Sábado 22 de julio de 2017,
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Malvinas, el Vietnam argentino

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La guerra de las Malvinas / Fakland fue el canto del cisne de la dictadura argentina, la penúltima de las grandes dictaduras amparadas por la CIA. La derrota argentina en una guerra absurda, puso de manifiesto el discurso mental de la junta argentina deseosa de huir hacia un futuro que le apresaria sin falta. Hoy, veinticinco años después, los soldados y familiares de aquellos militares argentinos siguen viviendo un olvido irreconciliable.

Opinión

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Represión en una marcha de la CGT (Pablo Lasansky)

La guerra de las Malvinas, de la cual se conmemora ahora el veinticinco aniversario, fue el “Vietnam” argentino. El triste y abrupto despertar de un país que vivía en una liturgia de dictadura y de nacionalismo patriotero
frente al poderoso ejército británico, con el silencio cómplice tanto de
EEUU, como de una España aún conmocionada por el ruido de sables.


El final de esa guerra, la escenificación del fracaso de esa dictadura sin escapatoria que quiso representar mediante la fuerza bruta un dominio y una preponderancia falsas. La causa fueron unas islitas sin memoria en la mitad del mar Austral cuyo único beneficio era la pesca, ahora además el petróleo,

Ese deterioro al final desembocó en la llegada de una democracia al país y el conocimiento de los hechos que sostenían a esa dictadura militar: desapariciones, robos, secuestro de la voluntad popular y asesinatos sumarios, con la connivencia/ayuda de la CIA y los regímenes hermanos de Paraguay y Chile.

De esta forma, la guerra de las Malvinas / Falkands no fue solo un ejercicio de guerra absurdo, sino la última representación de lo que fue la lucha anticomunista y los regímenes apoyados en esta praxis en América Latiana: Miles de muertos y desaparecidos de acuerdo a una represión contada y teorizada desde la Escuela de las Américas panameña.

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Islas Malvinas (Wikipedia)

Esa guerra de malos pertrechos, mala gestión, hambre y robo de raciones a los soldados y muerte fría, -muchos soldados ni siquiera repatriados-, tuvo como ‘bona coda’ el final de ese régimen político
y el nacimiento de una conciencia argentina que, todavía hoy, se
despierta sobresaltada ante los que emplean la palabra “patria” para
esconder la palabra “olvido ignominioso“, “corralito“; “corrupción”, “robo” o “emigración forzosa”.


De los soldados que volvieron derrotados, vencidos y humillados casi nadie se acuerda, ni de su esfuerzo por recuperar una tierra que se supone argentina. También el olvido se cierne sobre los que donaron una cuota de sangre y vida a una causa absurda y a un régimen abyecto.

“De los soldados que volvieron derrotados, vencidos y humillados casi nadie se acuerda, ni de su esfuerzo por recuperar una tierra que se supone argentina”



La dictadura no se acordó de los perdedores. La democracia tampoco ha hecho por recordar un hecho bufo y vergonzante. Mientras tanto allí quedaron en setenta
y cuatro días de olvido,
seiscientos cuarenta y nueve soldados y mandos
argentinos, doscientos cincuenta y ocho británicos en una guerra del
fin del mundo.


Desde aquel entonces los malvinos
han sentido el mayor amor de la “madre patria” británica aumentando su
nivel de vida y su capacidad de desarrollo, incluyendo la de
explotación de sus recursos, hasta llegar a ser un lugar de promisión y alto PIB per cápita para los emigrantes, casi todos chilenos. Es el segundo efecto positivo de una guerra que jamás debió de darse.


Ahora Nestor Kirchner tensa la cuerda con el expectante gobierno inglés, apresurado por sus quince soldados apresados en la lejana Persia, con la intención de reavivar un conflicto no olvidado pero si olvidable.

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