Sábado 01 de octubre de 2016,
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Más allá de la verdad oficial

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OPINIÓN / El sistema político dispone de todos los medios de comunicación y de socialización públicos para moldear a los ciudadanos según la ‘verdad’ oficial

En un sistema ‘verdaderamente’ democrático no hay nada que objetar, siempre y cuando la ‘verdad’ sea la impuesta por el gobierno de la mayoría y la ‘no-verdad’ sea la voz de la oposición política. El sistema se distorsiona cuando la ‘no-verdad’ es marginada en todos los medios. Los ciudadanos dejan de tener información plural para poder primar-castigar a sus representantes y la política se desprestigia al quedar huérfana de debate. La política deja de ser ‘el arte del buen gobierno’, para convertirse en oficio de manipulación de masas. Por tanto, la filosofía de este escrito se ajusta únicamente al ‘mito de la caverna’: no hay peor ciego que el que no quiere ver.

El estado de bienestar no era un regalo, se consiguió con el esfuerzo y sacrificios de todos los trabajadores. Los ‘privilegios’ de los pobres no volverán automáticamente, habrá que luchar de nuevo para recuperarlos

Sólo hay que escuchar los comentarios en la calle para ver que la pobreza se ha instalado en España, y se ha instalado para quedarse. Mucha gente cree que después de unos años de recesión volveremos a la situación de bonanza anterior. ¡Qué equivocados están! El estado de bienestar de antes de la crisis no era un regalo de Dios, ni de los gobernantes, ni del Rey. Nuestra sanidad pública, nuestro sistema educativo, nuestros derechos fundamentales y laborales se consiguieron con el esfuerzo, sacrificios y reivindicaciones de todos los trabajadores, pero sobre todo por el consenso de todas las clases sociales, y refrendado en la Constitución española. Pues bien, con los recortes del gasto público y el consiguiente empobrecimiento generalizado, ese consenso se ha roto, ya no existe. Cuando cambie la tendencia del ciclo económico, los ‘privilegios de los pobres’ no volverán automáticamente, habrá que luchar de nuevo para recuperarlos. Si sólo dependiese de los ‘nacionales’ (sí, va con segundas) igual en 10 ó 20 años podríamos conseguirlo. Pero con esto de las ‘imposiciones’ de la Unión Europea y de la globalización de la producción y de la economía, el panorama es totalmente distinto.

España ingresó en la Unión Europea en 1986 y después de 26 años estamos peor que entonces. Hemos desmantelado la industria autóctona, hemos vendido las redes comerciales a multinacionales, estamos endeudados y sólo nos queda el turismo. Con este bagaje no podemos competir en este mundo globalizado, pero es que, además, estamos colonizados por nuestros socios europeos que controlan el mercado único europeo. Sin producción no se genera riqueza, y sin riqueza sólo se puede repartir pobreza. No debemos estancarnos en nuestras miserias, debemos reaccionar, debemos aportar alternativas a esta crisis. Para ello, no podemos competir con la ‘verdad’ oficial empleando sus armas, porque tendremos perdida la batalla de antemano: son expertos en teorías económicas, políticas y sociales, y son los protagonistas en los medios de comunicación.

El ciudadano debe criticar sin descanso las instituciones, los partidos y los sindicatos. Las instituciones, porque han permitido que las administraciones públicas se alejen del derecho administrativo y se amparen en el derecho privado, institucionalizando el saqueo de lo público. A los partidos políticos, por esconder deliberadamente el debate político a nivel europeo. Es en Bruselas dónde se cocina el ‘mercado único’ y dónde se impone la política del euro. No sabemos qué políticas han firmado nuestros cocineros, ni quiénes son los iluminados que han negociado en el Comité de Representantes Permanentes (COREPER) del Consejo Europeo, que es la verdadera cocina europea tras bastidores. Y, por fin, a los sindicatos, por haberse estancado en los métodos de los años 70 del siglo pasado.

No entres en el juego oficial de esa prima golfa del mercado que impone los precios, la democracia es otra cosa y empieza por la crítica constructiva y reivindicativa

Con la globalización, los canales tradicionales para defender los intereses de los trabajadores han cambiado. El gobierno de turno ya no convoca a empresas y trabajadores para negociaciones tripartitas porque esas empresas ya no acuden al gobierno nacional. Esas empresas están ejerciendo su presión de lobby en Bruselas, porque la mayoría son transnacionales y es allí donde se desregula el mercado único europeo y los aranceles con el exterior. La defensa de los trabajadores pasa por gestionar sus votos en todas las contiendas democráticas. Los sindicatos deben negociar con los partidos las mejores ventajas para sus afiliados y apoyar públicamente al partido que se comprometa con las peticiones sindicales. Para ello, los sindicatos tendrán que aprender a ser libres, no libres de las subvenciones públicas por ley, sino de las ‘negociadas’, esas que se devuelven con intereses.

No entres en el juego oficial de esa prima golfa del mercado que impone los precios, la democracia es otra cosa y empieza por la crítica constructiva y reivindicativa.


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