Domingo 28 de mayo de 2017,
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Lingüística para nacionalistas (II)

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De las lenguas naturales y sus funciones


Opinión



Como decíamos ayer, el “lenguaje” es lo que singulariza al ser humano. Se trata de una facultad innata y virtual, que debe ser desarrollada en los primeros años de vida del recién nacido. Para ello, debe contar con un soporte social y con un soporte somático o fisiológico sano. En caso contrario, la facultad del lenguaje no se desarrollará o se desarrollará mal. Esta facultad se cosifica en una gran diversidad de lenguas (unas 6.000). Y de todo esto dedujimos que los únicos que pueden tener “lengua propia” son las personas y nunca los territorios.

Establecidos y relacionados los conceptos de “lenguaje” y “lenguas”, hoy vamos a ir un poco más lejos y vamos a responder a las siguientes preguntas: ¿Qué son y para que sirven las lenguas naturales? ¿Para qué las utilizamos? ¿Qué función desempeñan en una determinada comunidad lingüística?

Para responder a estos interrogantes, acercaremos, de nuevo, nuestros labios a las fuentes de la lingüística, para aplacar y saciar nuestra sed de saber y de comprender.

“¡Qué irónico es que precisamente por medio del lenguaje un hombre pueda degradarse por debajo de lo que no tiene lenguaje!”

En efecto, Cataluña, por poner un ejemplo paradigmático, es el mundo al revés, es la cara nocturna, malvada y perversa del Doctor Jekyll

Han utilizado la cuestión lingüística, que no plantea ningún problema en la sociedad catalana, como un arma de lucha política y de conquista y monopolio del poder


 A. ¿Qué son las lenguas?

Como ha quedado demostrado en la primera entrega de esta “Lingüística para Nacionalistas”, las “lenguas naturales” son, según el padre de la lingüística moderna, F. de Saussure, el producto, la manifestación, la materialización de la “facultad del lenguaje”.  Se podría decir que, entre el lenguaje y las lenguas, se establece la misma relación que existe entre el fuego y el humo: sin fuego, el humo no puede existir; sin la facultad del  “lenguaje” no habría “lenguas”.  Además, como complemento de lo anterior y siempre según el lingüista de Ginebra, las lenguas naturales son un “producto social” y no un producto de la “terra”, como pretenden los nacionalistas. Por eso, las lenguas como producto social son fruto de un pacto o compromiso o acuerdo, adoptado por un grupo humano, para hacer posible y facilitar la vida en sociedad. 

Por lo tanto, las lenguas naturales surgen y están presentes, desde el momento en que los seres humanos empiezan a vivir juntos, como una necesidad vital, como una herramienta que lubrifica la vida en sociedad y que propicia la construcción social. Sin esta herramienta, ni la organización social, ni el progreso cultural, científico y técnico no se hubieran producido. Así pues, nos encontramos ante uno de los elementos fundacionales de la vida social humana y, podríamos añadir, ante la columna vertebral de la misma.  

B. Funciones de las lenguas


El psicólogo austriaco K. Bühler fue el primero en hablar del funcionamiento de la comunicación humana y de las funciones del lenguaje. Retomando sus investigaciones, el lingüista ruso R. Jakobson, otro de los “progenitores alfa” de la lingüística moderna, las completó y las precisó, en el ensayo de 1960, ‘Lingüística y Poética’.  Según este lingüista moscovita, para que la comunicación humana funcione, es necesaria la presencia simultánea de 6 elementos o factores: un emisor que produce y envía mensajes a un receptor, que los recibe y los descodifica; unos referentes o contextos, sobre los que versan los mensajes; un canal, que permite establecer y mantener la comunicación, y transportar los mensajes del emisor al receptor; y un código o lengua, que debe ser común al emisor y al receptor. 

A cada uno de estos factores de la comunicación, siempre según R. Jakobson, corresponde una función lingüística diferente (emotiva, poética, conativa, fática, comunicativa o referencial y metalingüística). De todas estas funciones, la función predominante y fundamental es la función comunicativa o referencial, porque estadística y pragmáticamente representa el cometido esencial de la mayor parte de los mensajes que circulan entre los interlocutores (cf. V. Mathésius, lingüista checo del Círculo Lingüístico de Praga). 

Según la “función comunicativa o referencial”, las lenguas naturales son principalmente instrumentos o medios que sirven para comunicar, i.e. para intercambiar información en el seno de una determinada comunidad humana. Dicho con otras palabras, las lenguas naturales son utensilios que permiten a sus usuarios entrar en relación los unos con los otros y que aseguran el comercio verbal y la comprensión mutua. Para conseguirlo, emisor y receptor, como ha quedado dicho “supra”, deben imperativamente conocer y utilizar la misma lengua.



Esto es lo que dice esa joven ciencia llamada ‘lingüística’ (“la ciencia del lenguaje y de las lenguas naturales”) sobre el funcionamiento de la comunicación humana, sobre las lenguas naturales y sobre su función (i.e. uso, empleo, finalidad) prioritaria y fundamental. Ante estas evidencias científicas, puestas de manifiesto por la lingüística, sólo nos queda formular una nueva serie de consideraciones y extraer unas conclusiones para continuar desenmascarando el discurso y los comportamientos nacionalistas:




1. El progenitor de la lingüística, F. de Saussure, afirma con toda nitidez que las lenguas son “productos sociales”, resultado de la vida en común de unos seres humanos determinados. Por lo tanto, desde esta concepción de lo que son las lenguas naturales, se puede y se debe hablar “de la lengua o de las lenguas propias de los habitantes de Cataluña”, pero nunca de “las lenguas propias de Cataluña” y todavía menos de “la lengua propia de Cataluña”.  En efecto, desde el punto de vista lingüístico, la “terra” de Cataluña es estéril, yerma, infecunda, machorra. Los únicos que son portadores de los óvulos y de los espermatozoides, que hacen posible la concepción y el nacimiento de las lenguas, son los seres humanos, que viven y trabajan en Cataluña (así definió J. Pujol, en su día, a los catalanes). Y en Cataluña, son estos portadores de la facultad del “lenguaje” los que han creado y tienen “lenguas propias” diferentes (castellano, catalán y otras 100 lenguas). 




2. La comunicación sólo puede  establecerse y funcionar si se produce una presencia simultanea de los 6 factores precitados y, en particular, si el emisor y el receptor utilizan una lengua común, R. Jakobson “dixit”.  En la sociedad catalana ordinaria, en la que las dos partes mayoritarias de la población utilizan el castellano y/o el catalán, los locutores ajustan, en general  -automáticamente y sin ningún problema- el tipo de lengua utilizada, al interlocutor que tienen enfrente.  En este comportamiento, prima el éxito de la comunicación y éste está por encima de cualquier otra consideración.

Esta conducta denota, por parte de los interlocutores catalanohablantes o castellanohablantes, un respeto escrupuloso de una de las reglas más elementales de educación lingüística: utilizar siempre la lengua común, conocida por los interlocutores. Es decir, en la sociedad catalana ordinaria se practica y se vive  -sin problemas, ni traumas, ni complejos- el denominado “bilingüismo funcional”, sobre el que se basa y fundamenta la paz y la armonía social en Cataluña. Sin embargo, en situaciones de comunicación más formales e institucionales (entrevistas y debates en medios de comunicación, sistema educativo, organismos oficiales e instituciones varias,…), se ha impuesto, “manu militari”, el “monolingüismo” de la llamada impropiamente “la lengua de Cataluña”, el catalán.

Al proceder así, los talibanes lingüísticos no sólo violan una de las reglas de educación lingüística, de la que depende el éxito y  la eficacia de la comunicación: utilizar la lengua del interlocutor, si éste no conoce la tuya o si tiene una competencia deficiente; además, desechan y desprecian una de las aportaciones de la lingüística, relativa a la función prioritaria y fundamental de las lenguas: hacer posible el comercio lingüístico y el intercambio de información.   Así, en aras de intereses y objetivos espurios, identitarios, esencialistas y partidistas, estos talibanes lingüísticos no tienen inconveniente en servir de ejemplo arquetípico  para ilustrar y demostrar lo acertado de este pensamiento de Kierkegaard, que viene como anillo al dedo: “¡Qué irónico es que precisamente por medio del lenguaje un hombre pueda degradarse por debajo de lo que no tiene lenguaje!”.




3. Para R. Jakobson y para los lingüistas, las lenguas naturales son puentes entre los seres humanos; son, como escribió J. Russell Lowell, “las abejas que llevan el polen y el néctar de una inteligencia a otra”; son los instrumentos que permiten que la información fluya y circule entre los miembros de una comunidad humana determinada; son la vaselina que lubrifica la vida social; son la argamasa que cimenta y cohesiona las sociedades humanas… Esto es una evidencia incontestable, un lugar común y una de las aportaciones de la lingüística moderna.

Ahora bien, cuando se vive y se trabaja en las mal llamadas “comunidades con lengua propia” y que habría que llamar “comunidades bilingües o multilingües”, ya que son sus habitantes (y no los territorios)  los que tienen “lenguas propias“ diferentes, uno no tiene más remedio que constatar que habita en un mundo que no responde ni a la lógica ni a los dictados de la razón, del sentido común y de las aportaciones de la lingüística. En efecto, Cataluña, por poner un ejemplo paradigmático, es el mundo al revés, es la cara nocturna, malvada y perversa del Doctor Jekyll. 

En efecto, por un lado, los nacionalistas, que han monopolizado el poder desde la Transición, han tergiversado, alterado y prostituido la función natural y originaria de las lenguas naturales en Cataluña. Además, al preconizar e implantar el “monolingüismo” en catalán, con medidas coercitivas y con la “inmersión lingüística”, han violentando el normal y natural sistema de comunicación que existía y existe en la sociedad catalana (“bilingüismo funcional”). En fin, han utilizado la cuestión lingüística, que no plantea ningún problema en la sociedad catalana, como un arma de lucha política y de conquista y monopolio del poder, como un instrumento de división, de discriminación, de marginación,… de la mayor parte de la sociedad catalana.

Las implicaciones y consecuencias de “este café para todos”, de este “monolingüismo en catalán” son harina de otro costal y serán objeto de otros análisis y de otras cogitaciones en las próximas entregas de esta “Lingüística para Nacionalistas”.



[Coda: “Quien no quiere razonar es un fanático, quien no sabe razonar es un tonto y quien no se atreve a razonar es un esclavo” (W. Henry). “El hombre es tantas veces hombre cuanto es el número de lenguas que ha aprendido” (Carlos V)].

Manuel Ignacio Cabezas González.
Profesor titular de lingüística de la UAB.
Militante de UPyD
 




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1 comentario

  1. Anónimo 01/02/2010 en 13:40

    es una tema magnifica

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