Domingo 25 de septiembre de 2016,
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Nicaragua: el país de los infortunios

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Centro de la ciudad de Granada

FOTOGALERÍA / Quizá pocos países como este hayan tenido en su historia reciente tantos episodios traumáticos: crueles dictadores, terremotos, guerras, revoluciones, contra-revoluciones, huracanes, inundaciones y hasta volcanes en erupción

El país más grande de Centroamérica, bañado por las costas del Atlántico y del Pacífico, es uno de esos países al que quizá la suerte le haya sido esquiva al menos en su historia más reciente. Considerada una de las naciones más pobres del mundo, Nicaragua ha tenido que sufrir desde desastres naturales (algo de momento incontrolable por el hombre) hasta situaciones sociales de extrema gravedad (en este caso no motivado por la suerte, sino por la avaricia y crueldad del ser humano).

Así es, los nicaragüenses no sólo han sufrido en sus propias carnes los efectos de terremotos, huracanes, erupciones volcánicas y grandes inundaciones, sino que además se han tenido que someter a la avaricia de crueles dictadores casi siempre respaldados por su gran vecino del norte, los omnipresentes EE.UU.

Los nicaragüenses no sólo han sufrido en sus propias carnes los efectos de terremotos, huracanes, erupciones volcánicas y grandes inundaciones, sino que además se han tenido que someter a la avaricia de crueles dictadores

Por lo tanto, cuando uno intenta analizar el ‘mal fario’ de este país, se da cuenta de que muy posiblemente su situación actual no se deba al caprichoso azar del destino, sino que probablemente su pobreza extrema esté motivada por ese pequeño porcentaje de oligarcas que por lo que parece han vendido su país al mejor postor.

Recuerdo que en el año 1979, triunfo de la revolución sandinista, yo contaba con apenas quince años de edad, pero, sin embargo, mi afán por el derrocamiento de Somoza aumentaba día a día al comprender las crueldades realizadas por éste. Ya no sólo era la pobreza material a la que había condenado durante años a su pueblo, sino que por desgracia Nicaragua contaba por aquel entonces con un altísimo índice de analfabetismo e incluso, este nefasto dictador, parece ser que se enriqueció también con la ayuda internacional que llegó al país como consecuencia del devastador terremoto de 1972.

Sí, durante el año 1979 seguí día a día todas las informaciones que se ofrecían en los telediarios sobre el curso de la revolución, y todavía recuerdo hoy en día con enorme emoción el triunfo de dicha revolución con la toma del palacio presidencial de Somoza (por cierto, según se dijo, los sótanos del palacio se utilizaban como mazmorras para los prisioneros políticos, lo cual años más tarde he plasmado, en cierto modo, en mi novela ‘La República dependiente de Mavisaj‘).

La revolución nicaragüense fue una de esas revoluciones en las que uno cree que servirá para empezar a cambiar el mundo, pues hasta los EE.UU. decidieron finalmente dejar de lado a Somoza (posiblemente pensaba eso como consecuencia de la inocencia de la juventud). Pero claro, todo era un espejismo, como casi siempre, pues parece ser que lo que ocurrió en realidad, y sólo de forma momentánea, fue simplemente la voluntad de no seguir interviniendo de Jimmy Carter, uno de los pocos presidentes con una gran humanidad que ha tenido los EE.UU. (hoy en día Carter es un reconocido defensor de los DD.HH.). En efecto, fue un simple espejismo, puesto que con el triunfo del republicano Ronald Reagan el pueblo nicaragüense tuvo que sufrir de nuevo la intromisión del gigante del norte. Reagan destinó fondos para combatir al gobierno sandinista, un gobierno que en poco tiempo había conseguido alfabetizar a una considerable parte de la población, además de haber intentado sacarla de la miseria extrema.

Reagan destinó fondos para combatir al gobierno sandinista, que en poco tiempo había conseguido alfabetizar a una considerable parte de la población, además de haber intentado sacarla de la miseria extrema

Según diversas informaciones, durante aquellos primeros años del mandato sandinista una gran parte de los recursos se destinaron para la reconstrucción del país así como para dotar de una mínima calidad de vida a sus habitantes. Pero con la creación de ‘La Contra’, apoyada por la administración Reagan a través del ‘Irangate’ (a pesar de ser su acérrimo enemigo, según parece le vendían armas a Irán para financiar a la ‘Contra nicaragüense’), una considerable parte de los recursos se destinaron para defender las fronteras del país. Sí, al menos en aquellos primeros años, ilustres nombres como Ernesto Cardenal consiguieron dar esperanza al pueblo, un pueblo apoyado por aquella Teología de la Liberación a la que tanto odiaban no sólo los grandes terratenientes del país, sino hasta el propio Vaticano (no hay más que recordar la reprimenda pública de Juan Pablo II a Ernesto Cardenal, algo que, curiosamente, parece que no sucedió con dictadores latinoamericanos de aquella época). Por cierto, como anécdota les diré que en aquella época muchos ciudadanos estadounidenses no sabían qué era ‘La Contra’, llegando alguno de ellos a creer que se trataba de un grupo de rock (como verán, los estadounidenses sí están alfabetizados, pero según parece muchos de ellos de cultura general…).

Después de esto, y por no extenderme demasiado, simplemente se debe decir que llegaron aquellas elecciones en las que el pueblo nicaragüense, según parece ante los constantes ‘chantajes’ de la oligarquía (que años antes ya había empezado a tener de nuevo el control del país debido a las medidas privatizadoras y neoliberales de Violeta Barrios de Chamorro al sustituir en el poder a los sandinistas), decidió otorgar el gobierno a Arnoldo Alemán, aquel presidente acusado de corrupción que de nuevo situó al país en el lugar en donde se encontraba años atrás, es decir, sin esperanza y en la miseria más absoluta (este tipo parece que sí tuvo vía libre por parte de los EE.UU. para acceder al poder).

Pero claro, ustedes ahora pensarán, y con toda razón, que después de esto han vuelto a mandar los sandinistas y el país sigue sin salir de la miseria, a lo cual yo tan sólo les diré lo que me comentó un joven sandinista cuando hace unos cuatro años visité aquel país. “Yo siempre he sido y sigo siendo sandinista”, me dijo, “pero estoy totalmente en contra de Daniel Ortega y de toda la corrupción que sigue existiendo en este país. Y no soy sólo yo, sino muchos más sandinistas los que pensamos de esta forma. El sandinismo es luchar por el pueblo, por las clases humildes, por eso sigo siendo sandinista, pero votar a Ortega para mí ya no significa lo mismo”, acabó diciéndome (cabe destacar que ilustres e históricos sandinistas fundaron en su día el MPRS, Movimiento Por el Rescate del Sandinismo).

De no haber existido ‘La Contra’ probablemente hombres comprometidos con los más humildes hubieran conseguido de la mano del sandinismo que este país no siguiera siendo uno de los más pobres de la Tierra

No sé, ustedes son libres, evidentemente, de pensar lo que quieran, pero yo, que he intentado informarme de la realidad de este país (al igual que de tantos otros), personalmente estoy de acuerdo con aquel joven sandinista en que, según parece, el señor Ortega no se ha comportado como aquellos sandinistas que ganaron la revolución. Y también pienso, o al menos quiero pensar, que de no haber existido ‘La Contra’ muy probablemente hombres comprometidos con los más humildes, como por ejemplo Ernesto Cardenal, hubieran conseguido de la mano del sandinismo que este país centroamericano llamado Nicaragua no siguiera siendo hoy en día uno de los países más pobres de la Tierra.

Pero si me lo permiten, y por no acabar este artículo con un regusto amargo, les dejo con algunas imágenes de la hermosa ciudad colonial de Granada, así como también del activo volcán Masaya, pues sin lugar a dudas este hermoso país y todas las gentes que lo habitan se merecen una oportunidad para salir de la miseria y quizá el turismo y sus grandes recursos naturales puedan contribuir a ello.

Víctor J. Maicas es escritor

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Editado por la Redacción: Subtítulo

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Sobre el autor

Viajero incansable y escritor, mis novelas publicadas son “La playa de Rebeca”, “La República dependiente de Mavisaj”,“Año 2112. El mundo de Godal” y "Mario y el reflejo de la luz sobre la oscuridad". Son, principalmente, novelas comprometidas y de crítica social. Además, he escrito artículos para la prensa escrita así como también para diferentes publicaciones digitales. En la actualidad soy miembro del Consell de Cultura de la ugt-pv y socio o colaborador de diferentes ONG’s

1 comentario

  1. Michelle Virginia Simpson Alemán 16/05/2013 en 18:22

    Y como si pudieran darse el lujo de restringir el acceso a la información a los comunicadores sociales de la región, este martes 14 de mayo, a nuestra salida de ese país, un funcionario de migración, abusando de su escasa autoridad, pretendió retener nuestro pasaporte y ante nuestra protesta, nos prohibió el ingreso por espacio de un mes. Esto ocurrió tras habernos identificado como periodistas en tránsito hacia Panamá. ¿A dónde irán a terminar cuando el gobierno costarricense se canse de las arbitrariedades de los funcionarios y delegados de ese país?

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