Domingo 04 de diciembre de 2016,
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Noviembre de 2011, mes de muchos santos

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OPINIÓN / Si votar para elegir mis representantes nacionales no soluciona mis problemas porque no tienen competencias ni libertad de acción, pues yo quiero votar donde se toman las decisiones

La mayoría de los españoles empieza el mes de noviembre acudiendo a los cementerios para cumplir con la tradición de llevar flores a los familiares fallecidos. Entre tantos difuntos, todos nos transformamos en santos, casi en muertos: “has visto el pobre, con lo joven que era”, “y éste, qué pena, con la buena persona que era”, “cuánto egoísmo en vida para terminar todos aquí”, “esta vida es una mentira”. Siempre los mismos comentarios de resignación.

Ningún gobernante se ha llevado un euro al bolsillo, todos son Santos. Todos han trabajado desinteresadamente en pro del estado de bienestar, nadie sabe cómo llegó la crisis, pues todos son Inocentes

Pero este año, noviembre lleva sorpresa. Además de la tradicional rutina, este mes de noviembre tiene el día 20 otro santoral, el de los Santos Inocentes, las Elecciones Generales. Ningún gobernante se ha llevado un euro al bolsillo, todos son santos. Todos han trabajado desinteresadamente en pro del estado de bienestar, nadie sabe cómo llegó la crisis, pues todos son Inocentes. Todos los candidatos repiten: “los culpables de la crisis son los otros, votadme a mí, yo prometo circo, pan y agua para todos”.

Si creen que exagero, pues lean los programas electorales y verán que sólo sirven para limpiarse… la nariz. Igual que hizo Zapatero, Rajoy seguirá su programa hasta que su guionista le exija lo contrario. Y los demás candidatos, pues menudo problema si llegasen a ganar. Los nacionalistas periféricos siempre llevan el mismo programa, que consiste en acrecentar sus diferencias culturales para garantizar sus privilegios económicos por encima de los demás españoles, y la otra izquierda, pues le falta artillería pesada para enfrentarse al capital globalizado y le sobra intelectuales románticos acomodados.

Igual tenemos lo que nos merecemos. Es más cómodo pensar que nuestros gobernantes son Santos e Inocentes que participar en política y cuando creemos que nos engañan, pues con decir que todos son iguales es suficiente para justificarnos y engañarnos a nosotros mismos.

En el cara a cara televisivo, los cinco millones de parados y la herencia de Zapatero fueron un lastre demasiado pesado para Rubalcaba. Rajoy solucionó y aseguró toda la inversión pública en sanidad, educación y pensiones con la creación de puestos de trabajo, es decir el cuento de la lechera: si los cinco millones de parados trabajan, pues consumen más y el Estado ingresa más por cotizaciones a la Seguridad Social, por IRPF y por IVA. Y si no se crea empleo, pues el cántaro de leche se rompe y nos quedamos peor que ahora. Tampoco dijo si la creación de empleo se conseguirá repartiendo pobreza o generando riqueza, dilema importante para saber quiénes serían los beneficiarios, el capital, el trabajo, ambos o ninguno. Triste balance para ilusionar a los votantes. Lo más decepcionante fue que ninguno de los dos candidatos, con posibilidad real de formar gobierno, puso en duda las instituciones y las directrices de la Unión Europea.

Debería votar para elegir el Presidente de la República Francesa y la Canciller Alemana, porque son los que nos gobiernan. Pero no lo quiero. Quiero elegir mis representantes y mis gobernantes en las instituciones de la Unión Europea

Desde la caída del Imperio Romano de Occidente, siempre han surgido países que han pretendido recomponer el Imperio bajo su tutela. España, Inglaterra, Imperio Austro-Húngaro, Francia y Alemania se enfrentaron en guerras sangrientas y costosas para unificar Europa, ninguno tuvo éxito. Pues bien, lo que no consiguieron los ejércitos más poderosos del mundo, lo han conseguido los neoliberales de forma pacífica.

Tiene su lado positivo y tenemos que admitir que el ‘mercado’ ha sido el único capaz de poner de acuerdo a todos los europeos por encima de las nacionalidades y las ideologías, y sin guerras. El lado negativo es que la soberanía popular y la democracia son ficticias, y el estado de bienestar peligra. Los neoliberales no lo hubiesen conseguido sin el liderazgo de alemanes y franceses que han sabido apoderarse de las instituciones no democráticas de la Unión Europea.

Ahora se impone el siguiente paso, que es democratizar las instituciones de la Unión para garantizar el estado de derecho y de bienestar. Si votar para elegir mis representantes en mi ayuntamiento, mi comunidad autónoma y mi país no soluciona mis problemas porque ellos no tienen competencias ni libertad de acción, pues yo quiero votar donde se toman las decisiones. Debería votar para elegir el Presidente de la República Francesa y la Canciller Alemana, porque Sarkozy y Merkel son los que nos gobiernan. Pero no lo quiero. Quiero que Europa sea un verdadero Estado con su Constitución democrática donde los europeos sean ciudadanos de pleno derecho y no súbditos pasivos y a merced de los mercaderes neoliberales. Quiero elegir mis representantes y mis gobernantes en las instituciones de la Unión Europea. Los muertos están en el cementerio, nosotros estamos vivos y es hora de despertar de esta pesadilla que todos llaman ‘crisis’, cuando en realidad es una Revolución Neoliberal.


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