Sábado 03 de diciembre de 2016,
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Nos hemos quedado sin pájaros

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Pero no sin esos que se hacen fuertes en el poder. Siempre hay excepciones, como Labordeta, que nos dejó hace sólo dos días

Echando un vistazo a determinados diarios digitales, y previamente intentando modificar mi sobredosis de realidad pagana diaria, con uno de los exquisitos temas de Serrat, en este caso con ‘Hoy puede ser un gran día’, caí en la pueril utopía de pensar que el siguiente titular en la sección de noticias del lector, “Nos hemos quedado sin pájaros’, se refería a esa clase social de nuevos ‘yuppies’ impersonales; de esos que pasaron de ser simples plebeyos sociales y culturales a convertirse de la noche al día y con la ayuda de ocultos aprendices aventajados de lobbies que fiscalizan y cautivan el futuro indigno de estos trágalas, en grandes patricios ostentosos y conocidos en el amplio mundillo de este rastro inmoral y atípico de compadreos, de gente V.I.P., que rompe normas y hace excepciones ante las pautas, colas, protocolos ciudadanos múltiples;  trepas, palmeros, amnésicos selectivos voluntarios cuando antes prometieron el maná a los ‘burdos y vulgares’ ciudadanos de a pie; autocegatos cuasi definitivos, excepto en fechas claves para seguir acomodados en sus poltronas, al más puro estilo ‘Señor de los anillos’; ‘correctos’ a más no heder en su puestos pretenciosos con intentos de vitalismo caciquil, lameculos sensibleros, especialmente proactivos con niños acompañados de padres; con viejecitas enclaustradas y granjerizadas en residencias impersonales, frías y distantes con la enorme soledad de quienes se sienten enjaulados.

Embrutecidos y poco humanos les convierte en casi enemigos públicos de una ciudadanía atrapada en una crisis que crearon los primeros; no sólo económica, sino también social, ética, humana y deontológica

También ahora apostando por el bien de las masas ingentes de inmigrantes que en tierra de nadie, pero muchos ya establecidos en suelo hispano, son votantes en potencia y, por tanto, interesantes pacientes para ser redimidos de sus apresadas miserias a costa de un sencillo voto cautivo, que generará promesas y ‘casi’ garantías de alejar todos sus males.

Eso sí: siempre en sintonía con fechas próximas al posible contrato que pegará sus nalgas, a ser posible con una efectividad cercana al loctite práctico, a ciertos asientos de poder; al menos durante cuatro años, si es que algún escándalo de cohecho, prevaricación, malversación de fondos u otros menesteres les obliga finalmente a dejar antes de esa treta legal pero injusta y poco ética fecha, esa silla de prestigioso status económico y de semillero de tráfico de influencias; que no social, pues la peste ética y el Síndrome de Diógenes generalizado de estos tipos zafios, embrutecidos y poco humanos les convierte en casi enemigos públicos de una ciudadanía atrapada en una crisis que crearon los primeros; no sólo económica, sino también social, ética, humana y deontológica.

Tras pasar del titular al breve escrito de este señor, enseguida aterricé y caí de ese castillo existente en el aire, que con bellas ilusiones y positivismo, el maestro Serrat había creado en mí. Bien es cierto que previamente, por momentos, quise escapar de esa cruda realidad, de ese esperpéntico boceto que conforma nuestra podrida realidad social y política española, para creer que algún maravilloso virus benigno había acabado con tanto corrupto sin escrúpulos, con tanto pájaro encorbatado; fuesen mirlos, grajos o hurracas buscando botín.

El breve escrito decía así:

“¿Se han dado cuenta que ya no se oye a los pájaros? Esta mañana, mi calle, la avenida de Alemania, estaba llena de pájaros muertos y su trinar se había enmudecido.”

Nos ha dejado José Antonio Labordeta, todo un señor, más que moleste a mucho enviado a la mierda, que hoy día serían muchos más, me temo

Crédulo de mí. Por un momento había pensado que esos pájaros no se trataban de aves, víctimas de la polución, la degradación del medio ambiente o la toxicidad de quienes permiten envenenar lentamente nuestros pueblos y ciudades; sino esos de los que previamente  describí, de esos que vuelan de otra forma distinta aunque más bien reptan, empujan, trepan;  de esos que nos joden el día a día con sus tretas políticas y sus infames puestas en escenas, con tal de arrebatarnos nuestra mísera realidad, cambiándola por oasis artificiales de bellos supuestos, en forma de cautivos y falsos proyectos sociales con tal de que les donemos nuestras ignorantes perspectivas en forma de votos secuestrados y esclavos; al menos por el espacio de un cuatrienio.

Cierto es que, aunque muy pocas excepciones, siempre hay quienes tienen una dignidad muy por encima del costumbrismo típico de estos ‘pájaros’. Por ejemplo, un caballero ejemplar: José Antonio Labordeta, que nos dejó hace escasas horas muy a su pesar, al menos a aquellos que valoramos ese alto grado de consecuencia y honestidad personal, política y profesional.

Sin duda alguna, quedará en nuestras memorias como un ave atípica de sencillos vuelos, pero majestuosos por su proceder y su paralelismo entre praxis y tesis. Descanse en paz.

Os dejo con un indicador de su verdadero talante. Reitero, todo un señor, más que moleste a mucho enviado a la mierda, que hoy día serían muchos más, me temo.

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Fotografia (CC): G. López


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1 comentario

  1. Vagabundo 21/09/2010 en 15:04

    Un gran personaje, de los que dejan buenos recuerdos, gratos y duraderos

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