Domingo 04 de diciembre de 2016,
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Las páginas de los diarios

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Las páginas de los diarios que entristecen a todo el mundo, y nos hablan de episodios violentos en los centros educativos, causando alarma social y falta de convivencia entre las personas

Y es que esta violencia, muchas veces, parte del propio hogar familiar, donde los padres se insultan, se violentan y terminan por agredirse delante de sus propios hijos: están éstos tomando mal ejemplo, mala medicina… para curar la violencia que albergan en su interior, y que hace que el desarrollo moral, social y emocional de los jóvenes caminen por senderos donde la luz moral está olvidada, y los sentimientos duermen el sueño eterno.

El “Yo soy yo y mi circunstancia” que dejó escrito José Ortega y Gasset –Meditaciones del Quijote (i, 322), 1914–, es vigente a día de hoy, donde nuestras vidas, vivencias y costumbres están impregnadas siempre de violencia.

Partiendo de la base de que ‘la violencia engendra violencia‘, ésta también está presente en los campos de fútbol. Y es que el entorno en que vivimos es violento al cien por cien

Y ahora, por si fuera poco todo esto, se está fomentando la agresividad en nuestras aulas de enseñanza juvenil. El principio de autoridad de los profesores –que siempre existió en las escuelas de primera enseñanza– está tirado por los suelos, y los alumnos lo saben. Aquéllos –trabajando y enseñando– sirven de valladar entre los muchachos/as y sus respectivos padres, pero ganando el pan nuestro de cada día con su salario: el salario del miedo.

Partiendo de la base de que ‘la violencia engendra violencia‘, ésta también está presente en los campos de fútbol. Y es que el entorno en que vivimos es violento al cien por cien. Porque ninguno de nosotros ponemos en duda que existe violencia en el fútbol. Y muy grande y profunda violencia. Cuántas veces comprobamos la expulsión de los campos de fútbol de adiestradores –entrenadores–, que insultan a los árbitros y levantan, a veces, brazos amenazadores de venganza y malos modales. Y es que no tienen señorío hablando, ni tampoco actuando, tal y como lo vienen haciendo con harta frecuencia.

Otras veces visionamos por televisión o comprobamos en el propio terreno de juego verdaderas batallas campales sobre el césped. Les recuerdo, a unos y a otros, que la prudencia es un arte y como tal tenemos que aprenderla para practicarla. Vayamos al fútbol, señores y señoras, pero a disfrutar de su magia (al que no le agrade el balompié, pues… ¡que no vaya!), de su entretenimiento, de su emoción y fuerza, de su incertidumbre… en cuanto al resultado. Hoy se gana, mañana se pierde: es ley de vida. Aquí no ha pasado nada. Además, sin no mienten las estadísticas, cuatro de cada diez españoles tenemos nuestras conversaciones centradas en asuntos del balompié (¿interesa la política?, entiendo que muy poco). ¡Seamos generosos!, aunque la riqueza huya de nuestras manos. El pueblo español se conforma con poco: un amor, un amigo/a, un libro… Bueno, ¡que no nos quiten el fútbol! Es el pan nuestro de cada día. Pienso y reflexiono, ¿qué seré yo? ¿Hombre rico, hombre pobre? ¿No será que soy un pobre hombre?

Los escritores de periodismo –idealistas y vocacionales, pues sin vocación no se puede seguir en esta vocación (por profesión)– saben muy bien de la lucha diaria, su lucha –minuto a minuto y segundo a segundo– contra el tiempo: éste último es su principal enemigo. Deben salir a la calle en busca de noticias –claras, concisas y concretas–, a fin de confeccionar sus periódicos: prensa escrita y prensa por Internet; cuando están en posesión de ellas, a la velocidad del rayo, las pasan por sus ordenadores, para posteriormente y mediante un engranaje perfecto –redactores, correctores, etc.– llevarlas a las rotativas, que hacen que el periódico (cada veinticuatro horas) las pongan en las manos de los lectores. Rapidez y veracidad: dos claves difíciles de compaginar y que ellos –los escritores de diarios– las llevan a cabo con la mejor de la ilusiones y salvando múltiples contratiempos.

La televisión ejerce sobre nosotros un poder colosal, quizá como dice Karl Poppe (filósofo), el “más importante”. Uno piensa que ella haya sustituido a la voz de Dios

Ahora el turno le toca a la televisión: la caja tonta. Este simpático aparato nos aprisiona. Es el medio de comunicación que llega a alcanzar mayor difusión, y lo ve casi todo el mundo. Ver y oír: he aquí el milagro. Os confieso, y con sinceridad, que muchos de los programas emitidos hoy por hoy llegan a dormirme. La ‘tele’ acarrea ventajas y desventajas, pero nosotros debemos controlar este aparato maravilloso…, que uno visiona imágenes cinematográficas o televisivas, siempre, claro está, desde un punto de vista técnico y crítico: podemos y debemos decir que el mundo está al alcance de la mano…

Y, sin embargo, la televisión ejerce sobre nosotros un poder colosal, quizá como dice Karl Poppe (filósofo), el “más importante”. Uno piensa que ella haya sustituido a la voz de Dios –el Dios de todas las religiones–, y que tres plagas se ciernen sobre la ‘caja de las sorpresas’: violencia, sexo y sensacionalismo. Y por este orden. La polémica mundial hacia la pornografía –que no hacia el erotismo– ha girado siempre en torno a todo aquello que induce al crimen, al delito sexual, a la conducta antisocial de la persona… Debe haber permisividad hacia la conducta humana, hacia el cine, televisión, pero hasta esa frontera que separa el bien del mal. Vaclav Havel (político y dramaturgo) dejó escrito: “La tolerancia empieza a ser una debilidad cuando el hombre comienza a tolerar cosas intolerables, cuando empieza a tolerar el mal”. “Desgraciadamente no hay computador ni matemático que pueda fijar la frontera (…)”.

Muy acertadamente dejó escrito Manuel Jara -periodista-: “Desconozco si a Pascual Serrano le dijeron aquello que una vez me dijo a mí uno de los peces gordos de El País cuando le regalé sendos ejemplares de Traficantes de salud y Conspiraciones tóxicas: “Los libros son para eso para dar caña (…) pero nosotros no tenemos por costumbre tirar piedras sobre nuestro tejado”. Es evidente que los editores de El País no estaban presuntamente interesados en los aludidos libros, y, si daban a entender que no publicaría nada que fuera contra sus intereses económicos. Pero, gracias a Dios, existe un periodismo de investigación en España que pone los puntos sobre la ‘íes’ cuando hay que ponerlos… Con la información no se debe ni se puede traficar.

Puede que lo leyese en algún periódico, que lo viese por la tele, que lo escuchase por la radio, que se abriesen mis ojos por la Internet, o, por otro lado, que fuese producto de mi imaginación: ¡ya no lo sé, amigos míos! Sea como fuese, he aquí la noticia:

“El ojo hecha lágrimas llenas de dolor por las tres jóvenes desaparecidas, quizá las encuentren pronto…”, así reza este titular. Y sigue describiendo los hechos acecidos:

Existe un periodismo de investigación en España que pone los puntos sobre la ‘íes’ cuando hay que ponerlos… con la información no se debe ni se puede traficar

No puedo evitar soñar porque vivir quiere decir soñar, soñar hasta que despertamos… al renacer de nuestras vidas. Mas en los sueños no hay distinción entre los pobres y los ricos, entre los negros y los blancos, entre los religiosos y los no religiosos, entre los que aman y no son amados… porque, en definitiva, todos logramos tener sueños que pudieron ser realidad… alguna vez.

Tres jóvenes habían desparecido… Sandra, Tamara y Jessica salieron el viernes a las 23.00 h, como todos los viernes, con el propósito de tomar unas copas con sus amigos. Llevaban sus neceseres en orden: barra de labios, píldoras anticonceptivas, globos protectores para el instrumento… –pues no es más que un instrumento, más grande o más pequeño, pero instrumento al fin y al cabo– procreador masculino, DNI y 50 euros. Paró un coche con conocidos. Les dijeron los tres del coche: “¡Subid! ¿A dónde vais?”. “A dónde vayáis vosotros”, contestaron.

Los jóvenes les comentaron que lo iban a pasar muy bien. Que sabían de un buen rollo y gratis. Corría el vehículo a gran velocidad, y del interior salía música estridente a toda pastilla. Sobre las 23.55 h, después de atravesar una arboleda semicircular llenas de hojas verdes, llegaron a un enorme hangar, se bajaron y subieron a un ascensor que bajó. Se abrió la puerta, y en una antesala el camarero les sirvió a todos una especie de vermú con aceitunas, caviar, salmón ahumado… Les indicó que se pusiesen unos pasamontañas negros autoadhesivos. Al poco las jóvenes acompañantes se esfumaron.

Sandra me narró lo anterior, quien en compañía de las otras dos muchachas también desapareció. Mi pareja sentimental y yo fuimos en un taxi con cristales oscuros. Con los ojos sellados con esparadrapo, y con nuestros relojes parados y sin pilas. Nos llevaron a una sala semicircular, y en el centro aparecieron tres jóvenes completamente desnudas. Podrían tener entre 17 y 22 años, pues la hermosura de sus cuerpos así lo denotaba. Bailaban dentro de un aturdimiento de movimientos. Aparecieron tres hombres maduros –que ocultaban sus rostros con pasamontañas de tela fina negros–, que sodomizaron a las tres jóvenes, llevando a cabo toda clase de sevicios sexuales. Desgarradores gritos salían de las gargantas de las tres infelices muchachas.

Los que estaban sentados en el salón y proscenios consumían cocaína, esnifándola por sus narices. Mi pareja y yo abandonamos el recinto ante tal salvaje espectáculo, volviendo en el mismo taxi que llegamos, y con los ojos bien tapados.

A los pocos meses apareció en prensa que “tres jóvenes habían aparecido muertas, con indicios racionales -corroborados por el forense-, de haber sido violentadas sexualmente”. Me dijo mi pareja sentimental que debíamos denunciar lo que presenciamos. Le contesté que poco o nada podíamos notificar: denunciar el lugar en que estuvimos y que desconocíamos, nuestros relojes –ya sin pilas– se pararon a las 23.05 h, y todos los presentes se hallaban con rostros tapados, así como aquellos insaciables enfermos hombres maduros, que protagonizaron el espectáculo macabro. Al final, acudimos a la Policía… Éste fue mi primer sueño que… pudo llegar a ser una realidad. Mas tarde, y así lo pensé, llegué a la conclusión de que el narrador que todos llevamos dentro, había descubierto una de las muchas ‘historias para no dormir’.

Efectivamente es una historia de ficción, cuento, leyenda, invención, fantasía, sueño… o realidad de algún hecho delictivo trágico, que ocurrió en tierras españolas en el año (?), cuyo/s autor/es no fueron aún puesto/s a disposición de los tribunales de justicia españoles. ¡Vaya usted a saber…!

Mi segunda historia es, sin duda, una historia de amor. Ese amor que convive con nosotros todos los días del señor y que nos hace entusiasmarnos, querernos, amarnos, volvernos locos, disgustarnos, y, al final, sentirnos terriblemente nerviosos cuando llegamos a conseguirle. Porque el amor es algo maravillo que nos hace vivir, y vivir quiere decir soñar.

La Coruña, 21 de mayo de 2011
Mariano Cabrero es escritor


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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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