Martes 25 de julio de 2017,
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Medio siglo de sacerdocio

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Cincuenta años de reverendo cura párroco cumplió el miércoles pasado Enri Praolin, oriundo de Carcaraña, provincia de Santa Fe

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El párroco Enri Praolin, en su iglesia

El sacerdote Enri Praolin se sometió a una exitosa cirugía de pulmones el verano pasado, pues como diría el doctor Hamer, había hecho de esa manera su duelo: por la pérdida sufrida de su mamá, sólo quince años mayor que él, festejó su inicio al sacerdocio, con los que concurren a su capilla María Madre de la Iglesia y con todos los que desearon agasajarlo el sábado pasado.

Domingo a domingo, y este domingo fue tambien aniversario de su primera misa como párroco, según recordó él, domingo a domingo en su homilía, va dejando pedazos de su vida a quien quiera escucharlo.

Así, uno que concurre a su capilla o a la capilla de La Virgen del Valle o del Lujan o de Fátima o del Hogar de ancianos adonde se reparte diligente (pues hay escacez de sacerdotes en la diócesis de La Rioja ) descubre pedacitos o anédoctas de su vida.

Amigo del conocido cómico ‘Minguito’, quien le escribiera una preciosa carta, que alguna vez se leyó en misa; o del padre Mújica, a quien le cedió unos pantalones, pues los que traía estaban rotos, segun él. También hizo referencia hace poco al obispo Angelelilli y el modo en que se enteraron de cómo habían aparecido los dos sacerdotes en el cruce de las vías del tren.

Había ido a pedirle que me bendijera la cruz de San Andrés, que había dibujado un enfermo de soriasis, pariente mío, y él me recordó que San Andrés fue el primer discipulo de Jesús y que era patrono de los Ferroviarios y de los aviadores.”¿En serio?”, pregunté asombrada, pues no relacionaba esa cruz con los mencionados.

“¿Pero no ve que esta cruz es la que aparece en los cruces de los caminos ferroviarios?”, entonces caí en la cuenta: de que si esa era la cruz que se veía allí como advertencia. Inmediatamente después de esa bendición, ya en misa: relato con asombro cuando tuvieron conocimiento de la aparición de aquellos cuerpos en el cruce de San Andrés.

Casacarrabias, a veces, el gringo, cuenta cómo su abuelo tano le obligaba recitar de memoria hasta la tabla del doce, o cómo en su ansiedad por ver realizada su Iglesia, tomó pico y pala una noche a las cuatro de la mañana y comenzó a cavar con sus propias manos los cimientos.

A poco aparecieron cuatro policías que hacían su ronda.  Él los trato mal, les gritó: “¿Qué se creen que soy yo?… ¿Carlos Monzón, enterrando a Alicia Muñiz?”.

“Yo estaba allí ” -señalando hacia adelante a su izquierda- “no me dí cuenta hasta ahora”; dijo recordando a un hombre que había muerto, pues dormía a la interperie, sin a veces un plato de comida, llamado Adan Díaz, a quien los vecinos habían velado y procurado un cajón, solidarizándose con el mendigo.

Era la mía que coincidía con el Pesaj judío…

“Recién tomé conciencia de lo mal que los traté, ellos estaban haciendo su trabajo”.
 
Feliz cincuenta años de sacerdocio. Por la lucha diaria, por la niñez ayudando a su familia a hacer ladrillos. Por las misas en la placita con la precencia de ese Niñito Dios Alcalde, protagonista del Tincunacu, encuentro de Paz quechua.Y amén.

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