Lunes 27 de marzo de 2017,
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Los posibles cambios socioeconómicos y geopolíticos que marcarán el próximo decenio

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Ilustración sobre la globalización, de Carlos Barbudo

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Un nuevo ‘status quo’ mundial podría instaurarse como consecuencia de los cambios previstos

Dicha crisis ha producido la desestabilización económica global y la
entrada en recesión de las principales potencias económicas
Los Países del Este de Europa se verán obligados a devaluar sus
monedas, a sufrir masivas migraciones interiores y a retornar a
economías autárquicas.
En África, podríamos asistir a la aparición de un movimiento panislamista logrando la anexión de obsoletas plazas coloniales como Ceuta y Melilla

El convulso 2008 marcará el inicio de una década que pasará a la historia como la ‘Década del Vértigo’, debido a los vertiginosos cambios geopolíticos y socioeconómicos que se producirán en dicho decenio y que culminarán con la instauración de un nuevo ‘status quo’ mundial en el horizonte del 2020.

Regreso al proteccionismo económico:
El fenómeno de la globalización económica ha conseguido que todos los elementos racionales de la economía estén interrelacionados entre sí. Esto es debido a la consolidación de los oligopolios, la convergencia tecnológica y los acuerdos tácitos corporativos; por lo que la crisis económica será global y vinculante.

Dicha crisis ha producido la desestabilización económica global y la
entrada en recesión de las principales potencias económicas del mundo , dibujándose un escenario a cinco años en el que podríamos asistir a
la Implantación de medidas proteccionistas en los países del Primer Mundo bajo el eufemismo de ‘Fomento del Consumo de Productos Nacionales’.

Las medidas proteccionistas vendrían en forma de ayudas para evitar la deslocalización de empresas; subvenciones a la industria agroalimentaria para la instauración de la etiqueta BIO a todos sus productos manufacturados, elevación de los parámetros de calidad exigidos a los productos manufacturados del exterior, e imposición de aranceles a los países no respetuosos con el medio ambiente, como forma encubierta de proteccionismo frente a la invasión de productos de países emergentes. Esto, unido a la aplicación de restricciones a la exportación de cereales de los principales productores mundiales, para asegurar su autoabastecimiento, originará la severa contracción del comercio mundial y el posterior finiquito a la globalización económica.

EEUU comenzará la década bajo el signo de la ‘Obamamanía’. Un fenómeno sociológico que logrará que, una persona sin experiencia ni ideario político conocido, se convierta en icono de masas, insufle vientos de cambios, y devuelva la ilusión y la esperanza a una sociedad americana hundida en la recesión, con lacerantes desigualdades sociales y una significativa erosión de su imagen en el mundo tras los sangrantes episodios de vulneración de los Derechos Humanos en Irak y Guantánamo.

Su principal reto será la agudización de la crisis económica, con una severa contracción del consumo interno (uno de los tradicionales motores de la economía de EEUU, ya que representa más de la mitad del PIB del país), y una brutal reestructuración de la industria automovilística (llegando las tasas de paro a niveles desconocidos desde la II Guerra Mundial), que tendrá que esperar al 2013 para lograr crecimientos del PIB positivos y dar por finiquitada la crisis económica.

Asimismo, no serían descartables la reedición de los disturbios raciales del verano del 1963, el regreso a escenarios ya superados de Guerra Fría con Rusia (pudiendo revivirse la Crisis de los Misiles de Cuba de 1962), y un posible atentado antes de finalizar su mandato.

Caso de consumarse el magnicidio, Joe Biden se vería obligado a asumir la presidencia del país y a hacer cristalizar las iniciativas inconclusas de su predecesor en un posterior mandato presidencial (especialmente la ley de inmigración, seguro de salud para los ancianos y pobres, viviendas de bajo coste, y plan de renovación urbana). Condenando de paso, al ostracismo político a un Partido Republicano inmerso en luchas intestinas y lastrado por la nefasta gestión de sus antecesores.

El objetivo de su programa ‘Guerra contra la Pobreza’ será construir una gran nación donde la igualdad de oportunidades y una alta calidad de vida sean el patrimonio de todos. Aunque, su mandato quedará presumiblemente marcado por la Guerra de Afganistán y el inicio del declive del liderazgo mundial de EEUU.



Posible ‘Golpe de mano’ del oficialismo ruso contra Putin antes de las presidenciales de 2012:
Las reformas para aligerar la burocracia y sus fracasos en materia económica, debio a los malos resultados agrícolas, obligarán a la importación masiva de cereales y originará una desbocada inflación que rondará los dos dígitos. Estos hechos le harán impopular en el partido y en la Administración.

Ello, unido al aislamiento exterior, debido a su política de guerra fría con EEUU y su apoyo a los grupos talibanes de Afganistán y a los regímenes de corte populista-progresista de Latinoamérica (Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia), podrían debilitar el otro poder omnímodo de Putin. De esta manera se permitiría que se fraguara una conspiración para apartarlo del poder (alentada por oligarcas defenestrados por Putin y obligados a exiliarse en el extranjero), siendo acusado de los mismos cargos con los que defenestró a la camarilla oligarca: abuso de poder, corrupción y delitos fiscales.

Caso de ser defenestrado políticamente, su probable sucesor al frente del partido podría ser Mendeiev, quien caso de vencer en las presidenciales de 2012 podría tener la tentación de perpetuarse en el poder y regresar a escenarios ya olvidados del Partido Único (previa absorción de los votos del PCFR) y de un poder personalista autocrático al reunir en su persona la Jefatura del Estado y la Presidencia del Partido.

Conjugando hábilmente la ayuda a minorías étnicas rusas oprimidas, el chantaje energético, la amenaza nuclear disuasoria, la intervención militar quirúrgica, la desestabilización de gobiernos vecinos ‘non gratos’ y el ahogamiento de la oposición política interna, intentará situar bajo su órbita a la mayoría de los países desgajados de la extinta URSS para hacer realidad el nacimiento de la Nueva Gran Rusia en el horizonte del 2018.

Sustitución de la actual Unión Europea por una constelación de países satélites dentro de la órbita de la alianza franco-germana (Eurozona). Serán dirigidos por líderes de fuerte carisma y personalidad que derivarán, en la práctica, en poderes presidencialistas con claros tintes autocráticos.

Dicho período vendrá marcado por la Política de Buena Vecindad con Rusia y un notable alejamiento de EEUU en política exterior. Conjugando los acuerdos preferenciales energéticos con Rusia y el redescubrimiento de la energía nuclear, serán el referente político-económico europeo de la próxima década. Y con el Reino Unido pilotando la nave capitana de una reactivada Commonwealth.

En el caso de Francia, es probable que asistamos a una reafirmación de su soberanía que quedaría plasmada en la retirada de las tropas francesas de Afganistán antes de las presidenciales de 2012 y la posterior salida de las estructuras militares de la NATO.

El resto de países no integrados en dicha órbita, como los Países del Este de Europa, se verán obligados a devaluar sus monedas, a sufrir masivas migraciones interiores y a retornar a economías autárquicas.

Asimismo, deberán proceder a la reapertura de abandonadas minas de carbón y obsoletas centrales nucleares para evitar depender energéticamente de una Rusia que, conjugando hábilmente el chantaje energético, irá situando bajo su órbita a la mayoría de los países desgajados de la extinta URSS.

En Turquía podría reeditarse el Golpe de Estado de 1960 que acabaría con el mandato democrático del AKP (partido de tendencia islamista conservadora pero a la usanza de los partidos democristianos europeos) debido a la alta inflación, galopante tasa de paro y una deuda desbocada.

Ante esta situación y sin el paraguas protector de la UE (al rechazar su adhesión como miembro de pleno derecho en la UE), es previsible que el ejército protagonice el enésimo golpe de estado que acabaría con el mandato del Primer Ministro Erdogan, surgiendo posteriormente un sistema político fracturado que producirá una serie de coaliciones de gobierno inestables en el parlamento.


Establecimiento de la ‘Pax obamaniana’ en el conflictivo Oriente Próximo:


Tanto Israel como la ANP le pedirán a Obama que lidere el proceso de negociación que ambas partes iniciaron en 2007 con el objetivo de establecer las bases para la creación del futuro Estado Palestino (previo reconocimiento del Estado de Israel por parte palestina). Este proceso podría concluir con la firma de un Tratado de Paz entre el nuevo Primer Ministro israelí y el nuevo Presidente de la Autoridad Palestina (que sería el representante del nuevo Gobierno de Coalición que surgirá tras la inevitable aproximación de Hamas y Al Fatá).

Dicho Acuerdo contaría con las bendiciones políticas de Egipto, Rusia, Siria e Irán y como colaboradores económicos necesarios en la reconstrucción de Gaza a la UE, EEUU, Japón, Arabia Saudí y Emiratos Árabes. Sería global y vinculante para todos los países del área geopolítica de Oriente Próximo, logrando la instauración de un nuevo ‘status quo’ en la zona (‘Pax obamaniana’) tras la solución del contencioso nuclear con Irán y el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países.

 La paz será inestable y su duración dependerá de las negociaciones de Israel con Siria para la devolución de los Altos del Golán y de la futura actitud de Hezbollah y Hamas. Si ambas formaciones persisten en sus ataques a territorio israelí violando la sacrosanta ‘seguridad’ exigida por la población judía, podría incrementarse la tensión en la zona y reeditarse la ‘Guerra de los Seís Días’.

Caso de consumarse el enfrentamiento bélico y una nueva victoria militar israelí, asistiríamos a la anexión de la Franja de Gaza, del Sur del Líbano y del Sinaí. De esta forma Israel quedaría parapetado en un escudo protector completado con la culminación del Muro de Cisjordania (que incluiría aproximadamente el 10% del territorio de Cisjordania, incluida Jerusalén Este) y el control de los Altos del Golán, contando con EEUU y su fuerza nuclear disuasoria como únicos aliados.

Gradual retirada de las tropas de EEUU de Irak e inicio de un conflictivo y complejo proceso de reparto de las áreas de influencia entre Turquía, Siria, Arabia Saudí e Irán. Este conflicto derivará finalmente en la aparición de un radical movimiento panislamista que utilizará el arma del petróleo para estrangular las economías occidentales e intensificación de la Guerra de Afganistán a partir del 2012 debido a la ampliación del área de influencia rusa en el conflictivo Oriente Medio.

Dicha influencia se plasmaría en el inicio de ayuda militar solapada (asesores militares, logística e información de los satélites-espías) a las milicias talibanes de Afganistán en su lucha contra las fuerzas de la NATO.

El objetivo de Rusia sería alargar el conflicto, y aliado con la falta de liquidez monetaria de los aliados europeos, lograr su gradual retirada de Afganistán, y dejar a EEUU en irritante soledad, lo que podría derivar en una peligrosa ‘vietnamización’ del conflicto.

Recuperación de la ‘doble vía’ kennedyana en su relación con los países de Iberoamérica:

EEUU se verá obligado a prestar una atención especial al tradicionalmente considerado ‘patio trasero’ para intentar frenar la expansión de la influencia rusa en Latinoamérica.

En caso de no llegar a rápidos acuerdos en temas como el boicot comercial a Cuba, podríamos asistir a la gestación de una Alianza Panamericana (liderada por México, Brasil, Chile y Argentina). Ésta conjugaría la ayuda económica y la firma de acuerdos preferenciales con dichos países amigos, con el Boicot comercial y el aislamiento en los Foros Internacionales de los regímenes de corte populista-progresista (Cuba, Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia) para lograr la desestabilización de sus regímenes.

Por otra parte, la agudización de la crisis económica dará lugar a frecuentes estallidos de conflictividad social y a la expansión de ideologías izquierdistas en todo Latinoamérica, siendo previsible una clara regresión de las libertades democráticas y un posible regreso a escenarios ya superados de dictaduras militares y guerrillas revolucionarias.

En Panamá, no sería descartable una reafirmación del sentimiento soberanista panameño sobre el canal; por lo que podríamos asistir a la reedición de la Crisis de Panamá de 1964 con el envío de tropas estadounidenses que asegurarían el control del canal, recuperando de paso la soberanía del mismo traspasada a Panamá en 1979.

 Incremento de la tensión entre India y Pakistán:


Es previsible que el incremento del conflicto militar en Afganistán por parte de EEUU tenga repercusiones en la vecina Cachemira. Por lo que tras cruentos atentados terroristas como el de Bombay la tensión entre India y Paquistán podría incrementarse y dar lugar a un nuevo enfrentamiento armado en Cachemira (con el riesgo añadido de la posible utilización de misiles con carga nuclear).

 Soledad del régimen de Pekín en los Foros Internacionales, debido al enfriamiento de relaciones con Rusia y a las disensiones con EEUU derivadas de la aplicación de medidas proteccionistas y del incremento de la tensión con Taiwan. A esto se sumaría la pérdida del peso económico en el contexto internacional por la constricción del consumo mundial, y el establecimiento por parte de las principales potencias occidentales de sistemas económicos proteccionistas.

Asimismo, la desertización de amplias zonas industriales originará éxodos masivos de población urbana a las zonas rurales, obligando a vivir a una gran parte de su población por debajo del umbral de la pobreza. Igualmente son previsibles epidemias y episodios de hambruna, un notable incremento de la inestabilidad social y un severo retroceso de las clases medias y de las incipientes libertades democráticas.

En África, podríamos asistir a la aparición de un movimiento panislamista que abarcaría todos los países árabes de la fachada mediterránea. Para ello utilizará el arma del petróleo y el gas natural, y así estrangular las economías occidentales y financiar el acoso terrorista al infiel, logrando de paso la anexión de obsoletas plazas coloniales como Ceuta y Melilla.

Concatenación de desastres y hambrunas en el África Subsahariana:
La inevitable contracción de la demanda de materias primas debido a la severa crisis económica global conllevará el estrangulamiento de sus exportaciones y la depreciación generalizada de sus monedas. Ello, unido al avance inexorable de los desiertos e inusuales desastres naturales, originará éxodos masivos de población. Además, se alternaría con repetidas hambrunas, con virulentas epidemias, que asolarán buena parte del África negra. Mientras tanto, continuaría la esquilmación sistemática de sus recursos naturales por EEUU, UE, Rusia y China aprovechándose de los endémicos conflictos tribales y rutinarios golpes de Estado.

Ilustración (CC): Carlos Barbudo
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