Miércoles 28 de septiembre de 2016,
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Los hijos de la muerte

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Ser niño se ha convertido en una esclavitud, y de esto no me cabe la menor duda, que se está fomentado más y más cada día que pasa

Lo vemos con nuestros propios ojos: tantas y tantas son las formas de explotación de menores, a saber: trata infantil –de niños/as–, explotación sexual con fines lucrativos, trabajos en minas de la muerte, trabajos en la agricultura, los denominados ‘Niños soldados’ creados como escudos humanos para una muerte cierta, matrimonios infantiles forzosos, esclavitud doméstica por parte de sus propios padres, abusos sexuales cometidos por los últimos, pederastia (cuando el menor tiene 13 años de edad, y da su consentimiento, resulta que el ‘pederasta’ no comete delito alguno), pedofilia… Así se encuentra el Código Penal español. Respeto esta Ley pero no la comparto.

Creo que me quedo corto al enumerar toda la serie de atrocidades que estamos cometiendo con nuestros pequeñuelos. Se pregunta uno el porqué y el cómo son empleados los menores de edad para el tráfico de drogas y estupefacientes, siendo bandas organizadas las que sacan pingües beneficios a costa de los primeros.

Tantas y tantas son las formas de explotación de menores, a saber: (…) ‘niños soldado’ creados como escudos humanos para una muerte cierta (…)

¿Cuántos y cuántos menores son empleados en esta industria que conduce a la muerte cerebral, en un principio? Más tarde llegará la muerte corporal inminente. Lo expuesto últimamente y lo reseñado en primer término, indudablemente, trae aparejado un descenso del índice de escolaridad de los niños/as en edades tempranas: a partir de los 11 o 12 años, respectivamente.

Esto rompe  por completo nuestras bases estructurales familiares internas, amén de llevar a la delincuencia activa a niños y niñas que deberían estar bajo la protección de los Gobiernos –en el mundo entero-, quienes miran hacia otro lado. Cuando estas conductas se siguen contra nuestros pequeños dependientes, sin duda, estamos violando sus derechos humanos. En la Declaración de los Derechos del Niño [1. Proclamada por la Asamblea General en su resolución 1.386 (XIV), de 20 de noviembre de 1959] se estableció lo siguiente: Principio 1,1. El niño disfrutará de todos los derechos enunciados en esta Declaración. Estos derechos serán reconocidos a todos los niños sin excepción alguna ni distinción o discriminación por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento u otra condición, ya sea del propio niño o de su familia.

De lo anterior se deduce que nunca jamás hemos de llevar a cabo experimentos con niños, seres desamparados e inocentes en los primeros meses (por años) de su más tierna infancia. Hoy por hoy existe la Ley de parejas de hecho (entre gays y lesbianas), habiendo sido reconocido –a éstos nuestros hermanos– como ‘matrimonios’, cuando en realidad deberían haberse nombrado como ‘Uniones de contratos sentimentales’, semántica lingüística más exacta. Y digo esto, puesto que ‘matrimonio’ está reconocido por la RAE (Real Academia Española) como ‘Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales’.

Mas la Ley de Adopción de menores –por parte de gays y lesbianas– no estaba aún en vigor en la legislación jurídica española, cuando ejercía sus funciones Cristina Alberdi. La ex ministra socialista de Asuntos Sociales –manifestó, respeto a este proyecto de Ley, lo siguiente (11-12-1994): “…Soy de las personas que creen que lo importante a la hora de adoptar es cómo es la persona, si tiene valores humanos, si va a dar cariño y amor al niño/a, y no la orientación sexual”. “Me parece totalmente razonable, normal y en absoluto perjudicial para los niños”, continuó diciendo. La respuesta no se hizo esperar y el Parlamento Europeo (14-12-1994) se negó a equiparar los derechos de las familias tradicionales con las alternativas, atípicas, con lo que negaba el supuesto derecho de adopción de niños por parte de parejas homosexuales. La decisión no fue vinculante, pero Europa rechazó en pleno la adopción de niños por las anteriores parejas.

Cristina Alberdi se equivocó –del principio al fin– en sus declaraciones, pues hizo prevalecer y primó los derechos del colectivo homosexual sobre los ‘derechos’ del niño/a –la parte más débil–, que de esta manera quedaban desprotegidos. Si este derecho de adopción se llevara a cabo, experimentaríamos con niños y experimentos con niños ¡nunca jamás! deben hacerse.

Es bueno y provechoso practicar una religión… para ir muriendo poco a poco en busca de ese Dios, el Dios de todas las religiones. ¡Qué así sea, amigos míos!

No obstante, los tiempos han evolucionado, y en este sentido, ha de decirse, que España estableció la libertad de adopción por parte de parejas del mismo sexo a raíz de la entrada en vigor de la nueva legislación, el 30 de junio de 2005 (también está permitida dicha adopción en Holanda, Bélgica y Canadá). Respeto la Ley, pero no la comparto. Y en este sentido debo apuntar que –y en distintos libros aparecen–, psicólogos, psiquiatras, educadores de base, etc., han dejado escrito y, por tanto, se puede leer: “…la identidad sexual de los niños suele aparecer alrededor de los tres años, siendo la influencia ambiental y psicológica mayor que la biológica”. Nunca mandaría uno, y al colegio, a un niño/a, que tuviese dos papás o dos mamás. ¿Quién se haría cargo de las consecuencias? Entiendo que… ¡nadie!

El niño, la esperanza del mañana, está siendo maltratado física y psicológicamente en distintas partes del mundo: tenemos ejemplos patentes en China, Brasil, México… Diría uno que en el mundo entero: triste realidad que nos muestran a diario los medios de comunicación, al esclarecer, informar y emplear eso que ha venido en llamarse, y debemos decir que es cierto, ‘periodismo de investigación’.

No hagamos con nuestras futuras leyes más sufrimientos para ellos –los niños–, no hagamos méritos en su contra para que sean llamados ‘hijos de la muerte’. Y ciertamente, nuestros representantes en el Congreso de Diputados hacen que aparezcan leyes para y por lo que se supone han de ser los derechos de los niños/as, pero siempre sin contar con ellos… Mala medicina preventiva para que nuestros hijos sean el día de mañana hombres de buena voluntad y provecho para con los demás, cualesquiera que sea la religión que practiquen.

Es bueno y provechoso practicar una religión…para ir muriendo poco a poco en busca de ese Dios, el Dios de todas las religiones. ¡Qué así sea!, amigos míos.

Mariano Cabrero es escritor

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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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