Martes 24 de octubre de 2017,
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Memoria Histórica del Teatro en Tecoh: 1930-2004

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En
la mejor tradición oral indígena, la investigadora María del Socorro Loeza publica un trabajo sobre el teatro de esta localidad de Yucatán (México)


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Palacio municipal de Tecoh (Yucatán, México)

Hace justo 15 años el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) hacía su entrada en la escena mundial a la par de otros movimientos de izquierda y anticapitalistas que no
buscan, a diferencia de los movimientos estadocentristas, la toma del
poder estatal; sino la defensa de derechos colectivos e individuales
negados históricamente a los pueblos indígenas mexicanos, la
construcción de un nuevo modelo de nación que incluya a la
democracia, la libertad y la justicia como principios fundamentales
de una nueva forma de hacer política, y el tejido de una red de
resistencias y rebeldías altermundistas en nombre de la humanidad y
contra el neoliberalismo; expresiones mínimas de una lucha que va de
lo local a lo global y a la que se puede dar seguimiento de la mano
de sus ya seis declaraciones políticas.

Por
fortuna, el teatro y el amor que algunas y algunos le profesamos
suelen ser mucho más grandes que los obstáculos burocráticos y la
negligencia vueltos modus
operandi de
quienes arriba desgobiernan

Sin
embargo, a pesar del significativo bailable de presentación en
sociedad que aqueste, el EZLN, está ofreciendo en el corazón de la
Selva Lacandona mientras yo escribo estas pobres y mal articuladas
letras mías, no es de su palabra verdadera, batz’i
k’op,
de lo que quiero hablar ahora… o no exactamente.

A unos kilómetros
de la llamada zona zapatista, todavía en el sureste mexicano pero
mucho más cerca de la ciudad de Mérida, en Yucatán, ese
maravilloso estado que cuando no es el botín que se disputan una de
las derechas más retrógradas del país y uno de los cacicazgos más
insultantes en suelo mexicano, sirve de ojal para los botones de
muestra sobre el tipo de izquierda que dice ser el lopezobradorismo,
se llevó al cabo un acontecimiento que por modesto adquirió sabor a
grandeza en esa doble acepción que mis tatarabuelas nahuahablantes
daban al sufijo tzin:
el más noble y, a la vez, el más pequeño.

 

15 años de cultura’

El
escenario fue el municipio mayoritariamente indígena de Tecoh y la
escenografía fue el Teatro Pierrot de la Casa de la Cultura, un
espacio que el pasado 29 de mayo también cumplió sus primeros 15
años de vida.

La iluminación, canon distónico para lámparas y
cuartos que hacían de aquello algo más parecido a una discoteca que
a un teatro, lo mismo que los baños a oscuras, las paredes sin
remozar, los camerinos sin completar y la ausencia de una duela
decente, fueron cortesía del gobierno priísta en turno, esta vez
representado por un comparsa de poca monta que responde al nombre de
Manuel Acuña (sí, como el poeta), famoso por difamar a miembros de
la comunidad artística de la entidad, que ésta vez, cual bandido,
apareció de entre la multitud para enhestar una retahila de
justificaciones que querían dar cuenta (pero dieron lástima) de por
qué el gobierno estatal a través de la dirección de
descentralización de su instituto de cultura no le ha brindado a
este teatro quinceañero el apoyo que merece, para luego desaparecer
de entre por donde vino.

Loeza
Flores está escribiendo de la mano de su pueblo una página más en
ese largo camino que el teatro ha andado en aras de ése tan aplazado
reencuentro con el ‘Otro’

Por
fortuna, el teatro y el amor que algunas y algunos le profesamos
suelen ser mucho más grandes que los obstáculos burocráticos y la
negligencia vueltos modus
operandi de
quienes arriba desgobiernan. Eso fue precisamente lo que María del  Socorro
Loeza Flores nos demostró a quienes tuvimos la buena suerte de poder
acompañarla en la presentación de su trabajo de investigación
‘Memoria
Histórica del Teatro en Tecoh 1930-2004’,
resultado de la beca obtenida para difusión del patrimonio cultural
por parte del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Yucatán;
esfuerzo que a mi parecer se inscribe en la línea de procesos
académicos y pedagógicos emprendidos por hombres y mujeres de
teatro como José Ramón Enríquez o Maya Ramos Smith quienes,
respectivamente, desde su herencia cómica para con los Siglos de Oro
en español o desde sus investigaciones en torno al teatro
novohispano, han señalado la importancia de una mirada genealógica
como parte de la formación y el quehacer escénicos en México.

No
creo estar exagerando, pues, al afirmar que con Memoria
Histórica del Teatro en Tecoh 1930-2004 Loeza
Flores está escribiendo de la mano de su pueblo una página más en
ese largo camino que el teatro ha andado en aras de ése tan aplazado
reencuentro con el “Otro” que le da sentido y significado, ya sea
quien en la cercanía le observa en calidad de público, ya quien a
la distancia le mira como parte de un ejercicio de reflexión con
pretensiones de volverse serio.

 

Los principios

Todo comienza en una tarde de
septiembre en el año de 1930, cuando en lo que alguna vez se llamó
Cinema
Odeón
un grupo de vecinos dieron vida a la Sociedad Pedro Escalante Palma,
cuyo lema: “Procultura Populi” (algo así como “por una cultura
del y para el pueblo”), sirvió de guía a su cuadro artístico,
bautizado con el nombre de aquél personaje que la commedia
dell’arte
le prestara a la comédie
française:
Pierrot, y que por azares de una extraña pero fascinante genealogía
llegó a este rincón de la península de Yucatán.

La
investigación de Socorro se centra en la historia de éste, el
Cuadro Artístico Pierrot, en un esfuerzo que para decirlo con el
antropólogo José Juan Cervera es conjunción de muchas voces que
hablan a través de ella: la voz de la comunidad, la del pueblo, la
del grupo; transmitiéndonos amor no sólo por el oficio o la
profesión teatrales, sino por hacernos saber que Tecoh y las
comunidades de Yucatán tienen algo qué decir en la inabarcable
experiencia del teatro comunitario.

Dos elementos, de entre muchos,
destacan en la presentación de Socorro: el uno, hacerse acompañar
justamente de esas voces que menciona José Juan, ora en la recepción
coronada de tamales preparados por las mujeres del pueblo bajo la
coordinación de su misma mamá, ora en la entrega de “su criatura”
a la comunidad en una suerte de homenaje “a nuestros vecinos,
personas que dedican su tiempo a hacer cultura”, que también sabe
a rendición de cuentas que ni esperanzas de ver algo parecido en
nuestros disfuncionales funcionarios públicos, y, el otro, la
inteligencia y el rigor para dar cabida a otros movimientos teatrales
del mismo municipio, independientemente de su filiación ideológica:
desde el así llamado Teatro de la Parroquia, en manos de la Acción
Católica Juvenil de México y su Grupo Cristo Rey; hasta la vasta
experiencia del Teatro Pierrot de la Casa de la Cultura, bajo la
dirección del párroco Raúl Lugo, cuya labor actual con indígenas
y seropositivos da cuenta de su calidad como uno de los
representantes más progresistas y consecuentes de la pastoral
social; pasando por el heroico trabajo de maestros como Aristeo Paz,
Eloy Garrido o Roger Solís, incansables constructores de lo que la
maestra Efiluz Vázquez llamara el binomio inseparable de la
educación y el teatro.

En
la mejor tradición oral indígena, Socorro habla de ella y de su
trabajo con un nosotros que lo incluye todo y a todos, dándole el
lugar que merece en el tiempo y en el espacio a cada experiencia que
registra; anécdotas y testimonios que por ahora quedarán en el
tintero y en la memoria, tanto por la imposibilidad de nombrar a
todas las personas que tejieron con su quehacer y su decir la
tradición familiar y comunitaria de 78 años de vida teatral en
Tecoh, cuanto por lo titánico que resultaría a las lectoras o
lectores nuestros continuar este apasionante viaje a que nos invita
Socorro (mucho más amplio si tomamos en cuenta que esta
investigación es parte de un proyecto aún más extenso que Socorro,
en su calidad de recién egresada de la Escuela Superior de Artes de
Yucatán, presentará como trabajo de tesis); sobre todo si el viaje
se hace sin el excelente disco compacto cuidadosamente acabado en
complicidad con Leonel Pacheco, programador por oficio y façedor
de sueños por vocación.

No faltará el burócrata con nombre de poeta que dado el
caso aparezca de un de repente y termine diciendo una sarta de
tonterías para intentar justificar lo injustificable

Sin
embargo, no quiero despedirme sin saludar lo mismo a las pastorelas,
sainetes y zarzuelas, o a los musicales como ‘El Hombre de la
Mancha’, montados por los grupos de teatro que han existido en
Tecoh; pero, sobre todos ellos, aplaudir de pie a la primera puesta
en escena que un grupo tecohense presentara, como dice Socorro, en un
“teatro de verdad”: el José Peón Contreras. La obra: Koox
mol chi’ (Vamos a recoger nance), totalmente hablada en maya
yucateco y llevada a la escena por un reparto de primera conformado
por doña Lupita Elizárraga, don Espiridión Acosta y la misma
Socorro Loeza. La fecha: 2004, cuando el teatro en Tecoh llevaba por
lo menos 74 años de vida; saque usted sus propias conclusiones.

Así
que no se sorprenda si el material presentado por Socorro Loeza no
encuentra pronto el apoyo para la edición de ejemplares suficientes
que sean repartidos en todas las escuelas de Tecoh, como está
planeado; no faltará el burócrata con nombre de poeta que dado el
caso aparezca de un de repente y termine diciendo una sarta de
tonterías para intentar justificar lo injustificable.

Afortunadamente,
tampoco faltarán la asociación o el centro de investigaciones, o
ambos, que digan “esta boca es mía” y abriguen fraternal y
sororamente el trabajo de ésta maravillosa actriz y, aunque novel,
ya rigurosa investigadora.

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Sobre el autor

Egresado del Centro Universitario de Teatro de la U.N.A.M. con estudios superiores en Actuación y diplomado por el Centro Morelense de las Artes en promoción y gestión cultural. Incursioné en las artes escénicas en agosto de 1990. A partir de 1993 alterné mi quehacer teatral con la promoción cultural y la docencia. Paralelamente, también desde 1993, he colaborado para diversos medios de comunicación impresos y electrónicos, y he trabajado con instituciones de defensa y promoción de derechos humanos de segunda generación.

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