Viernes 28 de marzo de 2014,
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Malta y la suerte de pertenecer a la rica Europa

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El pequeño país europeo se encuentra a escasas millas de las costas africanas

El pequeño país europeo se encuentra a escasas millas de las costas africanas

FOTORREPORTAJE / OPINIÓN / A pesar de la profunda crisis que golpea a la vieja Europa, la diferencia en calidad de vida con otros continentes sigue siendo, de momento, abismal

No sólo es el azar el que define la suerte de un ser humano, sino también esa falta de humanidad y conciencia social que por lo visto todavía impera en una gran parte de la opinión pública mundial.

Tal y como he hecho en algunos de mis otros artículos en los que no sólo detallaba las excelencias del lugar en cuestión, en esta ocasión también intentaré hacer una reflexión sobre esa injusticia que significa no haber nacido en un continente rico. Así pues, les detallaré algunas de las cosas de las que vi pero, también, aquello que de alguna manera sentí al pensar que estaba a pocos kilómetros de un continente bastante olvidado como es el caso de África.

El país está compuesto por tres pequeñas islas: Malta, la más grande, Comino, que está deshabitada, y Gozo

Las pequeñas dimensiones de esta nación provocaron que en pocos días la pudiera recorrer. El país está compuesto por tres pequeñas islas: Malta, la más grande, Comino, que está deshabitada, y Gozo. En esta última, además de visitar su preciosa ciudadela, pude comprobar la belleza de sus costas, haciendo un pequeño paseo en barca hasta la ventana azul, una espectacular formación rocosa adornada por el intenso color celeste de sus aguas.

De regreso a la isla más grande visité la solemne Medina, una vieja ciudad que todavía conserva en sus edificios la grandeza que tuvo en el pasado. Sus calles peatonales, rodeadas por una excelentemente conservada muralla, confieren a la ciudad un aire señorial y majestuoso que todavía perdura a pesar del paso del tiempo. Una vez dejé aquella medieval urbe, pequeños pueblos de pescadores como Marsaxlok, o paisajes sugerentes como la gruta azul (no confundir con la ventana azul) hicieron la delicia de mis ojos mientras el tranquilo y sosegado devenir de sus gentes me indicaba que, a pesar de que sus costas están muy próximas a las de África, no sólo me separaba una pequeña franja de mar con este continente, sino que lo que realmente me separaba era esa línea psicológica y aparentemente invisible que divide el llamado primer mundo del resto, o lo que es lo mismo, la riqueza de la pobreza.

Empecé entonces a comprender cómo una simple frontera imaginaria puede llegar a ser tan importante. Ella es la que decide si alguien pertenece a un mundo rico o a uno pobre, dependiendo de la suerte que tenga al nacer, aunque no obstante, hoy por hoy tengo claro que la injusticia no la crea el azar, sino los mismos seres humanos que consienten que tal desigualdad exista. Y me di cuenta también de que viajar es como volar sin ataduras, abriéndote al mundo y a sus gentes, ya que descubres sus secretos sin guardar, sus costumbres y su forma de vida a plena luz del día y sin apariencias, mostrándose como son y evitando así intermediarios malintencionados que te cuentan la realidad según su conveniencia.

La ciudad me fascinó por la vieja historia que arrastraba, ya que en la isla se instaló la orden de los Caballeros del Hospital de San Juan de Jerusalén

Seguí visitando aquella isla dirigiendo mis pasos hacia La Valletta, su capital. La ciudad me fascinó por la vieja historia que arrastraba, ya que en la isla se instaló la orden de los Caballeros del Hospital de San Juan de Jerusalén que, habiendo sido expulsados de Rodas por los turcos, permanecieron en ella durante un largo período de tiempo. Esta orden militar, conocida hoy en día como la Orden de Malta, construyó la ciudad dotándola de grandes fortificaciones, y su fundador, Jean Parisot de la Valette, tuvo el honor de darle su nombre. Además de sus bellísimos puertos naturales, son dignos de admirar el Gran Palacio del Maestro y el museo de Bellas Artes, declarado hoy en día Patrimonio de la Humanidad, así como también la Co-Catedral de San Juan, antiguamente conocida como la Iglesia de los Caballeros. Y una vez dejé La Valletta recorrí las calles de St. Julians, una ciudad muy próxima a ésta, pudiendo regocijar mi mirada con la vistosidad de su coqueto puerto.

Sí, les recomiendo que si tienen ocasión no dejen de visitar este pequeño país perteneciente a la Comunidad Europea y situado frente a las costas de África, pero durante esos días intenten también pensar que a muy pocas millas de allí hay ciudadanos que viven en condiciones deplorables tan sólo porque han nacido fuera de los ‘límites’ del confort y la opulencia.

Víctor J. Maicas es escritor

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Editado por la Redacción:
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Sobre el autor

Viajero incansable y escritor, mis novelas publicadas son “La playa de Rebeca”, “La República dependiente de Mavisaj”,“Año 2112. El mundo de Godal” y "Mario y el reflejo de la luz sobre la oscuridad". Son, principalmente, novelas comprometidas y de crítica social. Además, he escrito artículos para la prensa escrita así como también para diferentes publicaciones digitales. En la actualidad soy miembro del Consell de Cultura de la ugt-pv y socio o colaborador de diferentes ONG’s

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