Domingo 30 de marzo de 2014,
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‘Misrata: vencer o morir’

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Alberto Arce y Ricardo García Vilanova presentan su documental sobre la toma de Misrata
Un traba donde prima la vida, donde se narra el miedo, donde se respira el valor o donde se entristece el alma

Momentos de reflexión, minutos de incertidumbre, no saber reaccionar cuando algo te toca profundamente, mientras siguen retumbando una y otra vez esas palabra: “Allah U Akbar, Allah U Akbar”, ese es el sentimiento que queda después de visionar Misrata: vencer o morir, realizado por Alberto Arce y Ricardo García Vilanova, dos compañeros, dos periodistas con mayúsculas, dos seres humanos que han arriesgado sus vidas para ser, una vez más, nuestros ojos de la guerra.

En Misrata: vencer o morir, se refleja una realidad desconocida, vidas inocentes forzadas a empuñar un fusil para alcanzar el sueño de la libertad. Este documental no puede dejar indiferente a nadie, ataca a las conciencias de todos aquellos que siguen preguntando por qué los reporteros de guerra solo reflejan la muerte; mientras ellos, seres humanos antes que periodistas, siguen batallando con palabras e imágenes para que el mundo se pregunte: ¿por qué tanta gente sigue muriendo?

Todo comienza a bordo de uno de los barcos que transportan ayuda humanitaria desde el puerto de La Valeta en Malta, allí atraviesan el bloqueo marítimo de la OTAN rodeados de kilos de spaghettis hasta llegar a su destino, Misrata. Desde su llegada los continuos bombardeos que asedian a la población de esta ciudad libia sirven como banda sonora a un documental donde ambos periodistas recorren innumerables escenarios hasta llegar a Tawarga, primera ciudad donde los rebeldes expulsan a las fuerzas de Gaddafi tras la liberación de Misrata.

El documental ‘Misrata: vencer o morir’ se estrena el próximo 10 de noviembre en La Casa Encedida de Madrid

Alejados del protagonismo típico del periodista en este tipo de documentales, Alberto y Ricardo han conseguido no solo mostrar el horror de los bombardeos, sino también el lado más humano de la guerra, ese donde el desayuno es un bocata de atún y un café con leche, ese donde el estudiante cambia las aulas por las trincheras, un mundo donde la libertad es el sueño de los que han sido prisioneros del miedo, un universo que es imposible entender si no se ha vivido, donde la juventud abraza las lágrimas de los más ancianos, donde la humanidad se refleja en cada mirada llena de pánico.

Alberto y Ricardo han conseguido que muchos se asomen al infierno de una guerra desde el calor y la comodidad de sus hogares. Pocos han sido los que han llegado a reflejar una realidad tan desconocida por la mayoría de esta forma tan cercana. James Natchwey lo consiguió en ‘War Photographer‘; Walter Astrada nos narró los recuerdos que nunca dejan de doler; Manu Brabo demostró el coraje de alguien que por encima de todo ama su trabajo; Guillem Vallé estuvo en el momento preciso para que el mundo confirmara el final de una dictadura; Amaia López de Munain y Víctor Pozo lucharon contracorriente para que el planeta mirara hacia Costa de Marfil; Antonio Pampliega y Diego Ibarra nos mostraron la muerte en vida del infierno afgano; y en Misrata: vencer o morir, Alberto y Ricardo han luchado para que en la guerra la verdad no sea la primera víctima.

Acompañando a los rebeldes, ambos periodistas se adentran hasta líneas enemigas, viven en primera persona los saqueos y ataques de las fuerzas gadafistas, caminan junto a esos seres humanos que luchan por la libertad, y nos muestran esa cara oculta que tienen todos los conflictos. Sus grabaciones en primera línea de fuego dejan sin respiración a todos los espectadores, tienen un valor especial el momento donde queda al descubierto la inexperiencia de los rebeldes en el cuerpo a cuerpo, la entrevista realizada en el hospital-cárcel a un joven gadafista y las palabras sobre política internacional de los rebeldes libios, donde comparan a Gaddafi con ETA.

Pero no todo en Misrata en vencer o morir, también hay lugar para compartir un desayuno, para reflejar esos sentimientos femeninos ocultos bajo el velo de la religión, para conocer los pensamientos de un chaval de 16 años perteneciente a las fuerzas gadafistas, para adentrarnos en el nerviosismo de aquel que arriesga su vida para informar.

Con una narración impecable, unas imágenes cuidadosamente seleccionadas, y testimonios estremecedores, este documental, sin duda, se ha ganado un puesto en la historia del periodismo de guerra. Quizás no sea valorado como debe en este país de panderetas y famosas del tres al cuarto, pero seguro que en esos otros lugares donde el periodismo no ha perdido su esencia, donde el periodista no es ninguneado por chupatintas y mequetrefes, ‘Misrata: vencer o morir’, ocupará el lugar que se merece.

Pasarán los años y la guerra de Libia será completamente olvidada, aparecerán otros conflictos, y se volverá a repetir el mismo escenario, ese donde unos pocos valientes volverán a arriesgar sus vidas para que el mundo siga informado, y ese mismo mundo volverá a preguntar: ¿por qué los periodistas siguen mostrando tantos muertos? Ese, sin duda, será el momento de volver a recordar este trabajo donde premia la vida, donde se narra el miedo, donde se respira el valor, donde se entristece el alma, donde se dan las pistas para entender que el periodismo no es solo sangre y muerte, donde dos periodistas han demostrado que en la guerra también hay humanidad. Ese, sin duda, será el momento para volver a Misrata, ese lugar donde vencías o morías, pero donde también un niño de corta edad nos despide enseñándonos que la vida sin libertad es una muerte no deseada.

En Misrata confirmé algo que ya sabía. Que España no es el lugar en el que debía buscarme la vida como periodista

Mientras la noche cae sobre nuestros hogares, sigo sin poder reaccionar ante las imágenes de Misrata, ellas han traído muchos recuerdos que inundan mis pensamientos, aquel hombre tranquilo con su sombrero de John Wayne, Malak con su mano vendada, Moussa con sus preguntas, esos rebeldes heridos, Naima y su ‘mala leche’, el hotel Mabrouk, Bright y los refugiados africanos, Fathi y sus lecciones de vida, Youssef, los empleados del hotel Sangho, las mentiras del ACNUR, el ‘club’ de los refugiados en Tataouine, los llantos de esa profesora, el temblor de las manos de las ancianas, Azru y su sueño de convertirse en periodista, Badis narrando el secuestro de su padre, Massin y su trabajo incansable, esa túnica blanca acompañando a la ceguera de unos ojos que narraban el sufrimiento de una dictadura, ese atardecer de piedras rojas, y solo deseo que Misrata y Libia sea ese lugar donde el único lema sea ‘Vivir y Soñar’.

Hace tan solo unos minutos he tenido el privilegio de hablar con Alberto, él, desde Guatemala, me dice que es provocador, algo con lo que no estoy de acuerdo ya que la verdad solo provoca a aquellos que no quieren escucharla. Ricardo y él vencieron, a pesar de que en Misrata también podrían haber muerto, qué mejor despedida que la respuesta del propio Alberto, a mi pregunta:

¿Qué es Misrata para ti, Alberto?

En las trincheras de Dafnie, un día cerré los ojos, me concentré y durante varias horas, sentí que lo que veía a mi alrededor me llegaba en blanco y negro. Rodeado de tenderos, estudiantes, trabajadores del metal o taxistas que discutían sobre si atacar por la derecha o la izquierda, ya mismo o media hora más tarde a un enemigo del que no conocían ni el número, ni el armamento, ni la posición, mientras se repartían cuatro balas por cabeza, pensé en muchos de nuestros abuelos, en el Frente de Aragón y en la revolución que se perdió en España. Me dije a mí mismo “Que la ganen. Esta hay que ganarla”. Y comencé a imaginarme también cómo babearían los cuatro irreductibles miembros del Comité Central, sentados y enfadados en sus cafés, en los cafés de siempre, tratando de que la realidad se adaptase, una vez más a sus posicionamientos, y no a la inversa. Diseñando sobre el papel la respuesta que querían escuchar de Omar y la de Mohammad y la de Ali a sus aburridas preguntas, y comenzando a definir los adjetivos con los que, como siempre, desde que se sentaron en aquel café, trataron de eliminar a los disidentes.

El sano resentimiento de trinchera y la pasión por el trabajo con amigos y compañeros del metal. Eso fue Misrata para mí

En Misrata confirmé algo que ya sabía. Que España no es el lugar en el que debía buscarme la vida como periodista. Aprendí a que dejase de dolerme pensar en la negativa categórica y sistemática con la que los medios españoles reciben el periodismo que les envían los freelances. Comencé a interiorizar que el problema no lo tenía yo sino ellos, que nunca tienen 300 euros para pagar una crónica desde el frente pero sí tienen miles de euros para pagar conexiones en directo vía satélite de gente que lo cuenta desde la azotea de un hotel y leyendo teletipos por Internet.

Aprendí también que más allá de los negociantes que tiran su dinero en periodismo basura, están los pufistas que publican tu trabajo y nunca te lo pagan y las estrellas que lo hagan bien o mal, ya han labrado su futuro en mesas bien servidas de la capital y recibirán premios por no estar, o equivocarse, o llegar tarde o copiar a los demás.

Aprendí también que el periodismo se hace pese a la prensa, sin dinero y con ganas. Aprendí que Manu, Guillem, Pradilla, Ricardo, Eduardo, Omar y compañía somos más, tenemos más paciencia y nos traten como nos traten, siempre encontraremos nuestro espacio. Lejos, a ser posible, y en el extranjero, para que no nos salpiquen con su periodismo agradecido. El sano resentimiento de trinchera y la pasión por el trabajo con amigos y compañeros del metal. Eso fue Misrata para mí.

Alberto Arce, Periodista y Ser Humano

Misrata: Vencer o Morir se estrenará el próximo día 10 de Noviembre en La Casa Encedida de Madrid, una cita que sin duda nadie debe perderse.

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Trailer Batalla de Misrata from Medina Media on Vimeo.

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Trailer Misrata: Vencer o Morir, por Alberto Arce y Ricardo García Vilanova


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Sobre el autor

1 comentario

  1. marta23 14/11/2011 en 15:34

    el documental es claro y arriesgado.muestra una libia que nunca nadie nos ha mostrado tan de cerca, del lado de los rebeldes y por fin muestra los daño en las casas de los civiles, eso que no aparecía en ninguno de los reportajes de la televisión convencional.

    mi enhorabuena!!! estuve en el estreno en la casa encendida y creo que en la semana de la solidaridad de la universidad autónoma de madrid, se podrá volver a visionar

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