Martes 27 de septiembre de 2016,
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O nos unimos de una vez o nos machacarán

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Manifestación sindical

OPINIÓN / El descrédito de los sindicatos ahoga voces que piden su cambio en favor de las que piden su desaparición, lo que favorecería a los ‘mercados’ que no encontrarían oposición

¿Quién es realmente el que está poniendo en peligro la calidad de vida de la mayor parte de la ciudadanía?

Como en tantas y tantas ocasiones la historia nos ha demostrado, es imposible ganar una batalla si existe desunión entre las filas de un ejército. Esta frase un tanto belicista en boca de un pacifista declarado como yo, puede resultar un poco desconcertante para quien me conoce o ha leído mis escritos, pero debo aclararles que dicha frase es una metáfora para intentar reflexionar acerca de que la única forma de conseguir nuestros derechos es a través de la unión entre la ciudadanía, esa ciudadanía empobrecida durante los últimos años y que constituye aproximadamente el 90% de la población (al menos ese el porcentaje de españoles que manifiesta “estar angustiado” por la situación económica actual).

Y cuando hago mención a la historia y a las batallas que se perdieron, lo hago de una forma didáctica para comprender que si cada uno va por su parte a la hora de reclamar nuestros derechos sociales, lo único que conseguiremos serán luchas internas entre nosotros tal y como sucedió, por ejemplo, durante la segunda República.

Bien es sabido que nunca les han gustado movimientos sociales como por ejemplo el 15-M ya que, además de hacer pensar a la población, son capaces también de movilizar a la ciudadanía para exigir sus derechos

Entonces fue el fascismo el que consiguió acabar con las libertades democráticas y con los derechos sociales, imponiendo un régimen dictatorial que duró casi cuarenta años, pero en la época que vivimos ahora esos regímenes totalitarios se disfrazan a menudo de ‘mercados’ para obtener sus fines, que no son otros que la acumulación de riqueza por parte de unos pocos en detrimento de la gran mayoría.

No obstante, ellos son conscientes de que hoy en día en Europa (al menos de momento) es casi imposible instaurar regímenes totalitarios como ocurrió durante la primera mitad del siglo pasado, de ahí que ahora su estrategia se centre casi exclusivamente en desunir y desprestigiar a sus oponentes y, sobre todo, a las organizaciones que todavía son capaces de tener un gran poder de convocatoria. Bien es sabido que nunca les han gustado movimientos sociales como por ejemplo el 15-M ya que, además de hacer pensar a la población, son capaces también de movilizar a la ciudadanía para exigir sus derechos.

Pero si a día de hoy existe todavía un movimiento que tiene la estructura y organización suficiente para movilizar a una gran parte de la población, ese movimiento sin lugar a dudas es el movimiento sindical. Y es por esa razón por lo que históricamente los sindicatos han sido el centro de las iras del gran capital, de ahí que hayan querido acabar con ellos y, sobre todo, con su poder de convocatoria en infinidad de ocasiones (Margaret Thatcher, por ejemplo, consiguió casi aniquilarlos por completo en Inglaterra). No obstante, lo curioso del caso es que hoy en día, y a pesar de esta durísima crisis que está empobreciendo a la población y haciendo más ricos a los que más tienen, esas arengas del gran capital desprestigiando a los sindicatos están dando sus frutos, ya que cada vez son más los ciudadanos que afirman que “para lo que hacen los sindicatos, más vale que desaparezcan”. No es que digan que hay que mejorar los sindicatos o que haya que depurar responsabilidades con determinadas personas que no hacen bien su labor, sino que son tajantes al decir “que desaparezcan”. ¡Pues genial! (supongo que exclamarán las élites dominantes), ya que si aún teniendo el respaldo social del que todavía gozan los sindicatos, los que mandan casi siempre imponen la mayor parte de sus tesis económicas neoliberales, ya me dirán qué serán capaces de hacer estos neoliberales sin ningún tipo de oposición (yo me lo imagino, pero siento escalofríos de sólo pensarlo).

Tal y como dije en uno de mis artículos anteriores, no creo que tenga ningún sentido afirmar que si un juez es corrupto debemos hacer desaparecer el estamento judicial, así como tampoco eliminar los partidos políticos y, por lo tanto, la democracia porque determinados políticos ‘se vendan’ al mejor postor. Y en este mismo caso estarían, evidentemente, los sindicatos. Estoy convencido que en el sindicalismo actual hay que cambiar muchas cosas, pero resquebrajarlos tal y como ansía el gran capital sólo significaría perder uno de los mayores poderes de movilización ciudadana que existe en este país (sobre todo aspiran a cargarse como sea a los dos sindicatos mayoritarios, puesto que a día de hoy son los únicos que tienen un gran poder de convocatoria).

Estoy convencido que en el sindicalismo actual hay que cambiar muchas cosas, pero resquebrajarlos tal y como ansía el gran capital sólo significaría perder uno de los mayores poderes de movilización ciudadana que existe

Ojalá con el tiempo el movimiento 15M (al que públicamente siempre le he dado mi apoyo) y otros movimientos sociales vayan teniendo más fuerza y más poder de convocatoria para defender los derechos de ese 90% que es el que más tiene que perder frente a las tesis neoliberales del gran capital, pero, a día de hoy, y tal y como ese neoliberalismo más radical y salvaje nos está apretando las tuercas, considero que lo primero es lo primero, y no es otra cosa que defendernos unidos de esa avaricia desmedida de los grandes especuladores y de su afán privatizador para quedarse absolutamente con todo (no hace mucho el Estado recibía los grandes beneficios de las empresas públicas relacionadas con la energía, las telecomunicaciones e incluso existía una banca pública, pero lamentablemente el pueblo lo ha perdido todo a través de las sucesivas privatizaciones, quedándose así los beneficios de las grandes empresas en manos de unos pocos) ¿Es que no hemos aprendido nada de lo que nos enseña la historia en este sentido?, me pregunto a menudo.

Así pues, y para no salirme del tema principal de este artículo que es el de que sólo uniéndonos les haremos frente, considero que esa unión es la única forma de empezar a hacer frente al enemigo común, que no es otro que la injusticia social, la manipulación informativa de determinados medios y la avaricia de los mercados que, con la ayuda de determinados políticos muy bien pagados (a mí particularmente algunos me parecen una especie de mercenarios tan sólo en busca de los intereses de determinados lobbys), tratan de arrebatarnos los logros conseguidos por nuestros padres y abuelos en pos de crear un verdadero Estado del Bienestar.

Y claro, claro que desde las filas de la izquierda se tiene que ser muy crítico ante determinadas actitudes de algunos de sus miembros (los cuales a menudo también parecen estar al servicio de algún poderoso lobby). Y cierto es también que todos, sin excepción, deberían ser autocríticos, desde los simpatizantes más moderados hasta los más radicales para así comenzar a encontrar un punto de unión que fuerce al capitalismo a humanizarse de la única forma que puede hacerlo, y que no es otra que la de conservar y fortalecer ese Estado del Bienestar que sí es posible siempre y cuando, claro está, exista por fin una justa redistribución de la riqueza (o sea, ese Estado del Bienestar que ha existido en países como Suecia, Noruega y Dinamarca, entre otros).

Pero como digo, lo primero es defendernos del único enemigo que no va a tener piedad con nosotros, es decir, que no va a tener piedad con el aproximadamente 90% de la población. Y ese enemigo, sí, ¡enemigo!, no es otro que ese ‘ultraliberalismo más radical’, que no respeta los derechos sociales y que es capaz de consentir, por ejemplo, que en un país de la Comunidad Europea como es el caso de Grecia un altísimo porcentaje de los niños vivan por debajo del umbral de la pobreza.

Lo primero es defendernos del único enemigo que no va a tener piedad con nosotros, que no es otro que ese ‘ultraliberalismo más radical’, que no respeta los derechos sociales

Abogan por el despido libre (aunque lo camuflan llamándolo flexibilidad), por privatizar la educación y la sanidad (aunque en ocasiones tratan de disimularlo diciendo que es ‘concertado’), también nos insisten en que deberíamos hacernos una pensión privada (evidentemente para que los bancos ‘se forren’ aún más) y algunos hasta tienen la poca vergüenza de querer cargarse definitivamente el derecho a huelga, e incluso suspiran por criminalizar las protestas sociales. ¡Ah!, pero de hacer desaparecer los paraísos fiscales y que las grandes fortunas paguen lo que les debería corresponder, de eso nada de nada.

¿Y todavía hay quien desde la izquierda, o desde cualquier otra posición que no sea el neoliberalismo económico, piensa que los enemigos son los sindicatos? En fin, no sé, como he dicho, evidentemente hay que mejorar muchas cosas (tiempo habrá después para debatir y exigir responsabilidades a quien corresponda, si es que antes no nos ha aniquilado definitivamente el ‘ultraliberalismo’), pero hagámonos ahora un favor a nosotros mismos y no nos equivoquemos de enemigo, ni menos aún contribuyamos al juego neoliberal de disfrazar al lobo con piel de cordero, ya que llegado el momento ese sí que nos devorará completamente, ya que si no hay nadie que pueda hacerle frente convocando a la ciudadanía, nos comerá irremisiblemente puesto que su voracidad está más que demostrada después de ver lo que ha pasado en Grecia y todo lo que ya ha comenzado a ocurrir en nuestro propio país.

Así pues, o nos unimos de una vez, ¡o nos machacarán!

Víctor J. Maicas es escritor

Editado por la Redacción:
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Sobre el autor

Viajero incansable y escritor, mis novelas publicadas son “La playa de Rebeca”, “La República dependiente de Mavisaj”,“Año 2112. El mundo de Godal” y "Mario y el reflejo de la luz sobre la oscuridad". Son, principalmente, novelas comprometidas y de crítica social. Además, he escrito artículos para la prensa escrita así como también para diferentes publicaciones digitales. En la actualidad soy miembro del Consell de Cultura de la ugt-pv y socio o colaborador de diferentes ONG’s

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