Viernes 09 de diciembre de 2016,
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Los guiris ya no pican

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la infraestructura de la picaresca, industria nacional

España ha sufrido una caída drástica en el
índice de confianza de inversión extranjera, perdiendo dieciocho
puestos en dicha clasificación, para acabar en el trigésimo quinto
lugar

Opinión

Fue bonito mientras duró. Qué entrañables eran
esos guiris que dando palmas se dejaban sus divisas en territorio
patrio, cuando los trileros les levantaban la cartera con sólo tres
cubiletes y una bolita. Ésa era la infraestructura de la picaresca,
industria nacional, aunque a decir verdad tampoco nos hemos esmerado
mucho desde entonces.

En las dos últimas décadas, gracias a uno de los
principales motores de nuestra bananera economía, la construcción, ha
proliferado una nueva especie en la fauna nacional: los especuladores
inmobiliarios. Estos especímenes autóctonos se han hecho de oro con la
inestimable colaboración de los consistorios nacionales, cuya
proverbial honradez está sobradamente contrastada.

El próximo gobierno deberá
adoptar medidas rigurosas, si no quiere que acabemos siendo sólo un
país de hostelería y prostitución
Si aquí apenas tenemos industria nacional y la
extranjera decide marcharse, podemos acabar con los cartones y poco
más

Además, España ha sufrido una caída drástica en el
índice de confianza de inversión extranjera, perdiendo dieciocho
puestos en dicha clasificación, para acabar en el trigésimo quinto
lugar. Quizá haya tenido algo que ver que nuestro Gobierno, sin querer
y con talante, urdiese asaltar la presidencia del BBVA y legislase ad
hoc contra E.On, tras no poder regalarle Endesa al tripartito catalán.

Tan poco sutil intervencionismo ha provocado que muchos países se lo
piensen dos veces antes de realizar fuertes inversiones en España,
debido a tan flagrante inseguridad jurídica. Lo que el Gobierno quiso
vender como una operación patriótica, sólo fue una burda trama para
regalarle Endesa a la Caixa que, por cierto, perdonó seis millones de
euros al PSC de Montilla. Todo queda en casa.

La economía se nos está viniendo abajo como un
castillo de naipes, con lo a gusto que estábamos todos en Navidad
cenando conejo. La consabida inflación y la caída de la competitividad,
además del anunciado derrumbe inmobiliario (ya lo verás), ha motivado
que nuestros vecinos nos observen con una expectante preocupación.

Si a
tan peligrosa coyuntura le añadimos el extraordinario atractivo
inversor de economías emergentes como China e India, debido a sus bajos
costes de producción, es evidente que el próximo gobierno deberá
adoptar medidas rigurosas, si no quiere que acabemos siendo sólo un
país de hostelería y prostitución. Quizá tendríamos que aprender de
Gran Bretaña y Alemania, que siguen gozando de la confianza extranjera,
pese a que las grandes inversiones están siendo acaparadas por mercados
en vías de desarrollo.


Si aquí apenas tenemos industria nacional y la
extranjera decide marcharse, podemos acabar con los cartones y poco
más. Vienen tan malos tiempos, que incluso la economía del coloso
americano está ofreciendo señales de una extrema debilidad. De hecho,
de nada nos serviría hoy recibirlos con alegría, ni aunque
sustituyésemos a Zapatero por el genial Pepe Isbert, porque sus dólares
ahora valen poco más que las estampitas con que les timábamos.

Sólo nos
queda, entonces, el latrocinio doméstico, pero eso sí, con clase y a lo grande. Una teoría que ya avala hasta el Constitucional, sentando jurisprudencia para que nuestros millonarios se puedan jactar de que en España, los ladrones, somos gente honrada.

*Los artículos de Nodo Libre sólo representan el punto devista de su autor. Bottup es una comunidad de centenares de periodistas ciudadanos con su propio criterio, que la Redacción nunca puede coartar.

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