Lunes 26 de septiembre de 2016,
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Los secretos del fuego

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Todos los años se producen entre 300 y 500 incendios en la Comunidad Valenciana

La acción de los pirómanos representa el 3% de los incedios en España, en la Comunidad Valenciana entre el 30 y el 40%

Un elemento que impulsó la vida. La humanidad comenzó a usar el fuego 500.000 años antes de Cristo. Sin embargo, desde la aparición de la bombona de butano a finales de los años cincuenta hemos olvidado que las llamas además de causar destrucción también favorecen la vida.

Con la llegada del verano llegan los incendios. Y con el aumento de las temperaturas la vegetación se seca. Sopla el viento de poniente. Y así se suman todos los ingredientes que propician la aparición de un gran fuego: calor, vegetación, viento seco.

“Los incendios siempre han estado ahí, forman parte del funcionamiento de la naturaleza, desde que existen los bosques existen los incendios”, comenta Jorge Mataix-Solera, profesor titular de edafología de la Universidad Miguel Hernández de Elche. Así, tanto para Jorge Mataix como para la mayoría de expertos en temas de incendios forestales y sus efectos, el problema central no es el fuego, sino los periodos de tiempo que tardan en producirse incendios en una misma zona, o lo que ellos denominan intervalo de retorno. “Un bosque que se quema cada 50 o 100 años no tiene ninguna dificultad para recuperarse, es más, es incluso beneficioso. El problema surge cuando una zona se quema cada cuatro, diez, quince años y con una intensidad diferente a la que debería”, apunta Mataix, que compara un incendio con un resfriado: “si uno tiene un resfriado o una gripe de vez en cuando no pasa nada, si eso se convierte en una neumonía y no sale de una y ya tiene otra el problema es mucho más grave”.

El abandono de la vida rural, la introducción de la bombona de butano, el éxodo hacia zonas de costa, la edificación masiva y el cambio de uso de las zonas boscosas han roto el ciclo natural del fuego

No sólo es fuego

A la recurrencia del fuego hay que sumar la intensidad del incendio, las características de la vegetación, la orografía, la época del año en la que se produzca el incendio. Las estadísticas sobre incendios forestales de los últimos años en la Comunidad Valenciana facilitadas por la Consellería de Medio Ambiente reflejan que los meses más peligroso son los de verano, época en la que la administración tanto provincial como nacional activan los distintos mecanismos de prevención. Sin embargo, a pesar de que el número de incendios se mantiene más o menos estable (entre 300 y 500 focos anuales) un solo siniestro puede quemar miles de hectáreas.

Artemi Cerdà, investigador de la Universidad de Valencia, recuerda que la última gran ola de incendios tuvo lugar en 1994 por lo que la acumulación de vegetación es muy alta. “Con el calor del verano y los vientos de poniente la vegetación comienza a secarse aumentando el riesgo de incendios forestales”, destaca Cerdà. El abandono de la vida rural, la introducción de la bombona de butano, el éxodo hacia las zonas de costa, la edificación masiva y el cambio de uso de las zonas boscosas que han pasado de recurso natural a zona de ocio han roto el ciclo natural del fuego.

Nuestros antepasados recogían la leña para cocinar en el perímetro del pueblo, manteniendo las veredas limpias. Hoy, los residentes en pueblos o masías ya no recogen leña, la bombona de butano liberó las espaldas de miles de personas y llenó los campos de masa forestal inerte lista para quemar. Además, las políticas de reforestación que han seguido las administraciones durante años han propiciado que los montes se conviertan en una estampa homogénea en la que destaca el pino carrasco. Este árbol resinoso, adaptado al fuego y resistente a la falta de agua es autóctono de la zona, pero no en la densidad en la que se encuentra ahora. “La homogeneidad en el paisaje favorece que los incendios sean más voraces y más extensos”, apunta Mataix.

Nuestros bisabuelos gestionaron mucho mejor el patrimonio forestal, en los últimos 50 años no hemos hecho nada, sólo olvidar los conocimientos que tardamos siglos en perfeccionar

Según los expertos se debería evitar la reforestación masiva con especies baratas o de crecimiento rápido y fomentar que sea la propia naturaleza la que siga su curso en muchos casos. “Muchas veces se ha reforestado plantando árboles de vivero y en esa labor los trabajadores han pisado y arrasado con los nuevos brotes que de forma natural surgían”, reconoce Mataix. Sólo en algunos casos es necesario reforestar y para ello es necesario hacer un diagnóstico preciso del área afectada.

La importancia del suelo

Tanto para Jorge Mataix como para Artemi Cerdà, lo más perjudicial no es el fuego sino la situación de desprotección en la que se queda el suelo. “La falta de cubierta vegetal es la causa directa de la erosión que acaba con la parte fértil del suelo”, explica Joan Llovet, investigador del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM). Así, el matorral y las herbáceas que cubren los suelos y que son los primeros en recuperarse tras el paso de las llamas constituyen la principal herramienta de la naturaleza para recuperarse tras el paso del fuego. Lejos de las creencias populares, el matorral tan característico de los montes valencianos retiene mejor la humedad que los bosques y evita la pérdida de suelo que acaba con la fertilidad del mismo. Si el incendio no ha sido de gran intensidad la vegetación es capaz de recolonizar y aprovechar las cenizas como fuente de nutrientes.

El problema de la zona del mediterráneo es la secuencia en los acontecimientos. Si tras el incendio se dan grandes lluvias todas las cenizas serán arrastradas. Una de las ventajas de las montañas valencianas frente a la erosión es el sistema de terrazas que los antiguos agricultores construyeron para aprovechar mejor la superficie y el agua. Estos sistemas que se encuentran en muchas zonas abandonados y deteriorados constituyen la mejor forma de proteger el suelo de la erosión. “Nuestros bisabuelos gestionaron mucho mejor el patrimonio forestal, en los últimos 50 años no hemos hecho nada, sólo olvidar los conocimientos que tardamos siglos en perfeccionar”, expone Artemi Cerdà.

[blockquote]El ser humano sigue siendo la principal causa de incendios

Según el informe presentado por la organización Ecologistas en Acción en 2010, las principales causas de incendio en España siguen teniendo como componente principal la intervención del hombre, representando el 95% de los siniestros. Así las negligencias relacionadas con quemas agrícolas son una de las causas con mayor incidencia.

Otros factores con menor incidencia, pero no por ello de menor importancia, son los descuidos de fumadores, el uso irresponsable del fuego con fines recreativos o la acción de los pirómanos. La acción de estos últimos, que a nivel nacional representan el 3, 09%, suponen el dato de mayor discrepancia en relación a la situación en la Comunidad Valenciana, en la que durante los últimos años los fuegos intencionados se han movido en torno al 30 y 40% del total.[/blockquote]

Foto facilitada por Jorge Mataix


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1 comentario

  1. Anónimo 17/08/2011 en 23:19

    Wow… no imaginé que pudiera ser tan interesante leer sobre el fuego… Es una pena ciertamente ver cómo los humanos muchas veces destruimos acres y más acres de tierra boscosa por nuestra propia negligencia.

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