Jueves 29 de septiembre de 2016,
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México: vencer la estupidez

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OPINIÓN / Mes y medio después de las elecciones el Tribunal Electoral de México todavía tiene un mes para decidir si las anula o no

Hugo Santos Flores / Oaxonline

Sea cual fuere el fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (Trife) sobre el conflicto electoral que, 42 días después de los comicios por la presidencia de la República mantiene a México en la indefinición y material inmovilidad, vergüenza y frustración, el país se enfrenta ahora mismo a un dilema determinante.

Aún queda un mes para que el Trife se pronuncie sobre anular o no las elecciones. En tanto, el país está siendo expuesto a un terrible proceso de desgaste que no parece llevarnos a nada bueno. Seguramente la participación de 50 millones de personas en la jornada electoral del 1 de julio nos debería decir algo.

El hecho de que sean alrededor de 19 millones de mexicanos los que votaron por Enrique Peña Nieto, y cerca de 16 millones quienes lo hicieron por Andrés Manuel López Obrador, no debería significar que vivimos en una sociedad polarizada. En la democracia hay ganadores y perdedores. Se supone que todos entendemos eso.

Peña Nieto consiguió 19 millones de votos contra los 16 de su rival directo, López Obrador

Si Peña ganó la elección para presidente, y un millón de los 19 que lo favorecieron aceptaron alguna dádiva, hay otros 18 millones de peñistas que no. ¿Cómo les diría el Trife que sus votos no cuentan?, ¿y a todos los que votamos porque creímos que éstas serían las elecciones más vigiladas de la historia y que no había la menor posibilidad de un conflicto poselectoral?

México está en este momento muy cerca de la guerra civil, narcotráfico con todas sus secuelas: violencia, ejecuciones, muerte de inocentes, secuestros, extorsiones, venganzas, terrorismo; además de injusticia social, desempleo, salarios infames, falta de oportunidades para una gran parte de la población… Eso ya provoca mucho dolor, rabia y ganas de que todo se vaya de una vez al infierno.

La nación se encuentra en una encrucijada, en un punto de crisis que la obliga a detenerse sólo un momento y decidir si endereza el rumbo o se abandona al desastre. No es mucho lo que nos separa de la inviabilidad. Si tal fuera el camino, deberíamos estar dispuestos a caer y a ver caer a nuestros seres amados. Seguro que habría muchísimos muertos.

La otra salida es la más difícil: enderezar el rumbo es corregir sin destruir. Inclusive por economía, es mejor corregir que reconstruir. Se necesita inteligencia, que en México no falta; se requiere voluntad, disposición a enfrentar los costos, que ciertamente pueden ser altos; y aprovechar la tecnología, hoy tan desarrollada y accesible.

El Congreso tendrá, a partir de la próxima legislatura, una configuración que obligará a las fuerzas políticas a pactar. Los congresistas deberán responder a sus representados, que hoy, con el desarrollo de las comunicaciones, no pueden abstraerse a su deber de vigilar a sus representantes y llamarlos a cuentas, obligarlos a cumplir.

Diputados vigilados por los ciudadanos de su distrito no podrían ausentarse de las sesiones de la cámara; ya no podrían ir a dormir durante las sesiones legislativas; ya no podrían abstenerse de proponer, defender o rebatir iniciativas según la conveniencia de la gente.

No puedo aceptar que nuestro problema esté en quién debería ser presidente. El país no debería necesitar a ninguno de los dos para enderezar el camino

La gente… Muchos no saben que por la televisión, por el Canal del Congreso podemos vigilar a nuestro diputado, ver si se presentó a la sesión, si participó en los debates, qué dijo y si en verdad nos está representando en cada intervención.

El Canal del Congreso sólo es visible por cable o por Internet. Bueno: los miles de jóvenes del movimiento ‘Yo soy 132’ ya han demostrado que tienen poder frente a las televisoras. ¿Por qué no hacer que se vean obligadas a transmitir, por ejemplo, las sesiones del Congreso?

¿Por qué no hacer que los periodistas, así como cuestionan a estrellas de la tv que dan lugar a escándalos, a futbolistas que pierden un partido, cuestionen también cada semana a los diputados por lo que dicen o dejan de decir en sus intervenciones… o por no intervenir?

No puedo aceptar que nuestro problema esté en quién debería ser presidente. Según el resultado de las elecciones del 1 de julio, ganó Peña Nieto con ventaja de unos tres millones de votos —alrededor del siete por ciento— sobre López Obrador. Pero el país no debería necesitar a ninguno de los dos para enderezar el camino.

Enfrentamos, de verdad, una situación crítica, realidades indeseables y punto menos que desastrosas en casi todos los órdenes. Tiempo es de darnos cuenta de que un solo hombre no va a poder resolver todos esos problemas, de que no podemos depender de la resolución del Trife, y de que las circunstancias nos abren hoy la oportunidad histórica de intervenir.

Ahora sabemos cómo organizarnos y movilizarnos; tenemos Internet, teléfonos inteligentes y redes sociales, nos enteramos de casi todo y presumimos de ser solidarios, generosos. Ya no es apatía. El desafío es vencer la tozudez, la necedad, el hígado.

Decía arriba que la inteligencia no nos falta. Pero la estupidez también abunda. Y lo peor: que no son incompatibles. A menudo conviven y hasta suelen ser complementarias en un solo individuo.

Imagen: World Economic Forum


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