Lunes 26 de septiembre de 2016,
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Los trastornos de personalidad: un desafío social

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Carta abierta a la sociedad de la Asociación Gallega para la Asistencia e Investigación de los Transtornos de la Personalidad

Tp-Galicia (Asociación Gallega para la Asistencia e
Investigación de los Trastornos de la Personalidad) advierte y denuncia la falta de recursos
asistenciales en nuestra sanidad pública para las familias que sufren
en su seno un caso de trastorno de la personalidad. Además reivindica la necesidad de contar
con unidades especializadas de tratamiento ambulatorio y de internamiento de
corta, media y larga estancia así como un plan multidisciplinar de abordaje
terapéutico en el que intervengan otras áreas de la administración, para
conseguir la rehabilitación del afectado no solamente en su aspecto sanitario
sino también social y laboral.

Descripción

Los trastornos de
la personalidad (TP en lo sucesivo) se definen como patrones persistentes de
percepción y comportamiento que se manifiestan en la forma de percibir el
mundo, relacionarse con los demás, pensar y sentir. Se exhiben en una amplia
gama de contextos sociales y personales, son inflexibles e inadaptativos, y
causan un deterioro funcional en todas las áreas de la vida, y angustia
subjetiva. Las áreas de la personalidad más afectadas son la cognitiva, la
afectiva y el control de los impulsos.

Las personas que los sufren se caracterizan
por presentar un conjunto de rasgos de personalidad que se inician normalmente
en la infancia o adolescencia y se manifiestan de una manera más explícita en
la vida adulta como formas inflexibles de pensar y sentir, como círculos
viciosos de respuestas ante situaciones diferentes, vulnerabilidad al estrés y
comportamiento inadaptado,  que les
llevan a un deterioro de su funcionamiento social,  laboral y familiar,  limitando sus posibilidades vitales.

Los TP son
trastornos mentales severos de mala adaptación social permanente y aunque no
afectan a las cualidades intelectuales del individuo en su mayoría son
incapacitantes, es decir dificultan o impiden desarrollar una vida autónoma a
quienes los padecen. Suelen ser frecuentes episodios de crisis psicóticas y en
ocasiones aparecen asociados a otras patologías, como trastornos alimentarios y
consumo de tóxicos, y a conductas agresivas, autodestructivas, amenazas de
suicidio o conflictos con el entorno social. Los afectados, debido a sus
propias características, casi nunca asumen su situación, pues no tienen
conciencia de enfermedad ni admiten fácilmente la ayuda que necesitan.

Los estudios estadísticos
realizados en países de nuestro entorno nos muestran unas prevalencias
diferentes en cada uno de los tipos, que van desde un 1% (trastornos por
evitación, narcisista u obsesivo-compulsivo), hasta un 15% (trastorno por
dependencia), porcentajes referidos a la población general del país, que
aumentan notablemente en poblaciones clínicas y presidiarias. Otros valores
son: Paranoide: 2,5%;  Esquizoide: 7%;
Esquizotípico: 5%;  Límite  (o Borderline),  Antisocial  e  Histriónico:
3%.

Como se puede
apreciar estos valores son muy superiores a los que se atribuyen a la  esquizofrenia o al trastorno bipolar, y en
algunos de los tipos citados, como en el  Trastorno  Límite de la Personaldad o Borderline, suelen
darse casos de mayor gravedad y trascendencia.

Existe una
opinión generalizada entre los profesionales de la salud mental en el sentido
de que estos porcentajes tienden a aumentar hoy en día de una forma
generalizada en nuestra sociedad, pues entre los factores desencadenantes de
los TP, además de los de tipo psicopatológico y psicosocial de la infancia, son
de especial relevancia los de tipo social, entre los que hay que reseñar los
cambios sociales y de costumbres que se producen en la actualidad con suma
rapidez y generan un gran relativismo moral que afecta a todas las áreas de la
sociedad, los fallos en los roles familiares que crean dificultad para
encontrar modelos adultos de referencia, potenciando falsos modelos en los que
se valora  sobre todo el dinero y el
éxito, el mundo competitivo, la convivencia con otras culturas, el estrés y el
exceso de información en edades en las que la falta de madurez impide discernir
de forma adecuada, y la facilidad de acceso a sustancias adictivas perniciosas,
causas todas ellas que afectan de una forma especial al individuo en su
adolescencia, etapa de la vida en que estos trastornos se manifiestan.

Principales demandas y problemas más significativos de este
colectivo:

Cuando nos
referimos a las demandas de este colectivo tenemos que comenzar por las
demandas de los “cuidadores”, que por regla general son sus familias. Estas
demandas tienen dos vertientes: la sanitaria y la sociolaboral, y en ambas se
tiene la conciencia de que está casi todo por hacer, o dicho de otro modo: la
necesidad es total y las familias se sienten desamparadas.

      Los problemas
más significativos, que ya han sido esbozados en el párrafo anterior, son los
siguientes:

a) Falta de
prevención en la infancia. Las familias por lo general desconocen la sintomatología
infanto-juvenil previa al desarrollo de un TP, que pueden ser confundida con
los problemas de la adolescencia o preadolescencia. Al mismo tiempo estas
patologías son poco conocidas por los profesionales de la educación y de la
medicina de atención primaria, lo que trae como consecuencia la imposibilidad
de realizar un diagnóstico precoz.

b) Cuando el problema se manifiesta de una
forma evidente ya es demasiado tarde para frenar el deterioro personal del
afectado. Al fracaso escolar le sigue el de las relaciones interpersonales,
aislamiento, baja autoestima, episodios depresivos, comportamientos
disruptivos, etc. En estos momentos la familia no recibe ningún tipo de ayuda
para un problema que por lo general desconoce y le supera, y al que debe hacer
frente con pocos medios y conocimientos. La experiencia manifestada por las familias
de estos pacientes es de abandono, por la falta de recursos asistenciales. Esto
genera a corto plazo un grave deterioro del enfermo, afecta a la estabilidad
emocional y  a la convivencia familiar y
supone un grave quebranto económico para aquellas familias que recurren a
centros privados por falta de atención en los públicos.

c) Los Centros de Salud Mental existentes
atienden las fases menos agudas de los trastornos, pero los escasos recursos
con los que cuentan son la causa de que las terapias no se realicen con la
frecuencia y periodicidad necesarias, ni por profesionales debidamente
preparados para dicho cometido. De esto se derivan dos graves consecuencias:

– La terapia insuficiente o equivocada origina
la evolución negativa del afectado.
– Dadas las especiales características de
estos pacientes se produce en muchos casos el abandono
temporal de la terapia, sin que exista la flexibilidad necesaria para que sea retomada una vez se requiera por
el enfermo o su familia.

d) Cuando se produce una crisis psicótica y el
correspondiente ingreso hospitalario urgente, el problema es tratado como
cualquier otro trastorno mental, por lo que el alta médica, que lógicamente se
producirá en pocos días no es más que el preámbulo de una nueva crisis que
precisará de un nuevo ingreso, cerrando así un círculo vicioso que no tiene
fin. Al no existir plazas hospitalarias en régimen de internamiento
especializado para TP este será siempre insuficiente y orientado solamente a
atajar los síntomas críticos de la enfermedad, pero no la rehabilitación del
enfermo.

e) En los tratamientos de estos afectados se
olvidan las facetas sociales, como la educativa y la laboral. La falta de
coordinación entre los correspondientes servicios de la administración es la
causa del fracaso en el abordaje integral de estas patologías, que debe ser
necesariamente multidisciplinar, y aunque funcionase en el terreno sanitario fallaría
a la hora de integrarlos en la sociedad. Y hemos de añadir solemnemente que
este es un derecho constitucional del que no se puede privar a ninguna persona.

Conclusiones:

La gran
prevalencia de los trastornos de la personalidad en nuestra sociedad, el alto
nivel de incapacitación que produce en muchas de las personas que los sufren,
los graves problemas que plantean a sus familias, entre los que hay que
destacar el desgaste emocional, y las repercusiones en el sistema de salud
público y en los ámbitos social, jurídico y económico, hace evidente que nos
encontramos ante un trastorno psicopatológico que merece la mayor atención no
solamente desde el punto de vista sanitario sino también en lo que atañe a
otras áreas de la administración pública. Por otra parte, teniendo en cuenta
que estos trastornos se van configurando durante la infancia y preadolescencia
y que por lo tanto podrían ser evitables en un alto porcentaje, o al menos
disminuir su gravedad prestándoles el adecuado tratamiento en esta etapa de la
vida, debemos aceptar la conclusión de que es necesario dedicar especial
atención al problema en los medios en que se desenvuelve el adolescente en
riesgo, que es el escolar y el familiar.

Para un adecuado
abordaje de esta problemática que facilite la rehabilitación de los afectados
por trastornos de la personalidad y les proporcione una mejor calidad de vida
es necesaria la intervención en diferentes áreas de la sociedad, por lo que
sería deseable un trabajo coordinado de las diferentes administraciones. Para
mejorar estas expectativas la asociación Tp-Galicia considera necesario llevar
a cabo las siguientes acciones:

-Impulsar
la  investigación de los trastornos de la
personalidad y su relación con otros propios de la infancia y las causas que
interactúan en su desarrollo, al objeto de que se pueda prevenir su incidencia
y disminuir su gravedad.

-Mejorar
los mecanismos de prevención en la infancia y de diagnóstico precoz.

– Desarrollar un servicio sanitario especializado para estas patologías, que
incorpore un sistema de hospitalización de media y larga estancia, con centros
terapéuticos, residencias y viviendas tuteladas para tratamientos de larga
duración.

-Crear un
sistema de asistencia a familias y de acompañamiento terapéutico que contribuya
al éxito de los programas de rehabilitación y de respiro familiar.

-Poner en
marcha un programa de información y de sensibilización para educadores ,
profesionales de la sanidad pública, de la administración laboral, judicial,
etc

Impulsar
y coordinar estudios en los que participen instituciones y organismos
interesados para conocer la prevalencia real de estos trastornos en nuestra
Comunidad, así como otros que evalúen y validen la eficacia de los tratamientos
psicoterapéuticos.

Por último, la
sociedad debe asumir que estas patologías son incapacitantes para desarrollar
una vida normal, lo que significa reconocer un cierto grado de discapacidad, variable
en cada caso, por lo que es de justicia la aplicación a este colectivo de toda
la legislación que protege a las personas con discapacidad, para facilitar sus
relaciones con la sociedad, su formación profesional, sus posibilidades  laborales y su propia supervivencia.

Germán
Medina Sánchez. Presidente de la asociación Tp-Galicia.

Para más
información consultar  www.tpgalicia.org

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Sobre el autor

6 Comentarios

  1. Anónimo 30/04/2009 en 19:11

    Enhorabuena por todo, ¡ ya era hora ! que haya seres que pensando y sientiendo así.
    Y ante esta evidencia … ¿ qué hacen los políticos ?
    ¿ Cómo se les puede hacer reaccionar en favor de este trastorno?
    Del problema se sale, tiene solución a medio o largo plazo, pero … ¡ tiene solución ! y hay que invertir para evitar.
    No olvidemos que la Sanidad de un País empieza por su Sanidad Mental …..

    ¡ Ánimo !

  2. Anónimo 17/06/2008 en 0:07

    És un articulo muy completo que expone bastante bien la situación por lo que seria interesante que pudiera publicarse en la mayoría de la presa nacional, asi como en publicaciones especializadas.

  3. Anónimo 16/06/2008 en 12:40

    Artículo completísimo y muy elocuente.
    Manifestémonos así públicamente, es una forma comprometedora de ser escuchados por la Administraciones.

  4. Anónimo 16/06/2008 en 10:50

    Un gran articulo,muy claro y con mucha información (estoy de acuerdo con Miren) seria muy positivo que se reflejase en toda la prensa y desde luego ya va siendo hora de que asuman competencias y tengan en cuenta a estas Personas y sus Familias. Somos muchos en todo el territorio nacional los que padecemos el abandono de las diferentes Consellerias.

  5. Anónimo 16/06/2008 en 8:12

    Estoy de acuerdo con Miren, sería positivo que toda esta información se reflejase en toda la prensa. Realmente es un problema que nos atañe a muchas familias y el artículo lo expresa todo con total claridad. Solo pedimos que nos escuchen y no solo eso, que la administración se implique.

  6. Anónimo 15/06/2008 en 5:10

    Es muy completo. Sería interesante que apareciera publicado en toda la prensa gallega

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