Viernes 20 de enero de 2017,
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Luces y sombras chinas ante los Juegos Olímpicos

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Imagen de la campaña de AI en relación a los JJ OO de China

Las ong siguen denunciando arrestos de activistas en China, mientras las autoridades quieren lavar la cara del país con motivo de los Juegos Olímpicos de agosto

Un influyente diario oficial habla por primera vez del fenómeno de la homosexualidad en el país

El escultor danés Jens Galschiot inicia una campaña por los derechos humanos en China protagonizada por el color naranja

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Imagen publicada por China Daily que ha abierto el debate

La celebración el próximo agosto de los Juegos olímpicos en China ha puesto a este país en el punto de mira de organizaciones y entidades defensoras de los derechos humanos, que ven escasos signos de apertura por parte de las autoridades.

El Gobierno chino parece más preocupado por lavar la fachada del país que por ampliar las libertades de los ciudadanos. Entre otras iniciativas, las autoridades chinas están realizando campañas para que la gente deje la costumbre de escupir en cualquier lugar y para que los taxistas no mastiquen ajo y llenen sus vehículos de efluvios desagradables para los turistas.

Las obras de adecentamiento de amplias zonas de Pekín han desalojado de sus pobres viviendas a millón y medio personas, según afirman las ong.

Pero el aspecto más criticado por las organizaciones sociales de dentro y fuera del país es el intento del Gobierno por evitar que las denuncias a la violación de derechos humanos salga de sus fronteras.

AI denuncia la desaparición de uno de los activistas más conocidos del país, después de ser detenido junto con su esposa
‘Thecolororange.net’ propone a todo el mundo que airee el color naranja en sus ropas, complementos, acciones, etc. durante los juegos como protesta
La homosexualidad comienza a salir del armario en un país que hasta hace poco la prohíbia explícitamente y donde aún se considera como una enfermedad

Aministía Internacional (AI) lleva tiempo denunciando una sistemática campaña de represión a activistas “dirigida específicamente a quienes tratan de dar a conocer públicamente los abusos que se cometen en la actualidad” y a quienes intentan ponerse en contacto “con los medios de comunicación y con organizaciones de derechos humanos en el extranjero”.

La última denuncia de esta ong habla de la detención el pasado 27 de diciembre de Hu Jia, uno de los activistas más conocidos en el país, junto a su mujer, Zeng Jinyan, defensora también de los derechos humanos.

Según AI, Hu Jia llevaba meses bajo detención domiciliaria, aún cuando “la policía nunca ha aportado documentos que justifiquen esta prolongada detención”. Actualmente nadie sabe dónde está y “la policía no ha contestado a la petición de su abogado para verle”. La ong ha iniciado una recogida de firmas en su web para pedir a las autoridades que garanticen los derechos de los detenidos.

‘Naranjas’ de la China

Desde la web Thecolororange han ideado una original campaña para “mostrar a China que somos muchos que, con motivo de los Juegos Olímpicos, tenemos un ojo vigilante a las violaciones de los derechos humanos”, según afirman los promotores.

La idea de ‘The Color Orange’ es sencilla, a la vez que llamativa. Se trata de usar el color naranja en cualquier contexto y circunstancia durante la celebración de los JJ OO, en agosto. Puede ser un sombrero, un pañuelo, un boli, pelar una naranja, plasmar un dibujo en un papel, colocar un banner en la web, etc.

“El gobierno -dicen- pretende llevar a cabo Juegos Olímpicos perfectos e intachables para promover a China como una sociedad moderna y eficaz frente a telespectadores en todo el mundo. No escatimará esfuerzos para evitar crítica a telón abierto. Pero exactamente el uso del color naranja puede romper la censura severa y echar la zancadilla al avance propagandístico del régimen”.

El impulsor de la campaña es el escultor danés Jens Galschiot, que ha realizado llamativas obras en denuncia de violación de los derechos humanos en diversas partes del mundo.

El naranja es “el rojo humanizado por el amarillo”, según el pintor Wassily Kandinsky, es el color de los uniformes que llevan los presos en Guantánamo, el de los hábitos de los monjes de Tibet y Birmania… Y también es el color de China. “Con esfuerzo común para divulgar la idea, tal vez podremos crear un ‘efecto mariposa’ generando un viento naranja soplando sobre China”, aseguran en la web.

Los promotores de la iniciativa invitan a subscribirse a su boletín informativo y también a aportar ideas en la página para enriquecer la campaña.

Apertura del armario

Frente a este inquietante panorama, uno de los principales periódicos en inglés del país, el ‘China Daily ‘, rompía ayer un tabú milenario en China al publicar un amplio reportaje sobre la homosexualidad ilustrado por una gran foto que mostraba a dos jóvenes besándose.

La homosexualidad ha sido un fenómeno inexistente oficialmente en China y, hasta hace unos años, perseguido por las autoridades. Por primera vez, un diario oficial cuenta las dificultades y tormentos que tres homosexuales han sufrido durante años.

Tong Ge afirma que hace más de 30 años, cuando la Revolución Cultural, se percató de su orientación sexual y en los años 70 descubrió que había parques y otros sitios donde se citaban los homosexuales. Ge estaba casado y tuvo un hijo antes de salir del armario.

Ruo Zhe confiesa que se sentía como un ‘monstruo’ pues las leyes chinas consideraban la homosexualidad una enfermedad mental. Intentó mantener relaciones con chicas para ‘curarse’ hasta que encontró en Internet a gente como él y abrió la primera web china dirigida a homosexuales.

El último testimonio es el de ‘Never give up’, nick de una lesbiana de 26 años que cuenta el trauma que supuso para ella hablar a sus padres de su condición sexual, quienes organizaron durante años citas con hombres para que su hija se casara.

Los padres la internaron en un psiquiátrico, pero no le encontraron ninguna ‘anormalidad’. La joven cree que pasarán años hasta que la sociedad china acepte la homosexualidad y espera que algún día pueda vivir libremente con su pareja, una compañera de la universidad.

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