Miércoles 07 de diciembre de 2016,
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Nuestros ojos no pueden comprender

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En pleno siglo XXI no se puede comprender que todavía persistan las desigualdades que permitan que millones de personas sigan muriendo de hambre

Nuestros ojos no pueden comprender lo que observan en esta imagen impactante: un niño pobre comiendo migajas de pan esparcidas sobre el suelo; mientras, un ave espera… Es la pobreza y después la muerte por inanición, que persiste en los comienzos del siglo XXI, aunque esta imagen pertenezca al siglo pasado. ¿Hasta cuándo hemos de consentir la muerte por inanición? A los demás nos sobra de todo en nuestras casas… Y a todo esto llamamos cultura (cultura de la muerte, diría uno), globalización, libertad, democracia, derechos humanos, igualdad de oportunidades… ¡Mentimos como villanos!

¿Hasta cuándo hemos de consentir la muerte por inanición? A los demás nos sobra de todo en nuestras casas

A la vista de la penuria económica por la que estamos atravesando, a la vista de tanta pobreza de seres humanos que tienen sus dormitorios en las propias calles, a la vista de tanta guerra fomentada y propiciada por los grandes fabricantes de armas (EE.UU., Alemania, Francia, Reino Unido, España…), a la vista de tanta injusticia social que no permite trabajar a quienes tienen necesidad de hacerlo dentro de una economía de libre mercado imperante en el mundo entero, a la vista de tanto y tanto ‘despido libre’…: hemos de preguntarnos si, en verdad, existe algo llamado y nombrado como ‘progreso’ y dónde se encuentra éste, para hacer revivir una historia universal de la humanidad que sea vinculante con todos los países del mundo, y que marche en una dirección sola.

Esta historia universal de la humanidad sería coherente si respetase y estableciese los tres escalones o peldaños en los que ha de asentarse cualquier sociedad democrática que se precie de serlo, a saber: clase alta, clase media y clase baja.

Todo son miedos y mentiras, todo son mentiras y miedos que marchan unidas en un perfecto engranaje que nadie sabe a dónde nos conducirá. Son el bien y el mal juntos, hermanados, que se dan la mano para pasear por estos mundos de Dios, y que siembran de crespones negros, a modo de agujeros, la geografía universal. Quizá estemos ciegos de soberbia, quizá hemos olvidados derramar lágrimas vírgenes, quizá vamos encarando un mundo sin control ni norma alguna bajo el signo de los políticos corruptos, que los hay.

No hay duda de que las democracias liberales -en las que creíamos y creemos- no han sido capaces de resolver serios problemas latentes en las sociedades actuales del siglo XXI: el mundo de las drogas, los sin hogar, la hambruna que reina en los cinco continentes, la delincuencia juvenil, el terrorismo internacional, la frivolidad del consumismo (a ésta nos han malacostumbrado): éste introducido por las multinacionales para su enriquecimiento personal y desmesurado, siendo abusivo en muchos casos.

Hemos de preguntarnos si, en verdad, existe algo llamado y nombrado como ‘progreso’ y dónde se encuentra éste

Se levanta uno todos los días pensando y más pensado en esa sufrida clase media, que siempre la hubo y la habrá, y debe existir para servir de freno -en la lucha por la vida que mantienen, codo a codo, y se mantendrá- entre la clase alta y clase baja: que nadie se rasgue sus vestiduras por pertenecer a la clase la baja, económicamente hablando.

Y es que esa clase baja, formada en muchísimas ocasiones por competentes gentes humildes y sufridoras, resultan ser personas, es decir, gentes con principios y deberes que respetan y cumplen a las mil maravillas con los derechos inherentes a cualquier ciudadano… Porque entiende uno, y entendemos todos, que esa aludida clase media sirve de contrapeso y valladar entre los de arriba (clase alta) y los de abajo (clase baja): a los primeros les sujeta su soberbia, a los segundos les reconduce su orgullo. De esta manera, sin duda, los que somos peregrinos de la vida marchamos unidos por ésta, que nos toca vivir todos los días. Soberbia y orgullo, orgullo y soberbia: hemos de tratar de que se compaginen la una con la otra.

Y es que ante el ‘Dios de todas las religiones’ todos somos iguales: ingenieros, médicos, cardenales, obreros vestidos con buzos de personas, mendigos… Entonces la clase media ha de jugar un papel importante para relacionar a los de arriba –que ostentan el poder que produce la riqueza– con los de abajo –olvidados y desatendidos, muchas veces–, que no consiguen alcanzar ese estado de bienestar mínimo para llevar un vida normal sin padecer hambrunas y desamparos (siempre hemos entendido por ‘clase media’ a aquel grupo de ciudadanos que ocupan un lugar intermedio entre la opulencia de rico y la privación del pobre).

Pasando la frontera de nuestra libertad siempre llegamos a una perturbación de nuestro estado de ánimo: es el miedo que ha llegado, y que prácticamente todas las personas lo hemos tenido en alguna época de nuestra mortal vida. Y claro está que, en los momentos actuales, las calles del mundo entero se han convertido, y ahora también las españolas, en escenarios donde cualquiera de nosotros podemos ser atracados, violados, vejados, insultados… y, en muchos casos, hemos de luchar por nuestra propia supervivencia, sacando fuerzas internas de nuestra adrenalina que se dispara a la velocidad del rayo… Y es que el miedo es libre. Muchas veces la libertad la tenemos al alcance a de nuestras manos, y nadie nos la quiere dar.

Los Estados Unidos de América, que han creado un mundo unilateral, por fin se han dado cuenta de que nada tienen que hacer en Irak ni en Afganistán

Hablo de ésto: de la libertad; lo que inexorablemente nos conduce a que todos unidos luchemos por una democracia que se ha de resucitar en Europa –concretamente-, y en el mundo entero también. Se trata de establecer un ‘sistema de sociedad’ en la que los ricos sean un poco menos ricos, y los pobres sean un poco menos pobres. Si los primeros no aceptan esta primordial proposición, sin duda, los segundos jamás levantarán cabeza (en cierta ocasión se le pregunto al señor Rodríguez Zapatero -presidente del Ejecutivo español- si sabía cuánto cuesta un café: “Ochenta céntimos”, respondió. De esta respuesta se deduce que nuestra actual presidente del Gobierno es un hombre rico).

Hemos de esmerarnos en la política de fiel distribución de la riqueza para no mostrar por esos mundos de Dios cuerpos completamente desnutridos caminando hacia la muerte… Ésta es nuestra sociedad de consumo en la que estamos inmersos y ciegos con ojos que no ven, y oídos que no desean nunca escuchar. Pero, esperando un golpe de timón –que cambie el rumbo de nuestras vidas–, seguimos enriqueciéndonos con el petróleo de los árabes/musulmanes… que dirigen las economías mundiales.

Mas los Estados Unidos de América, que han creado –equivocadamente- un mundo unilateral, por fin se han dado cuenta de que nada tienen que hacer en Irak ni en Afganistán, aunque las tropas combatientes, por el momento no volverán a casa (?). Durante el año 2006 nos han hecho comulgar con ruedas de molino a los países del resto de la Tierra, involucrándonos en un viaje sin retorno… con visos sombríos y oscuros para poder recuperar un nuevo orden mundial.

Y hablando mis ojos, me dijeron: la convivencia entre los españoles cada día que pasa se hace más difícil entre los españoles, digamos, entre los políticos, léase: Zapatero y Rajoy, Rajoy y Zapatero. Ambos han hechos que sus vanidades de políticos se reencuentren, fomentando que sus ideas políticas aparezcan contaminadas. Ambos mantienen posturas opuestas para la identidad de España –que es la de los españoles–, y están marcando pautas de oportunismo político desmesurado para tratar de ganar las próximas elecciones del año 2012…

Hemos de esmerarnos en la política de fiel distribución de la riqueza para no mostrar cuerpos completamente desnutridos caminando hacia la muerte

Sí me siento libre -he de deciros- cuando cojo mi cochecito y me dirijo al campo: un viejo y buen amigo mío, al que ya nombro como ‘mi campo’. Me detengo a pasar un buen rato, leyendo aquellos libros que a todos nos gustan leer, y que nos tranquilizan sobremanera. Y este campo contiene hermosos y frondosos árboles, y pajarillos y flores silvestres y amapolas –las flores del bien, que no del mal–, que me recuerdan viejos y amorosos poemas de amor, y que, al escucharles, acarician mis oídos y me engrandecen el alma. Las flores del bien que hacen convertirse a uno en un joven o viejo soñador, que hacen que el horizonte de la vida se nos muestre aún por descubrir, que hacen florecer en nuestro intelecto semillas –de amor y bondad– perdidas en las entrañas de la tierra, porque allí las olvidé cuando mis manos sentían la frialdad del hielo… Aquí, y en mi campo, sueño y deseo encontrar pronto algo llamado y nombrado como ‘progreso’, porque sé que existe, para hacer revivir una historia universal de la humanidad que sea vinculante con todos los países del mundo, y que marche en una dirección sola.

Fotografía: Kevin Carter, premio pulitzer de fotografía en 1994, publicada en The New York Times

La Coruña, 1 de mayo de 2011
Mariano Cabrero es escritor


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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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