Sábado 10 de diciembre de 2016,
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Luto en Camboya por los ‘hermanos’ fallecidos

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Los camboyanos lloran la muerte de sus compatriotas, mientras no se tiene la certeza del número de muertes, pues el río podría esconder o haber trasladado hasta 700 cuerpos

Camboya. Con dos jornadas de retraso, me dispongo a narrar las sensaciones vividas en los tres días que estuve en Phnom Penh. 48 horas en las cuales la triste noticia de la muerte de Litha, la chica que yacía inconsciente en la cama del hospital ruso-jemer, me ha dejado prácticamente sin palabras.

Era jueves 25 de noviembre, un día que Camboya señaló en el calendario como jornada de luto oficial por las más de 300 víctimas oficiales de la catástrofe de Diamond Island. A primeras horas de esa triste mañana, las lágrimas del Primer Ministro Hun Sen, acompañado por su esposa Bun Rany, no dejaban indiferente a nadie. Algunos hacían suyo el dolor que se desprendía del rostro de Hun, para otros, sin embargo, solo fueron “lágrimas de cocodrilo”.

Vengo todos los días a las proximidades del puente, y me siento a mirar al agua con la fotografía de Than en mis manos, esperando que el cuerpo de mi hija salga a flote en cualquier instante

Sea como fuere el sentimiento del Primer Ministro, el pueblo camboyano rindió un sentido homenaje a los fallecidos en el ya conocido como ‘el puente de la muerte’. Mientras autoridades, monjes budistas, ricos, pobres, estudiantes, militares y campesinos se mezclaban en largas colas para dar el último adiós a sus hermanos camboyanos, la señora Then Yoeung, de 59 años, buscaba, fotografía en mano, a su hija Than Samath, de 20 años, desaparecida el pasado lunes, “he estado en todos los hospitales, visto uno por uno todos los cadáveres, buscando en todas las lista, preguntado a las autoridades, y ahora solo me queda preguntaros a vosotros, señores periodistas, ¿dónde esta mi hija?“, me contaba con lágrimas en los ojos esta madre coraje, que no parará en su empeño por al menos recuperar el cuerpo sin vida de Than Samath, su hija más pequeña, “solo me queda pensar que saltó al agua, ella no sabía nadar, y quizás el agua será su hogar desde ahora. Vengo todos los días a las proximidades del puente, y me siento a mirar al agua con la fotografía de Than en mis manos, esperando que el cuerpo de mi hija salga a flote en cualquier instante”, me comenta mientras se abraza extenuada a mi traductor.

La cifra de muertos oficiales sube y baja como si de una montaña rusa se tratara. Mientras que el pasado miércoles, las autoridades confirmaban en un comunicado de prensa la muerte de 456 personas, menos de 24 horas más tarde, la cifra oficial es de 347 víctimas, de las cuales 221 son mujeres, “la cifra ha bajado porque hemos contado algunos muertos dos veces, la investigación concluirá la próxima semana”, afirmaba Om Yeng Tieng, director en funciones de la comisión investigadora. Un número de fallecidos muy alejado de la realidad de esta tragedia. Según la misma comisión, más de 10.000 personas podrían haberse encontrado en los instantes del suceso en el puente, lo que deja entrever que el número de fallecidos podría ser considerablemente superior a lo anunciado por el Gobierno de Hun Sen.

Se desconoce el número de cuerpos que pueden yacer en el fondo del río Tonle Sap, o incluso que hayan sido arrastrados por la fuerte corriente del río Mekong, lo cual, unido a que la mayoría de la población camboyana no posee un carnet de identidad o partida de nacimiento, hace casi imposible acercarse con exactitud a la cifra de muertos, que según algunas fuentes podría rondar el millar.

Una tragedia que a los ojos de John, un escocés expatriado en Phnom Penh, se veía venir un día antes. “El domingo pasado me encontraba en las proximidades del Monumento a la Independencia, disfrutando de un día de fiesta con mi prometida y unos niños de su poblado, cuando de repente me vi atrapado entre medio de una multitud salida como de la nada, llevaba a uno de los niños en mis hombros y temí por su seguridad. En esos momentos, le comenté a mi prometida, esto no es normal, aquí va a pasar algo, y tan solo 24 horas después, sucedió lo inevitable. Ese día no salí de casa, después de los sucedido el día anterior me dio un poco de miedo estar en la calle en medio de tanta gente. Me enteré de lo que pasó por el ruido de las sirenas. Camboya no puede continuar así, alguien tiene que parar esto”, me comentaba un indignado John. “El problema hay que solucionarlo de raíz, no basta con poner parches”, apuntillaba su prometida.

Mientras miles de compatriotas se acercaban hasta las inmediaciones de Koh Pich, cientos de familiares lloraban a sus seres queridos en la Camboya rural. 66 de los fallecidos eran de la ciudad de Phnom Penh, en la provincia de Kandal otros 66, en Takeo 33, Kampong Cham 38, Prey Veng 37, Svay Rieng 26, Pursat 4, Oddar Meanchey 1, Kampong Chhnang 6, Kratie 2, Battambang 2, Kampong Speu 20, Kampot 9, Kampong Thom 5, Siem Reap 1, Banteay Meanchey 1, Sihanoukville 1 y otros 29 cuerpos fueron retirados inmediatamente por sus familiares de los hospitales. En total 347 seres humanos, y 347 familias que nunca olvidarán lo sucedido el 22 de noviembre del año 2010.

Entre ellos Litha, una chica abandonada en el hospital entre la vida y la muerte. La mañana del viernes decidí acercarme antes de mi vuelta a Siem Reap, al hospital ruso-jemer, quería ver si esa joven inconsciente que luchaba por su vida en esa destartalada cama de hospital había abierto los ojos. Sin embargo, mirando su cama vacía entendí el drama enorme de este país donde la muerte de centenares de jóvenes lo ha vuelto a poner por el momento en el mapa mundial.

Camboya y otros muchos países no pueden caer en el olvido después de sufrir catástrofes de esta magnitud, todos los meses centenares de jóvenes mueren en el país de la sonrisa eterna por otras razones como accidentes de tráfico, minas antipersonas, violaciones, drogas, asesinatos, corrupción, etc., esperemos que el drama de estos otros jóvenes olvidados siga poniendo en el panorama mundial a un país que grita más fuerte que nunca, ¡AYUDA!


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