Sábado 21 de enero de 2017,
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Lingüística para nacionalistas (I)

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De la génesis y el desarrollo del lenguaje



Opinión





Siguiendo los pasos, entre otros, de Aristóteles (Ética a Nicómaco) y de Fernando Savater (Ética para Amador), con la primera entrega de esta ‘Lingüística para Nacionalistas’ inicio la redacción de una serie de textos breves, relativos a cuestiones lingüísticas. Con ellos, me dirijo a todos aquellos que sufrimos y soportamos la “ingeniería” lingüística de los nacionalistas que nos han gobernado o nos gobiernan, para desenmascarar las arbitrariedades, los atropellos y las injusticias que se cometen en nombre de la “nación”, de la “tierra”, de la “lengua propia” y de la “identidad” catalanas.

Me dirijo a todos aquellos que sufrimos y soportamos la “ingeniería” lingüística de los nacionalistas que nos han gobernado o nos gobiernan

En las tierras de Cataluña (…) no ha germinado, ni crecido, ni madurado ninguna lengua propia, como no podía ser de otra forma. La tierra sólo propicia la aparición de cierta flora y de cierta fauna, incluida la humana.

El ente ‘Cataluña’ no es ni puede ser el depositario, ni el receptáculo de la “facultad del lenguaje” y, por lo tanto, no puede tener y, menos aún, utilizar una “lengua propia”

En esta primera entrega de ‘Lingüística para Nacionalistas’, abordaremos la cuestión de la génesis y el desarrollo del lenguaje. Esto nos permitirá poner en tela de juicio la noción y la etiqueta de “lengua propia de Cataluña”, utilizada profusamente por la casta política catalana e incluso en los textos legales.

En futuras entregas, analizaremos otros aspectos importantes de la realidad sociolingüística, demolingüística y educativa de Cataluña,  siempre desde la óptica de las aportaciones de la ciencia del lenguaje, la lingüística. Por eso, en las próximas semanas, hablaremos de las “funciones del lenguaje”, de los “distintos grados de competencia lingüística”, de la “inmersión” como metodología de enseñanza-aprendizaje del catalán y como instrumento de ‘normalización’(?) lingüística, de las políticas de “normalización lingüística”, de la “educación bilingüe”, del “fracaso escolar”, de la “muerte y desaparición de las lenguas”, del “mercado lingüístico global”, de los “prejuicios nacionalistas sobre la presencia del castellano en Cataluña”,etc.

A pesar de que Rabelais haya escrito que “le rire est le propre de l’homme”, a pesar de que ciertos etólogos hayan afirmado que lo que diferencia al hombre de todos los otros seres vivos es su capacidad de tener comercio carnal “any time, any where”, lo que realmente singulariza al ser humano es el “lenguaje”, es decir su capacidad de comunicar con otros seres humanos por medio de los sistemas de signos llamados “lenguas naturales”.  Se trata de una facultad “innata”.

En efecto, según los biólogos, todo recién nacido posee en su bagaje genético el o los gen(es) que le va(n) a permitir aprender y utilizar una o varias lengua(s) natural(es). Por otro lado, se trata de una capacidad “en potencia” o “virtual”. Por lo tanto, se debe desarrollar y, para ello, son necesarios dos soportes: un “soporte social” (el recién nacido debe crecer y desarrollarse en el marco de una comunidad humana, en el seno de la cual tendrá los contactos lingüísticos necesarios); y un “soporte fisiológico o somático” sano (el recién nacido no debe padecer ninguna malformación o enfermedad en los llamados “órganos de la palabra”).

Finalmente, el “lenguaje”, como los yogures, es una facultad con fecha de caducidad. Por lo tanto, debe desarrollarse en los primeros años de vida del recién nacido. Sin estos dos soportes y sin este imperativo o limitación temporal, la facultad del lenguaje no llegará a desarrollarse o se desarrollará mal. Pensemos en el niño sordo, que será mudo; pensemos también en el héroe de la película de F. Truffaut, “L’enfant sauvage”(1970), que no aprenderá tampoco a hablar. Estos niños no pueden desarrollar la facultad del lenguaje (es decir no pueden aprender a hablar las lenguas naturales), ya que han sido privados, en los primeros años de vida, de los contactos-soportes necesarios, ya sea por el silencio (cf. niño sordo, que será un niño sordo-mudo), ya sea por la soledad (cf. el “niño salvaje” de F. Truffaut).

Es una verdad de Pero Grullo (aquél personaje de leyenda urbana del pasado que a la mano cerrada llamaba puño) que, a pesar de que  todos los seres humanos nazcan con la “facultad del lenguaje”, no todos los hombres hablan la misma lengua. En efecto, la “facultad del lenguaje” no se manifiesta de la misma forma en todos los seres humanos, sino que se cosifica en una gran diversidad de lenguas.

A pesar de estar ya en el siglo XXI, no se conoce con exactitud el número de lenguas habladas en el mundo. Se suele avanzar la cifra estimativa de unas 6.000 lenguas.

De esta exposición liminar de ciertos rudimentos de la “ciencia lingüística”, podemos extraer y deducir  una serie de consideraciones y conclusiones, que permiten poner en tela de juicio y desenmascarar el discurso partidista, parcial, interesado y desinformador de los “nacionalistas” de acá y de acullá:

1. En las tierras de Cataluña (“els Països Catalans”, para los nacionalistas), no ha germinado, ni crecido, ni madurado ninguna lengua propia, como no podía ser de otra forma. La tierra sólo propicia la aparición de cierta flora y de cierta fauna, incluida la humana. 

2. Precisado esto, en las tierras de Cataluña conviven seres humanos, venidos de todos los horizontes peninsulares y del mundo que, impelidos por el o los gen(es) del lenguaje, han creado unas lenguas o sistemas de signos para relacionarse y comunicarse con los demás. 

3. Por lo tanto, no se puede hablar de “lengua propia de Cataluña”, ni tampoco de “lenguas propias de Cataluña”. El ente “Cataluña” no es ni puede ser el depositario, ni el receptáculo de la “facultad del lenguaje” y, por lo tanto, no puede tener y, menos aún, utilizar una “lengua propia”. 

4. Los que poseemos la “facultad del lenguaje” y, por lo tanto, tenemos una “lengua propia” somos los seres humanos que vivimos y trabajamos en Cataluña, como definió J. Puyol a los catalanes. De ahí que los habitantes de Cataluña no tengamos una lengua propia única, sino una “diversidad de lenguas propias”, según  el origen y el ecosistema en que hemos vivido tanto en Cataluña, como fuera de ella. A las dos lenguas propias (castellano y catalán) de las dos partes más numerosas de la comunidad lingüística catalana, se deben añadir, por lo tanto, las lenguas propias de los nuevos catalanes (unas 100 lenguas diferentes, según un reciente artículo periodístico), producto de los últimos y constantes movimientos inmigratorios.

Los que poseemos la “facultad del lenguaje” y, por lo tanto, tenemos una “lengua propia” somos los seres humanos que vivimos y trabajamos en Cataluña

“El hombre se comporta como si fuera el forjador y el dueño del lenguaje, cuando es éste, y lo ha sido siempre, el que es señor del hombre” (Martín Heidegger)

5.  A pesar de lo expuesto “supra”, en los textos legales y normativos (por ejemplo, Estatuto de 1979, Ley de Política Lingüística de 1998, Estatuto de 2006), así como en el discurso de los políticos nacionalistas, se utiliza siempre el sintagma “lengua propia” de Cataluña para calificar la lengua catalana. Este uso del calificativo “lengua propia” es un uso inapropiado, inadecuado, interesado, manipulador y torticero de los guardianes de las esencias nacionalistas.   

6.  Lo grave y transcendente no es que los nacionalistas tilden de “lengua propia” de Cataluña sólo al catalán, manipulando y tergiversando la realidad, y cerrando los ojos a las aportaciones de una ciencia, la lingüística. Lo grave y transcendente son las implicaciones y las consecuencias sociales, culturales, educativas, laborales, económicas, etc., de la arbitrariedad de tal calificativo, para los ciudadanos que vivimos, trabajamos, estudiamos, etc., en Cataluña.

Ahora bien, esto será materia de próximos análisis y reflexiones, que enmarco dentro de la precitada “Lingüística para Nacionalistas”. 

Coda: “Tenemos que dejar de pensar si nos negamos a hacerlo en la cárcel que es lenguaje” (Friedrich Nietzsche). “Los límites de mi lengua son los límites de mi mundo” (Ludwig Wittgenstein). “El hombre se comporta como si fuera el forjador y el dueño del lenguaje, cuando es éste, y lo ha sido siempre, el que es señor del hombre” (Martín Heidegger). “El hombre no existe previamente al lenguaje, ni como especie ni como individuo” (Roland Barthes). Citados por Steven Linker (2007), El mundo de las palabras, Paidos, Barcelona, p. 188.)




Manuel Ignacio Cabezas González.
Profesor titular de lingüística de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Militante de UPyD.




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