Martes 27 de septiembre de 2016,
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Los cazadores, un ejemplo de sensibilidad

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OPINIÓN / El reciente incendio en Estepona se originó por un descuido de unos cazadores que prendieron fuego para hacer salir de sus madrigueras a unos conejos

Si para vosotros, acosar y acorralar a un animal es signo de ese respeto que juráis que todos ellos os merecen. Si dispararle y rematarle con un cuchillo, o provocar que huya herido, arrastrando su dolor, hasta que la hemorragia doble sus patas y detenga su aliento, es una prueba del amor que decís sentir por ellos. Si condenar a crías a la agonía del hambre tras matar a su madre, si hacer que tantas criaturas abandonen su entorno y deambulen perdidas y asustadas, si ofreceros solícitos cada vez que véis la oportunidad de hacer una ‘limpieza’ de perros y gatos en un ayuntamiento, si exigir que se pueda cazar en zonas protegidas, es señal de unas profundas inquietudes ecológicas que no os cansáis de pregonar. Si pegar un tiro, arrojar a un pozo, ahorcar o arrancar el microchip a un perro escarbando con una navaja para abandonarlo después, es el trato que algunos le dáis a los que llamáis vuestros mejores amigos y compañeros. Si ser responsables de la muerte de docenas de seres humanos en vuestro ansia por abatir una pieza no es más que un fatal accidente…

¿A qué razón obedece el incendio provocado en Estepona al prender fuego para conseguir que los conejos saliesen de sus madrigueras y así poder reventarlos con vuestras armas? ¿Gestión medioambiental tal vez?

Decidme, cazadores: conociendo la naturaleza de vuestras justificaciones, ¿a qué razón obedece el incendio que habéis provocado en Estepona, al prender fuego para conseguir que los conejos saliesen de sus madrigueras y así poder reventarlos con vuestras armas? ¿Gestión medioambiental tal vez?

La respuesta os la voy a dar yo, y lo haré con unas reflexiones vuestras. La primera ha sido extraída de la Página de la Real Federación Española de Caza:

“El verdadero cazador, ama mucho más a los seres vivos y salvajes que la masa media y tierna de sus detractores… La caza está más cerca del amor que de la violencia”.

Y las tres siguientes, corresponden a unos fragmentos literales de conversaciones en foros de cazadores. Como estas, a cientos:

“Yo, si las circunstancias lo permiten suelo hacer otra cosa, suelo pinchar en el codillo y una vez que tengo el acero dentro tiro hacia abajo y le hago un corte bastante grande y a su vez al tener el cuchillo dentro, este va rompiendo todo lo que encuentra a su paso, como pulmones y corazón, esa es mi forma. Es efectiva lo puedo asegurar. Cada agarre es diferente y la ética y la estética no se utiliza en ese momento”.

“Estaba colocado de tal forma que el jabalí me saldría a la vista a unos 3 metros y justo a los pies. Así que quise moverme un par de pasos por si me arroyaba (tonto de mí). Y me escucho y giro, pero le pude pegar 2 tiros por el culo y le parti las patas de atras y le saqué las tripas… Pero el cabrón se tiro por un barranco y quedó abajo aciendo crujir sus colmillos”.

“Para los gatos les pones una sardina dentro de una jaula trampa y cuando le hayas capturado nada de complicarte la vida con sacos ni garrotes ni nada, que escapará. Le sumerges en un recipiente con agua donde quepa toda la jaula y arreglado”.

Sí, sin duda, para vuestros cerebros ávidos de plomo y sangre, amor y violencia son dos cuestiones indisolubles.

Julio Ortega Fraile
Delegado de LIBERA! en Pontevedra
@JortegaFr

Página de interés:
Fin del maltrato animal

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