Viernes 09 de diciembre de 2016,
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No es fácil ser un buen político

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Nosotros, como
ciudadanos, no somos al parecer una mejor alternativa frente a ellos, pues
también somos corruptos y deshonestos

Opinión

No es fácil
ser un buen político, de hecho me atrevería a decir que en estos tiempos ya es
casi imposible serlo, pues lo complejo de este asunto resulta de la dificultad
de poder ser una buena persona y, por consiguiente, un buen ciudadano. La
pregunta es: ¿quién realmente en estos tiempos está preocupado por serlo?,
¿cuántos de nosotros tenemos la intención y nos esforzamos día a día con este
propósito?

Todos han
comprado la teoría de que la vida personal no tiene absolutamente nada que ver
con el trabajo que se desempeña, y esa es una grave mentira
Si miramos a nuestra sociedad (…) muchos llegaríamos a la
conclusión de que la corrupción parece ser la única opción para sobrevivir
Ser buena
persona implica una ardua labor, que por naturaleza se vuelve exigencia, ante
la cual muchos nos estamos volviendo sordos

Algunos se preguntan qué relación tiene la vida personal con el oficio de ser
político, pero desgraciadamente es ahí donde radica el principal problema, de
lo desvirtuada que se encuentra esta noble labor ya que todos han creído o han
comprado la teoría de que la vida personal no tiene absolutamente nada que ver
con el trabajo que se desempeña, y esa es una grave mentira que nos está
llevando a perder todo lo que como nación, sociedad y seres humanos podemos
lograr.

Si miramos a nuestra sociedad y reflexionamos un momento en lo difícil que
muchas veces nos resulta como ciudadanos ser honestos y, por consiguiente,
coherentes con nuestros actos y pensamientos, muchos llegaríamos a la
conclusión de que la corrupción parece ser la única opción para sobrevivir, y
sobre todo, para alcanzar lo que anhelamos: bienestar económico y un mejor nivel
social, pues con trabajo arduo y esfuerzos nobles nunca llegaremos a
obtenerlos, o tal vez tardemos mucho, mucho, mucho tiempo.

Irónicamente casi todos quieren ser políticos, pues pareciera que son los
únicos que tienen la posibilidad de
prosperar rápido y sin el mayor esfuerzo.

No es necesario un título universitario, ni tener una historia profesional que
avale el trabajo; no se tiene un jefe que exija un horario a cumplir ni mucho
menos a quien rendirle cuentas. Son libres de actuar y proceder, las leyes los
protegen y pueden usarlas para obtener lo que deseen. Su sueldo no está en
proporción a su capacidad ni mucho menos a lo que rindan, representan a un
partido, no a la sociedad. Y por último, no olvidemos las buenas relaciones, tan
necesarias para conseguir después de la carrera política un buen puesto que
sostenga y mantenga el tren de vida adquirido hasta el final de sus días.

Algo que llama mi atención en las personas que alcanzan el poder en un puesto
político o como funcionarios públicos, es la necesidad de rodearse de personas
que les digan que sí a todo, sin importar si están cometiendo un error, o si
van a fracasar en lo que emprendan, y esto me recuerda al cuento famoso del
“traje del emperador”, en donde todos los que están a su alrededor le dicen que
el traje le queda estupendamente, pero todos los ciudadanos estamos viendo que
en realidad el emperador camina desnudo por las calles.

La mayoría de los políticos son personas que tienen la capacidad impresionante
de negar la realidad y de desvirtuarla muchas veces a su total conveniencia, y
aun así conservan la sangre fría de convencer a quienes los observamos día a
día detenidamente de que no lo hacen queriendo presentar sus verdades como la
total realidad.

En la democracia todos somos políticos, nadie puede excluirse, todos
participamos del bien común de la sociedad: con nuestras actitudes, sueños y
valores. Así mismo no podemos hablar todo el tiempo de que los políticos son
corruptos y malos, pues lo son por que nosotros dejamos que lo sean, por que
estamos fracasando al elegirlos y controlarlos, y por que nosotros como
ciudadanos no somos al parecer una mejor alternativa frente a ellos, pues
también somos corruptos y deshonestos.

Podemos concluir que ser buen político es bastante complicado, ya que ser buena
persona implica una ardua labor, que por naturaleza se vuelve exigencia, ante
la cual muchos nos estamos volviendo sordos.

 

*Los artículos de Nodo Libre sólo representan el punto de vista de su autor, no el de Bottup. Bottup es una comunidad de centenares de periodistas ciudadanos con su propio criterio, que la Redacción nunca puede coartar

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Sobre el autor

2 Comentarios

  1. Anónimo 25/05/2009 en 23:57

    DESPERTEMOS AL PERU
    Este titulo es par que toodos los ciudadanos`peruanos, pero verdaderos peruanos despertemos por qu nois deajamos humillar con estos polticos por que no nos damos cunat que nuestra dignidad no tiene presio estare luchando por esto soy pablo stiven davila grasias

  2. Anónimo 23/06/2008 en 9:47

    Entiendo, o veo, tres caminos de interés en tu estimulante envío, pero yo quiero ceñirme estrictamente a uno.

    Vincula con “las buenas personas”, es decir las que no necesitan, o han decidido no usar, de la mentira, o el disimulo, para vivir.

    Una persona formada, suelen ser buena persona, en el sentido al menos, de que se siente seguro, se conoce levemente y suele tener poco que ocultar.

    Esto suele facilitar la capacidad de compromiso y el concepto de responsabilidad también.

    Es responsabilidad de las personas que se dirigen al hacer público saber que, de alguna forma, son espejo de quienes representan, que su comportamiento, sus modos y sus formas va a incidir en la sociedad y la va a modificar.

    Los gobernados tienden a imitar a los gobernantes.

    Pero no hay ninguna voz, desde ningún ámbito público capaz de señalar que la moral de los tiempos es el resultado, en al menos en un 20%, del comportamiento de quienes mueven los resortes de una comunidad.

    (el otro 80% a repartir entre la TV y la falta de esfuerzo, o capacidad, o adiestramiento personal en entender compromiso y responsabilidad)

    En democracia no todos somos políticos, muchos no lo seríamos jamás, del mismo modo que jamás seremos astronautas o mineros, sencillamente por que no está en nuestro plano de realidad inmediato.

    Las responsabilidades están claramente diferenciadas y los políticos seguirán disminuyendo en calidad humana a medida que aumente nuestra frustración y desánimo por sus continuos y persistentes descaros y su muy asombroso concepto de la honestidad, moral y ética.

    Me ha gustado, y estimulado, leerte.

    Saludos.

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