Miércoles 07 de mayo de 2014,
Bottup.com

Neópatas, de la mitomanía al crímen

1 punto2 puntos3 puntos4 puntos5 puntos6 puntos7 puntos8 puntos9 puntos10 puntos (Valora el artículo)
Image
Pekka-Eric Auvinen y Cho Seung-hui.

Reportaje

Mientras algunos se decantan por métodos de inocente exhibicionismo,
otros toman medidas más drásticas para satisfacer -gracias la nueva ‘Red social’- sus ansias de fama

Image
La nueva web social ofrece un escaparate cada día mayor

Recurrentemente hace falta añadir nuevos capítulos a la
historia de la criminología y a los comportamientos psicopáticos.
Obviamente, la irrupción masiva de Internet, inevitablemente, trajo
aparejado el surgimiento de una importante serie de nuevos
comportamientos. Así es como aparecieron los neópatas, jóvenes que se
apoyan en la Red para lograr reconocimiento público. El problema es
cuando son capaces de cometer delitos para conseguir sus pretensiones.

“En el futuro todos
tendrán sus 15 minutos de fama”, vaticinó durante los años 60s el
afamado artista Andy Warhol, ironizando pero también jugando un poco a
ser profeta de lo que finalmente, de un modo u otro, sucedería
eufemísticamente. El músico Momus incluso se atrevió a ir más allá y
reversionar la frase del papa del pop: “en el futuro todos serán
famosos para 15 personas”, sentencia más acertada aún y más acorde a
los tiempos que corren.

Las TICs (tecnologías
de la información y la comunicación) fueron un salto fundamental para
que esta generación de jóvenes con claras tendencias narcisistas
encontraran el amparo necesario para lograr difusión. Más que nunca
aquello de los 15 minutos de fama estuvo tan cerca de ser real.
YouTube, MySpace, Facebook, Tuenti. fotologs, blogs. Cualquier red
social es buena para comenzar a lograr la fama y el reconocimiento de
los pares sin la filosofía del esfuerzo.

Así es como una nueva
generación se cierne sobre el planeta. Algunos la llaman la “Generación
YouTube”; otros, prefieren ser un poco más explícitos: “Generación Yo”,
un latiguillo bastante asertivo como para elucubrar una aproximación a
la característica principal de comportamiento de muchos adolescentes (y
adultos también). Las modalidades que todos adoptan para conseguir
satisfacer sus excesos de egocentrismo no son para todos iguales.
Mientras algunos se decantan por métodos de inocente exhibicionismo,
otros toman medidas más drásticas para satisfacer sus ansias de fama.

Para comenzar a hablar
de la inserción criminal dentro de Internet, también hay que hacerlo
del perfil primario de este inconveniente: el netópata. Básicamente, la
netopatía es una forma de definir a aquellas personas que utilizan la
red para expresar su agresividad, tensiones, trastornos neuróticos,
trastornos psicóticos, esquizofrenias, delirios o cualquiera otra
cuestión que pudiera ser proyectada a través de la red. O sea: personas
que no tienen una vida social demasiado rica, que encuentran en el
anonimato de la red el medio perfecto para canalizar sus frustraciones.

Son personas
que no tienen una vida social demasiado rica, que encuentran en el
anonimato de la Red el medio perfecto para canalizar sus frustraciones
Si esta generación de
neópatas se caracteriza por algo, es por su ausencia de referentes
fuertes

Carácterísticas específicas

Pero los neópatas
específicamente son aquellos que, además de encontrarse encuadrados
dentro de esta clase de circunstancias, tienen una fuerte tendencia a
intentar experimentar la fama a cualquier precio. En ellos vive una
extraña dualidad: tienen algo de paranoides y un poco de psicópatas,
pero no terminan por definir un comportamiento propio de ninguno de
estos trastornos de la personalidad. Buscan la fama a cualquier precio,
ya que crecieron dentro de una generación que les impuso cierta visión
frívola de la vida. Y así es como terminan tramando actos que de otro
modo jamás hubiesen realizado.

¿Y cuáles son sus actos
habituales y medios disponibles? Todos los que vienen implícitamente
ligados a Internet. Seleccionar víctimas para violaciones a través de
redes sociales, lo que además les permite hacer un estudio previo de la
víctima; emplear esa enorme cadena de televisión global y al alcance de
cualquiera que es YouTube para difundir “hazañas” tales como golpear a
un inmigrante, humillar
a un compañero de colegio o realizar actos vandálicos en el metro;
optan por difamar u ofrecer sexo haciéndose pasar por terceras personas
a través de portales de anuncios o foros; cometen delitos informáticos
creyendo ser experimentados hackers; lanzan insultos y amenazas de
muerte amparados en el pseudo-anonimato que ofrece la red. Así, hasta
llegar a anunciar masacres en el mencionado YouTube, que ya ha sido
testigo de varios casos de estas características.

Si esta generación de
neópatas se caracteriza por algo, es por su ausencia de referentes
fuertes. Muchos de estos jóvenes también sufrieron en cierto momento
algún tipo de abuso como bullying, problemas familiares, timidez y un
largísimo etcétera pero ninguno tiene un punto de inflexión
determinante. Su peor influencia es que son ególatras prácticamente
desde la cuna. Y con tal de obtener reconocimiento son capaces de
realizar cualquier cosa, incluso delitos.

Si bien coinciden con los psicópatas
en un punto importante (el no medir las consecuencias de sus actos),
también tienen una clara diferenciación del perfil más caracterizado de
los mismos: cometen demasiados errores y dejan pistas por el camino
que, tarde o temprano, terminan con su detención. Es, justamente, en su
inmadurez, su inestabilidad y su debilidad donde entran a mostrar lo
peor de sí hacia los demás, en otro descarado intento de autopromoción,
pero olvidándose que los expertos saben detectar con facilidad a quien
emplea la red para realizar actividades delictivas.

Coinciden con los psicópatas
en no medir las consecuencias de sus actos, pero se diferencian en que cometen demasiados errores
que, tarde o temprano, terminan con su detención

 

Para señalar, los
momentos más paradigmáticos en cuanto a criminalidad de toda esta
generación, hay que remitirse a un puñado de casos que tienen bastantes
rasgos comunes. Hay mucho de imitación, mimetismo, en este tipo de
actitudes. Aquellos jóvenes que buscan reconocimiento no temen en
intentar superar lo que han hecho antecesores suyos. Así es como se ha
desatado una nefasta fiebre post-Columbine que ya ha traído
consecuencias irreversibles en varias partes del mundo. Y todos se han
valido, de una forma u otra, de Internet para exponer sus argumentos.

Uno de los primeros fue
Cho Seung-Hui, el coreano responsable de la masacre de Virginia Tech,
quien ya se había encargado de poner en circulación su aviso previo. Lo
siguió el finlandés Pekka-Eric Auvinen, quien se dio el lujo de
anunciar su matanza un día antes, pasando su video de YouTube
inadvertido para los moderadores de contenidos.

Luego se encargó de
repetir el mismo modus operandi otro finés, Matti Juhani Saari. ¿El
resultado? Decenas de muertos aquí y allá; y una misma imagen que se
repite en los tres asesinatos: un arma apuntando hacia delante, un
rostro desencajado y la sensación de que ese mensaje estuvo al alcance
de cualquiera, pero nadie fue lo suficientemente sagaz como para
detectarlo a tiempo. El fiel reflejo de una juventud confundida, sin
valores, y que tiene por delante el nada fácil dilema de lograr la fama
a cualquier precio. Aunque, a veces sus métodos no sean los mismos que
estipulan las normas básicas de comportamiento en sociedad.


Más información:
Caso Abierto

{mos_sb_discuss:2}

¿Te gustó este artículo? Compártelo

Sobre el autor

Responsable técnico.

Participa con tu comentario