Viernes 09 de diciembre de 2016,
Bottup.com

Lleva vivo trescientos años y es un árbol

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Cuando a un árbol se le cataloga de ‘singular’ es porque en él hay algo de excepcional. A veces porque lleva ahí toda la vida, al menos la totalidad de la existencia de los que aún lo disfrutamos, y dos o tres vidas más de otros que se llevaron su recuerdo

Otras veces lo extraordinario no es su longevidad sino su imponente porte: la altura de su copa, el diámetro de su tronco o la belleza de su conjunto.

También hay ocasiones en que a un árbol lo vuelven singular las relaciones que con él ha establecido el ser humano a lo largo de la historia. Porque hay árboles bajo los que tradicionalmente se ha impartido justicia, o se han tomado decisiones asamblearias, o se han celebrado bailes, fiestas y procesiones, o, en un ámbito más íntimo, se han buscado y encontrado los amantes palpándose la corteza de sus cuerpos al amparo de la epidermis del árbol.

Por eso cada vez que salgo al monte busco los árboles singulares. Hoy me toca el haya de Ortigosa de Cameros, en La Rioja.

Es un pueblo serrano hermoso. Trepa por las laderas de un barranco que parte en dos el río Albercos y en las dos márgenes hay casas. Las une un viaducto, espectacular por la altura que salva, de vértigo; nace el puente en la iglesia de San Miguel y termina en la de San Martín; de templo a templo, que dan nombre a cada uno de los barrios.

Las veces que he visitado Ortigosa tengo la sensación de haberme encontrado siempre con paisanos acarreando y ordenando leña. Aquí los inviernos son duros y cuando el frío se mete en semejantes casas de piedra cuesta echarlo hasta prácticamente las puertas del verano, y normalmente vuelve a acomodarse en la antesala del otoño. Así que no es raro que los vecinos anden siempre pensando en la leña y en la lumbre. Suelen apilar la madera, cortada en tacos, en los soportales que algunas casas tienen a la entrada.

El almacenamiento es tan perfecto que resulta a la vista una composición armoniosa; como si fuera un mandala, una representación simbólica, no sé si de un macrocosmos o un microcosmos, sí de algo ancestral con aroma a tierra húmeda y a serrín. El olor de la madera me recuerda que busco un haya.

Por la calle del Castillo -que hoy no existe pero quizá existiera- me alejo del pueblo. No sé lo que anduve, pero fue poco. Ahí estaba a la izquierda del camino, sobre un ribazo, portentosa. Si siempre he pensado que la majestuosidad es, entre los seres vivos, patrimonio de los árboles, en este caso ella no tiene parangón; el haya de Ortigosa es paradigma de la grandiosidad, y no sólo por su tamaño. El porte la hace especialmente bella. El tronco y las raíces laterales superficiales conforman una especie de asiento que la primavera lluviosa ha tapizado con una alfombra verde musgo -y no es una metáfora-. Es inevitable sentarse, sentir la suavidad del musgo, apoyar la espalda en la lisa corteza y cerrar los ojos para pederse en el trino de los pájaros.

Ortigosa es un pueblo serrano hermoso que trepa por las laderas de un barranco que parte en dos el río Albercos

Otra tentación irremediable ante un árbol espectacular es intentar abrazarlo. Misión imposible. Sería necesaria una cadena de abrazos para rodear los más de cuatro metros de perímetro del tronco. La altura no llega a tres. Para los aficionados a los números me hago eco de otra de las características morfológicas del haya de Ortigosa de Cameros: el diámetro de la copa proyectada sobre el suelo ronda los 22 metros.

Las mediciones nunca me conmovieron, aunque hay una que sí me hace soñar. Calculan que el haya de Ortigosa podría tener trescientos años. ¡Dios mío, tres siglos viendo pasar la vida! Una vida pastoril, porque ése ha sido el oficio de estas tierras. ¡Para cuántos pastores trashumantes habrá sido referencia su perfecta copa! En noviembre se iban con sus rebaños de unas dos mil ovejas de media a la Extremadura, como dicen ellos, en busca de pastos en climas más suaves y volvían en mayo.

En esos ires y venires el ramaje del haya habrá aliviado con su sombra el esfuerzo de incontables pastores, que en invierno la habrán visto desnuda y cubierta de nieve, y en primavera la habrán buscado como refugio en las tardes de chaparrones y en otoño les habrá hecho abrir los ojos tanto como la boca porque sus ocres, amarillos, marrones y rojizos impresionan al más sereno.

¡Y la de historias que se habrán contado a sus pies¡ La de aquel mayoral -la máxima autoridad pastoril en un rebaño trashumante- que era el mejor de toda la zona en su oficio, o la de aquel viejo mastín que persiguió a los lobos que se llevaron la cordera, o la tristeza del que se va a punto de ser padre pero que tardará meses en conocer a su hijo. Recuerdo que una vez me contaron que en estos pueblos trashumantes los chiquillos nacían todos por las mismas fechas: nueve meses después de la llegada de los pastores trashumantes, que era el oficio de la mayoría de los progenitores.

Dicen que el haya de ortigosa tiene trescientos años y ha servido de referencia y refugio de incontables pastores transhumantes

Hace rato que dejé atrás el haya de Ortigosa, aunque me sigue acompañando su estampa cuando llego a ‘Canto Hincado‘, una gran piedra a modo de menhir -tal vez lo fue- que sirve de mojón para marcar los límites entre Ortigosa y Brieva de Cameros. Para mí es una de las vistas más espectaculares de La Rioja.  Brieva, minúsculo desde la altura, encajonado en el valle, rodeado de montañas, como el Cabezo del Santo. Moles pedregosas con un fuerte sabor telúrico. Y para bajar hasta el pueblo, con sus inmensos rebaños, los pastores trashumantes tallaron en la roca, una a una, a mano, numerosas escaleras, que descienden el desfiladero, y por las que habrán pasado millones de merinas. Un lugar único.

Las peripecias de los pastores, con las ovejas, en aquellas escaleras también las guardará el haya de Ortigosa. Hablar de los árboles puede ser una manera de extender el aprecio hacia ellos y protegerlos. Por eso, desde la fuerza y el alcance que da una red como ésta, invito a que cualquiera tome el testigo y desde cualquier lugar del mundo nos hable en Bottup de un árbol, da lo mismo que sea o no singular, lo importante es que sea todo un árbol.

Fotografías: web del Ayuntamiento de Ortigosa de Cameros

Más información sobre Ortigosa de Cameros en la web de su Ayuntamiento


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