Miércoles 07 de diciembre de 2016,
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Mayor Oreja, síntoma de la política española

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OPINIÓN / En estos días vemos un episodio más del desencanto de la política española. Hablo de las declaraciones de Jaime Mayor Oreja atribuyendo una supuesta alianza o interés común futuro entre el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y la banda terrorista ETA

Una aseveración de ésta índole, la presunta connivencia entre un Gobierno democrático y unos asesinos, debería justificarse por algo más que lo que parece que ha sido, un capítulo más del desencuentro político que se vive en todo lugar en este país y que ha hecho a los políticos ser un problema más, el tercero en importancia, de los que se enfrenta la ciudadanía más que la llave a la solución de éstos.

Sorprende que una persona de la experiencia política de Mayor se encisque en este tipo de luchas partidarias dando cancha, pávulo y campo a todos aquellos que consideran que cualquier actuación del Gobierno actual responde a todo un ejercicio cosmogónico de conjuras y complots dándose a la conspiranoia más burda, más ilógica, más irreverente, estéril e irrelevante. Esto fue así con la llegada al poder de Zapatero en 2004, y la conspiranoia 11M que todavía resopla de cuando en cuando, y esos rugidos de democracia mal digerida siguen apareciendo, como venero oculto en cada oportunidad.

Quien ve en cada gesto una mala intención oculta solo indica que no asimila bien el principio democrático de aceptación del que piensa diferente y se impone en las urnas

Vaya por anticipado que José Luis Rodriguez Zapatero no es santo de mi devoción. Y no lo es porque juega a la demagogia con demasiada asiduidad, porque es un prestidigitador que es amigo de distraer nuestra opinión y nuestra atención de lo importante, la crisis, el paro, para dejarlo en lo anecdótico o, simplemente, pasajero. Tampoco me gusta su tendencia a los globos-sonda y porque abunda en cuanto puede en esta crispación política que tanto desdeñamos los ciudadanos. Es decir, es un Presidente con una mente demasiado ocupada en su ideología y en generar ruido, hacerse fotos y mirar los cuadros y gráficas que indicarían datos electorales que en la acción directa y decidida sobre los problemas.

Pero es el Presidente de este país y sus actos, sus acciones, sus fundamentos de gobierno han de ser asumidos como propios por los ciudadanos y, sobre todo, bajo la buena voluntad que se le supone. Todo ello, como es natural con la propia capacidad o derecho a queja, réplica u oposición pero siempre mirando y teniendo en cuenta el bien común y no solo el beneficio político personal. En este sentido, quien ve en cada gesto una mala intención oculta solo indica que no asimila bien el principio democrático de aceptación del que piensa diferente y se impone en las urnas y, además, que eleva su capacidad de hacer juicio de intenciones a la categoría de indicio casi legal. Estos hechos comprobados en las diferentes conspiranoias recientes y viniendo de personas de cierto criterio y experiencia, solo puede obedecer a una obcecación partidista que solo se entiende en este fangal de lucha política del día a día en España que afecta a unos y a otros.

En el sentido particular que nos ocupa, el de las presuntas conversaciones entre ETA y el Gobierno, creo, sinceramente y a tenor de los éxitos casi sin fin de la lucha contra el terror, que cambiar de estrategia ahora sería un error.

ETA se encuentra debilitada tanto en cuanto a efectivos y mandos, logística, apoyo de sus bases, políticamente aislada, sin santuarios seguros y, por si eso fuera poco, con un diálogo interno, que trasciende a todas partes, entre los que buscan una continuación de los fines por vías políticas (los fines no son perversos sino los medios violentos para lograrlos) y los que quieren proseguir su orgía de sangre sin sentido hasta el último día.

En este contexto y, sin embargo, tarde o temprano habrá que ‘sentarse’ con ETA para ver cuales son sus ‘últimas voluntades’, el voluntarismo de buscar la victoria es una buena herramienta pero ha de plegarse en alguna ocasión frente al posibilismo, ETA no se rendirá, nunca se rendirá, siempre podrá quedar un grupúsculo, una facción, una ‘asamblea’ que continue, ya criminalizada y hecha mafia del todo, con el espectáculo del terror. Por eso en ese último momento el sentarse, como ya se hizo con el GRAPO y como se ha hecho en Irlanda en condiciones más sangrantes con el IRA, será necesario, y hará acabar con la violencia como recurso político de manera definitiva.

Hasta aquí nos guste o no es una realidad: ETA débil por la presión política-policial y judicial, la posibilidad de diálogo o, mejor aún, de fijar mediante el diálogo el fin de las acciones terroristas son dos parámetros que dirigen la lucha contra ETA. Sin embargo, conocemos que la forma en la que se mueve ETA es tanto el hacha de la violencia, el secuestro y la muerte como la serpiente del engaño. Y así ha sido en los diferentes casos de intento de diálogo entre los gobiernos y la banda, posibilistas, maximalistas y no exentos de alguna intención de asegurar la reelección y el pasar a la Historia. Hasta ahora todos han fracasado, todos han colapsado por la terquedad de una ETA que siempre ha intentado imponer una derrota del Estado de Derecho frente a su obviedad fascistoides de la ‘dialéctica de las pistolas’. En ese sentido Mayor aporta la experiencia de haber encabezado, como Ministro del Interior, el diálogo y la tregua de ETA que fue, al fin y a la postre, una trampa como también lo ha sido la tregua, en tiempo de Gobierno de Zapatero, acabada con las dos muertes del atentado de Barajas.

Mayor Oreja aporta la experiencia de haber encabezado, como Ministro del Interior, el diálogo y la tregua de ETA que fue, al fin y a la postre, una trampa

En algún momento habrá que ‘cruzarse palabras’ con el entorno violento pero, ¿ha de ser ahora? Parece que la eficiencia de las medidas políticas, judiciales, policiales y sociales están dejando a ETA sola, tanto dentro como fuera del País Vasco. La gestión del Gobierno una vez verificado la falta de voluntad de diálogo de la banda tras el atentado de Barajas se puede calificar de excelente y valorada por la ciudadanía, entonces, ¿para qué cambiar ahora?, ¿por qué no dejar que la debilidad de ETA sea aún mayor y las posibilidades de un diálogo posterior mejores y más favorables?

La oportunidad efectiva del diálogo solo podría inscribirse en que el PSOE, muy menoscabado por las últimas encuestas, necesitara un gesto grandilocuente, excelente y directo de ETA para aumentar sus posibilidades de éxito en las próximas elecciones.

Interpreto, porque el lenguaje de los políticos es siempre críptico y escondedor, que esas eran las intenciones de la declaración de Mayor más que hablar de una fehaciente alianza, que lleva a pensar en el despróposito de la conspiranoia alrededor del 11M, indicaba la alineación particular de intereses entre enemigos ontológicos: el Gobierno y ETA. En sí mismo ya es suficientemente terrible y urdidora esta interpretación pero que podría ser aceptada, aún con la nariz tapada y con igual saña, para los tiempos de gestión del Ministerio del Interior del propio Jaime Mayor Oreja.

El Gobierno actual llevó al Parlamento la opción de dialogar con ETA en condiciones de ausencia de violencia. Todos sabemos que en una cámara mayoritariamente socialista fue solo un gesto, pero un gesto que denotó una claridad y transparencia que ahora no se tienen y que no tuvieron Gobiernos anteriores. Por lo tanto, y atendiendo a esa legitimidad, el hablar o dialogar con ETA no representaría ahora ninguna traición o agravio mayor que en los anteriores casos, si se dieran esas premisas de ausencia de violencia, aún entendiendo que el hablar y negociar con un delincuente siempre es un hecho no demasiado honorable para la Ley y el Estado de Derecho, pero una herramienta al fin y al cabo. Muchos de los que instalados en la conspiranoia más partidaria tildan a Zapatero casi de traidor deberían recordar este hecho. Como he comentado, el diálogo con ETA ahora no se impone por cuestiones de eficiencia de la estrategia actual más que por cualquier otro razonamiento que no hubiera podido ser aplicado con anterioridad en otros intentos.

Pero la pregunta es, ¿cuál habría de ser el resultado de ese presunto diálogo para que mereciera la pena? Es decir, una vez declarado por fas y nefas por parte del Gobierno, el Presidente Zapatero, el Ministro del Interior Pérez Rubalcaba, que no habría diálogo con ETA y, además, teniendo toda una panoplia de hechos, detención, gestos, pactos, modificaciones legales para opacar al mundo radical de la vida política y social, ¿qué conclusión haría que el Gobierno tomara esa decisión de retomar un diálogo?

Parece que en la situación actual solo una situación que contuviera muchos de estos elementos: una tregua permanente, entrega de arsenales previa a la entrega a la justicia y la Ley de los terroristas en libertad justificaría semejante alboroto. Ese sería un punto que electoralmente podría dar la vuelta a los seis u ocho puntos que aparentemente el PP tiene de ventaja en las últimas encuestas.

Esta dialéctica efectista y sin justificación evidente, con mirada en las elecciones y a ‘vendernos el burro’ a los ciudadanos, siempre votantes, es lo que lleva al cansancio de la sociedad por los políticos

En ese sentido, tanto el posible diálogo del Gobierno y esa epifanía de Mayor, casi a golpe de grito alineado con los más radicales, tendría sentido: una noticia electoral que podría dar un vuelco. Por eso la respuesta crispante de Mayor responde al escenario crispado de la política española y no a una posibilidad que, si bien es ilusionante, parece mostrarse tan espejismo como ha sido las últimas veces de diálogo con los asesinos y, por lo tanto, solo un artificio electoralista por parte del Gobierno Zapatero.

Tanto PSOE como PP parece que encuentran en la posibilidad de asegurar su permanencia en el poder o forzar un vuelco justificado en las urnas cualquier hecho, cualquier declaración, por mucha nitroglicerina, o Tytadine que porte, cualquier sospecha no solo contra el Gobierno sino, en general, contra todo el Estado de Derecho. En ese sentido, la declaración de Mayor Oreja es tremendamente irresponsable porque se alinea con aquellos, los violentos, que no quieren una unidad democrática en la lucha contra ETA, sino inquinas y desconfianzas que alimenten sus propósitos. Esa unidad de la gente de paz ha dado un tiempo de paz al País Vasco con una alianza PSE-PP que no solo rinde frutos cada día sino, y además, ha hecho mucho por aumentar la confianza de muchos, entre ellos el que escribe, en la voluntad de los políticos en resolver problemas. Por otro lado, la posibilidad de que el Gobierno se desdiga de lo que dijo, “No negociar con ETA” tras el ‘accidente’ de Barajas, solo puede dar lugar a pensar en ese electoralismo barato y ajeno al interés del ciudadano y también muy irresponsable.

Esta dialéctica efectista y sin justificación evidente, con mirada en las elecciones y a ‘vendernos el burro’ a los ciudadanos, siempre votantes, es lo que lleva al cansancio de la sociedad por los políticos. Ni en este asunto capital hay una unanimidad clara de apoyo, como reclama el PSOE que exista ‘a ciegas’, ni se puede amparar la lógica diferencia ideológica y de crítica a la gestión, a poner de manifiesto estas situaciones, como parece justificar el PP a ese alinearse con algunos conspiranoicos que venden libros y llenan minutos de radio y centímetros cuadrados de periódico con teorías retorcidas. Es decir, un disparadero contra todo y contra todos, fuera de veda, de ‘cacho’ que diría un taurino, escondido y que amenaza a todo el edificio de las instituciones.

Por desgracia, en este turno le ha tocado a Mayor jugar el papel de gritador inusual e inusitado, algún malintencionado dirá que para tapar todo el revuelo alrededor del caso Gürtel y la más que presunta trama de corrupción en Palma, pero por desgracia mañana le tocará a un Ministro, a un miembro de una comunidad autónoma o a un diputado de ‘a pie’ de otro partido político.

Este es el signo de la política española, teatralidad bufa, el ‘todo vale’ y la desconfianza casi preguerracivilista, un mucho de irresponsabilidad y un océano de intereses entre bastardos y espurios que se colocan casi siempre por delante del bien general, el de todos, el de los españoles. Ese que se arguye atendiendo a la verdad o a la oportunidad pero que se disfraza de la más guerrillera y terrible lucha partidaria.

Imagen: trabajoterrorismo.files.wordpress.com
Imagen: media.epi.es
Imagen: img.europapress.es


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