Viernes 26 de mayo de 2017,
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Lenguaje y burla

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Una vuelta de tuerca al leguaje y a la política actual basándose en la cultura de siempre y unas gotas de humor para sobrevivir.

Este es un artículo de Opinión


De nuevo y como “el Jueves” que salía los miércoles, aparezco yo este jueves que veréis el viernes. ¿Truco? No, no hay truco; sólo palabras. Ya sabéis que siempre me interesaron las teorías del lenguaje y hoy seguiremos viendo palabras; su significado, su sentido, su perversión.
Nuestros referentes culturales, aquellos antiguos adoradores de Hélade, consideraron que al nivel máximo de perfección se llegaba cuando los héroes, ensalzados primero por Homero, alcanzaban aquello que los romanos llamaron después virtud: la areté.

La excelencia, sólo alcanzada cuando nuestro héroe dedicaba aquélla, no al adorno de su indigencia natural como individuo, sino como un componente de la sociedad a la que servía y que, además, requería fueran comunicadas sus acciones; dicho por alguien. Aquí, ahora, viene el truco actual de nuestra política; los combatientes se aprestan a la lucha y, el más sagaz de los dos piensa que si sólo uno de los dos tiene quien relate sus hechos habrá vencido porque nadie conocerá la virtud de su oponente. Los medios de comunicación, antes fue la calle, son míos. Esa es la meta.

 

Hemos visto la desigual batalla de dos fuerzas políticas, en cuanto a sus medios que no de su porción de verdad, de relatar los hechos. Por ejemplo, unos modestos policías relatan los privilegios de un notable preso, no notable preso: paseos por los pasillos en un hospital (que no es el de los habituales reos con problemas médicos), cafelitos con el médico que amoroso le cuida y más amorosa novia que vive día y noche con el amado gudari, ejercicios de musculación con documentación fotográfica para The Times y otras menudencias que cualquier preso tiene a su disposición en nuestras cárceles. Esto no serían, según mi teoría, privilegios, si no fueran dichos por alguien; luego, lo que hay que hacer, es palidecer lo dicho al máximo y hacer oír tu voz de autoridad diciendo lo contrario: “El preso no tiene privilegio alguno”.

Lo de gudari era una broma porque no se debe llamar así a quien no es guerrero sino despiadado asesino. ¿Qué podríamos decir de él si hasta el desliz de Aquiles arrastrando el cadáver de Héctor fue así juzgado: “… después de que quitó a Héctor la dulce vida, ata el cadaver al carro y lo arrastra alrededor de su compañero querido. Y esto no es bello ni bueno. Tendríamos que hacerle sentir nuestra cólera, pues, en su furia, profana incluso a la insensible tierra.” Si este es el sentir de Homero qué sentiremos los vascos y no vascos de esa guda (guerra) que unos pocos descerebrados racistas imaginaron inventándose un reino y nación que nunca existieron. ¿Qué podemos sentir de este eraile (asesino) que no saldrá de su holgada huelga si no se aceptan sus condiciones después de arrastrar sus peores palabras al rededor de los amigos de sus víctimas?

 

El “inefable mentiroso del Reino”, ministro de la cosa, medita si aceptará salir de prisión poniéndole una limusina a la puerta del hospital. Puestos a decir una imaginaria solución, para esta enferma sociedad que permite tales desatinos, permitid esta licencia legislativa pues pienso que una sola ley evitaría los desmanes con que a diario los políticos nos agobian: “Quien mienta al Parlamento o a las Instituciones (al Pueblo ya sería demasiado) no podrá optar en el futuro a cargo oficial alguno siendo desposeído de inmediato del cargo que ostente y de todos sus privilegios”. Es como retroceder hasta Ama Lur (Madre Tierra)… perdona nuestros desmanes que los otros no podrán ser olvidados.

Basta de profetas y santones de la política, demasiado ignorantes para ser poseedores de una mínima areté, pero listos como el hambre para sentir el valor de las palabras dichas que no de la verdad. Si recordamos a nuestro viejo amigo, de anterior charla, Spinoza, no es mal aviso pensar que el fin no justifica los medios ni que unos son los buenos porque son la izquierda o la derecha. Nuestro hijo de expulsados padres de su patria dijo: “No nos gusta algo porque sea bueno sino que llamamos bueno a lo que nos gusta”. ¿Vale ministros?

Vale (adios).

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Sobre el autor

1 comentario

  1. Anónimo 17/02/2007 en 2:53

    No estoy de acuerdo, pero..
    No comulgo con sus ideas políticas, don Ricardo, pero he de admitir que su prosa es excelente. Cuando le leo disfruto por lo segundo y sufro por lo primero, pero me gusta esta dualidad. ¿Seré masoca?

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