubierto realidades que, aunque casi todos podríamos intuir, estaban más ocultas que nunca tras los fastuosos juegos. Magnífico contrapunto al boato de las olimpiadas.
    Mis felicidades a los autores!! :-)

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