Jueves 08 de diciembre de 2016,
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Los invasores

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Nos creemos todopoderesos y parece que nuestra nave está a punto de naufragar

Tito, el del bar de abajo, dice que aunque hayan encontrado el ‘eslabón perdido’ él no se lo cree, que tuvo que suceder algo más para que la humanidad pasase de “homo-no se qué” o “no se qué-pitecus” a los hombres y las mujeres que conocemos. ¿Unos extraterrestres, tal vez? No es que le de la razón, aunque seguro, que algo de razón tiene.

Si pienso en el mundo que habitamos, en cómo tratamos a los animales, a la vegetación, cómo nos tratamos entre nosotros mismos, está claro que algo de ‘invasores’ tenemos. A estas alturas parece que todavía no conocemos nuestro planeta, que no sabemos que los animales y las plantas estaban aquí antes, que no nos necesitan para nada, que sobreviven, si les dejamos, perfectamente sin nosotros y sin energía nuclear, que saben de qué va esto, que lo huelen, que ellos sí hablan el lenguaje de la Tierra.

Parece que ‘los invasores’ son siempre ‘los otros’: los de ‘ahí abajo’ que nos invaden con sus revoluciones populares y no sabemos o no queremos hacer nada; los que nos invaden gritando que ellos y los suyos también quieren una oportunidad

No sucede lo contrario. Nosotros, también los y las que pertenecemos al maravilloso mundo de la Civilización Occidental, no sobrevivimos sin ellos, no respiramos sin ellos, no olemos nada, creo que ni sabemos el lenguaje que hablamos, ¿entendemos? ¿nos entendemos? Y es que, además, para la Tierra con mayúsculas somos totalmente prescindibles. Pero no importa. La Tierra es nuestra. Nos pertenece con todo lo que hay en ella.

Leyendo a Gary Snyder en una entrevista el otro día, muy ilustrativa por cierto, dice que “los seres humanos no tienen por qué considerarse superiores a los animales. Está abierta la certeza de que ignoramos cuánto saben exactamente los animales”.

Lo hemos intentado domesticar casi todo. Nos creemos todopoderosos, y no lo somos, la Naturaleza nos lo demuestra constantemente en los últimos tiempos; y no solo la naturaleza, en nuestra ‘nave’ parece que todos ‘los sistemas’ se hubiesen vuelto locos: la economía, la política, la Unión Europea, el escenario y el orden internacional… todo vale, y más por un puñado de votos, y entonces, ejercitamos el ‘corro que me pilla’, el ‘esto no va conmigo’, el ‘dónde está mi coartada’, el ‘yo me salvo’ o el ‘nosotros nos salvamos’, y aún así, y aún sabiéndolo, porque los más responsables lo saben y los demás también, parece que ‘los invasores’ son siempre ‘los otros’: los que invaden las fronteras del trozo de tierra, llámese Europa, que ‘nos pertenece’; los de ‘ahí abajo’ que nos invaden con sus revoluciones populares y no sabemos o no queremos hacer nada; los que nos invaden y nos perturban con sus problemas porque solo quieren cubrir necesidades que nosotros tenemos cubiertas todos los días; los que nos invaden gritando que ellos y los suyos también quieren una oportunidad; los que nos invaden y molestan con nuevas propuestas en cualquier aspecto, porque quieren cambiar algo…

Nos damos de bruces con la realidad, la que se ve, la que está ahí mismo y miramos para otro lado. Deberíamos preguntarnos qué sostiene ‘la burbuja’ en la que vivimos y por qué se está moviendo. Las piezas del mecano están en el suelo otra vez, hay que volver a construirlo y a construirse; la Naturaleza sabe de esto, sabe reconstruirse, vaya si sabe, tiene su energía, pero no la crea, ni la destruye, la comparte con los que la habitan, a veces a borbotones. Nosotros formamos parte de ella, somos energía, tenemos energía y energía creativa, además, podemos compartirla. No queda más remedio que bajarse de ‘la nave’, ‘no estamos solos’.


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