Jueves 10 de abril de 2014,
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Los hijos de los perros no tienen padre

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CRÍTICA / Relata de manera especial las infortunadas situaciones por las que atraviesan muchas personas cuando se dejan caer en los placeres sexuales, sin ninguna entrega espiritual ni responsabilidad para responder a las consecuencias de estos actos

Esta obra, ‘Los hijos de los perros no tienen padre’, del autor peruano Aldo Miyashiro, pertenece al género narrativo y especie de novela, se les podría considerar como guiones muy elaborados que ya han sido expuestos en el teatro. El subrealismo se denota al inicio, el diálogo presentado hace imaginar al lector unos personajes desnudos, que aparecen como relámpagos, haciéndose escuchar entre gemidos y gritos leves (caracterizados con onomatopellas). Dayamón, un personaje sin suerte, que por ser guapo tiene poco destino con las mujeres, y casi siempre anda rogándole a Nafin un instante de caricias, aunque mesuradas, pero que puedan espantar su soledad.

Adam, el incomprendido, anda a cuatro patas, ladra, pero hace un esfuerzo sobrenatural por ser humano. Hasta en silla de ruedas terminó de tanto imitar el andar humano.

el subrealismo se denota al inicio, el diálogo presentado hace imaginar al lector unos personajes desnudos

Así mismo, ficciones de una estructura poco usual, como darle vida a los abortos, Lemar y Marel y el intruso, viven en el ambiente nauseabundo de unas tuberías. Fueron el desquite de sus padres.

Mientras, Simen, Dayamon y Nafin siempre andan en una constante búsqueda de su sexualidad, pidiéndose entre sí intercambios amatorios. Nafin es la que lleva las tareas del hogar, Simen aprovecha la oscuridad para contemplar la belleza de Nafin, mientras Dayamon la mira escondido.

Luego, aparecen personajes como la esposa de Osos y Osos. Esta mujer, al parecer, padece una leve esquizofrenia, la llaman ‘la loca’. Los diálogos iniciales están basados en una conocida frase que todos mencionan, ‘los 30 días’, que para ellos significa concepción y alumbramiento, la espera de la fémina para la creación de un nuevo ser.

En las siguientes escenas, el autor trata con naturalidad temas eróticos, haciendo actuantes a las partes íntimas de los personajes, como el diálogo del Pene y la Vagina. Esto resulta fructífero e ingenioso, puesto que muestra la actividad que realiza nuestro cuerpo en el acto sexual, pero tocándolo de manera muy sutil. Además, con esta técnica pudo recrear de manera escrita el acto sexual, una cualidad interesante y nueva que el autor inventa, cosas que en el cine se presentarían muy morbosamente.

El saludo inicial del pene de Dayamon y la vagina de Nafin, muestra cómo los órganos genitales se compenetran y actúan de manera exacta, aunque los personajes en sí no sientan amor profundo, pero sí un deseo carnal que les permite desenvolverse en esta acción. Después de ello, Dayamon le dice tener un amor a Nefin, pero ella solo se ríe. Luego Nafin queda embarazada, pero en la obra tratan de insinuar que esta bella mujer ha sostenido relaciones íntimas con Adan y Simen y el actor antes mencionado Posteriormente nace Babel, que es una especie de mostró, ya que tiene una mamá y tres papás.

Este aparece para crear un verdadero conflicto en el hogar. Los tres quieren ser padres, aunque Dayamon siente un amor desconvenible y muy fuerte por Nafin. Ella, que es algo frívola, le pide que se corte la cara. Él se niega, puesto que sin cara nadie sabría quien era y su hijo Babel no le conocería. Ella ríe y duda del sentimiento de Dayamon, Nafin ama mucho a su hijo, tanto que lo abrazo y toma en su regazo con ternura y cariño.

El autor trata con naturalidad temas eróticos, haciendo actuantes a las partes íntimas de los personajes, como el diálogo del Pene y la Vagina

Dayamon reta a un duelo a Adan y Simen. Estos acceden, las navajas empiezan a tener ese sonido de la muerte, Babel grita desconsoladamente: “noooo, por favor, déjenme tener tres papás”, pero la furia fue mayor, y así iban consumando su desgracia. Babel grita, grita y su llanto se pierde en suspiros lentos, y recuerda la promesa que le hizo a su madre de volar. “No lo hagan”, resuena el eco que se lleva el viento de la apagada voz de Babel, que dice en sollozos que le quedan trece minutos de vida, y que ya no volverá a verlos, pero seguirán vivos para él, aunque asegura que ellos ya no lo verán. Así es como se despide.

Los tres actores salen de escena y aparecen los hermanos de Babel. Ellos, que antes habían intentado acercarse a Nafin, pero ésta los había botado. Babel se reúne con ellos, luego entra Nafin y ve a Babel, que está como dormido, y una voz le dice “mamá, voy con mis hermanos”. En seguida, los actores van desvaneciéndose y haciéndose nada, muriendo por actitudes que ellos tomaron. Nafin, perdida, escucha voces de Simen de Dayamon y hasta del perro (Adan) despedirse de ella, quizás porque partían a otros cielos.

El autor de la obra, Aldo Miyashiro, poeta dramaturgo, joven talentoso de 34 años de edad, creador de la ‘Gran Sangre’, confiesa que estudio derecho y periodismo, pero los dejó en el camino. Afirma que el único curso que concluyó fue el taller de teatro de Roberto Ángeles.

Desde la obra ‘No Amarás’ y con mayor eficiencia en ‘Función velorio’, describe seres desgarrados, marginales y mutilados (en todo sentido lucha por la vida demostrándole al público las implicanciones que pueden sufrir sus actos, como en el caso de los abortos).

El estilo y el lenguaje que el autor propone en la obra es metafórico, demostrándo así su sensibilidad

En esta obra podemos ver cuál es el destino de las criaturas que dejamos ir por inconciencia y poca madurez. El estilo y el lenguaje que el autor propone en la obra es metafórico, demostrándose así su sensibilidad. Es idealista y ficticio, pero estos aspectos de la obra sirven para entender el mensaje que quiere trasmitir. Vivimos en una sociedad muy cambiante, muy vana, donde los valores y los preceptos morales son como lemas antiguos que ya nadie pone en práctica. Aunque en la descripción de los seres como Babel y hermanos es demasiado fantasioso y los hace ver como seres antropófagos (alimentación de desecho), una percepción muy exagerada, en el hipotético caso de que existieran.


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