Jueves 08 de diciembre de 2016,
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Obama ante su año crucial

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INTERPRETACIÓN / Los principales retos que deberá afrontar Obama en vísperas de las presidenciales de 2012: Cuba, Afganistán y diferencias con la CIA

Obama comenzó su mandato bajo el signo de la ‘Obamamanía’, fenómeno sociológico que logrará que una persona sin experiencia ni ideario político conocido se convierta en icono de masas, insufle vientos de cambios y devuelva la ilusión y la esperanza a una sociedad americana hundida en la recesión, con lacerantes desigualdades sociales y una significativa erosión de su imagen en el mundo tras los sangrantes episodios de vulneración de los Derechos Humanos en Irak y Guantánamo.

¿Distensión EEUU-Cuba?

Obama ordenó en enero la restitución de las políticas de la administración Clinton hacia Cuba, reduciendo restricciones de viajes y de envío de dinero a la isla

El cese del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, exigido por vigésimo año consecutivo en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas fue aprobado por 186 votos a favor, dos en contra (EE.UU. e Israel), tres abstenciones (Islas Marshall, Micronesia y Palau) y dos países ausentes (Suecia y Libia). La medida votada, que significa dos décadas consecutivas de condenas, llama a los miembros del organismo internacional a cumplir con sus obligaciones bajo la Carta de la ONU y la ley internacional, que reafirman la libertad de comercio y navegación ante un bloqueo que dura ya 50 años y que seguirá en vigor al ser la votación no vinculante.

“Barack Obama ordenó en enero de 2011 que se restituyan las políticas de la administración Clinton sobre Cuba que había derogado George W. Bush en 2003”, publica la web cubadebate.net, reduciendo las restricciones de viajes y envíos de dinero desde Estado Unidos a Cuba. “Aunque estas medidas dejan intacto al bloqueo y no cambian sustancialmente la política de Washington, reflejan el consenso de amplios sectores del pueblo norteamericano a favor de un cambio de política hacia la Isla”, concluye la web, auspiciado por la decisión del régimen cubano de terminar con el paternalismo estatal y permitir la libre iniciativa y el trabajo por cuenta propia.

Resistencia del Pentágono a la retirada agresiva de tropas de Afganistán

Obama se habría visto obligado a dar el visto bueno al Programa Phoenix (un programa dirigido por Cheney para asesinar a dirigentes de al-Qaeda, iniciado en 2001 después de los ataques del 11-S y mantenido en secreto ante el Congreso de EE.UU, con el éxito mediático de la muerte de Bin Laden a manos de un comando de élite.

Asimismo, los nombramientos del director de la CIA, Leon Panetta, como nuevo secretario de Defensa de Estados Unidos (reemplazando al secretario de Defensa, Robert Gates, quien dejó su puesto el 30 de junio) y a su comandante en jefe de la ISAF en Afganistán, el general David Petraeus, para suceder a Panetta al frente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), se producen en un momento crucial para reconducir el enfoque del Gobierno de Obama respecto a la guerra en Afganistán, supeditándolo a los intereses del Pentágono, que baraja la opción de una sensible escalada de la intervención militar de EE.UU. en Afganistán para el verano de 2012.

Desde julio hasta finales de año EE.UU. ha retirado 10.000 soldados de Afganistán y se prevée que durante 2012 retire otros 23.000

Para evitar una peligrosa ‘vietnamización del conflicto’, Obama habría ordenado al Pentágono la retirada progresiva de tropas de Afganistán, retirando “10.000 soldados para finales de 2011 y otros 23.000 más al final del próximo verano boreal, pero aún tras la retirada permanecerán en el país unos 70.000 soldados estadounidenses y las tropas serían retiradas de forma constante posteriormente”, como afirma el International Business Times, decisión que difícilmente será compartida por su vicepresidente Biden ni por el Pentágono.

También según el International Business Times, “Clinton reconoció que no hay una solución militar al conflicto y que Estados Unidos tiene un amplio espectro de contactos en la búsqueda de una salida política”, de lo que se deduce que asistimos a un pulso soterrado entre una actitud negociadora de Obama respecto a la guerra en Afganistán claramente enfrentada a los intereses del Pentágono.

Así, el almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto reconoció en una audiencia en la Cámara de Representantes que “las decisiones del presidente son más agresivas y suponen más riesgos de los que originalmente me preparé para aceptar”, cita el mismo artículo del diario mexicano, y a pesar de que midió cuidadosamente sus comentarios, dejó entrever el descontento del Pentágono con la agresiva retirada de Afganistán.

Convendría recordar además que cuando irrumpieron en el tablero afgano los talibán (milicia ultraintegrista procedente de las madrazas deobandis del norte de Pakistán) Karzai dispuso lo necesario para facilitarles el control de las ciudades en las regiones de influencia popalzai, ya que pese a su fanatismo religioso los consideraba como una milicia de hombres virtuosos que buscaban pacificar un país sumido en los desmanes de los numerosos señores de la guerra, por lo que la CIA habría iniciado la búsqueda de un sustituto a Karzai al no gozar ya de su confianza.

Así, mediante una operación de propaganda orquestada por la CIA, sería acusado del inicio de conversaciones secretas para la gestación de un Gobierno de Coalición islamista entre pastunes y talibanes (con el objetivo de conseguir en unas elecciones anticipadas la legitimación democrática en las urnas en el horizonte del 2011 y proceder a la creación de la República Islámica de Afganistán), lo que exigiría la retirada de las tropas de EEUU y la consecuente pérdida de presencia en un país considerado por el alto mando de EEUU “como pieza geoestratégica vital” en el rompecabezas del Oriente Medio.

Parece que el Pentágono no comparte las mismas ideas que Obama, y aboga por un aumento de los efectivos

Por todo ello, no sería descartable la creación de un ambiente propicio al golpe de Estado y posterior derrocamiento de Karzai, reviviendo uno de los aspectos más oscuros de la política exterior de Kennedy (el derrocamiento y asesinato del presidente survietnamita Diem en 1963) y el posterior incremento de su apoyo militar a Vietnam, acelerando la escalada que llevaría a los Estados Unidos a un callejón sin salida.

Asi, el nuevo Director de la CIA, general David Petraeus (sin duda el general más reputado del ejército estadounidense), sería contrario a la estrategia de salida de Obama (cuya fecha de inicio fue julio de 2011) y por el contrario, sería partidario de un notable incremento de fuerzas (Estados Unidos y la OTAN tienen más de 121.000 efectivos en Afganistán, tras la retirada de 10.000 efectivos, EE.UU. contaría en la actualidad con unos 91.000 soldados), cifra que se podría elevar a 150.000 en 2012 en el marco de una estrategia secreta del Pentágono para contrarrestar la ofensiva de los talibanes e instalar bases militares permanentes en Afganistán, aunque poco probable debido a los planes de retirada ya iniciados de Obama.

Pulso Obama-CIA

Obama (al igual que Kennedy en noviembre de 1963) estaría pensando en desinfectar la CIA de los virus patógenos inoculados por los lobbys de presión (cuyo paradigma en 1963 serían los Rockefeller al participar en los lobbys financiero, industria militar y judío).

Kennedy, consciente de las dificultades de tan ardua misión, en un discurso en la Universidad de Columbia el 14 de Noviembre, admite que “existen fuertes presiones de grupos de poder de USA para convertir el cargo de Presidente en algo meramente figurativo” y así el 21 de noviembre de 1963 fue obligado a firmar la orden ejecutiva 11490, “que permite en caso de emergencia disponer al gobierno de medidas excepcionales, incluso para cualquier dictadura”.

A pesar de todo y fiel a su espíritu rebelde, prosigue con su intento de reconvertir la CIA en un aparato controlable por el poder político y poco antes de partir para Dallas comentó a sus íntimos asesores: “Tenemos que enfrentarnos a la CIA…”, el mismo día en que un emisario secreto iniciaba con Fidel Castro las primeras negociaciones para llegar a un acuerdo, lo cual suponía un claro órdago a la CIA (verdadera detentora del poder en la sombra y enquistada profundamente en todos los aparatos de poder de los EE.UU.), por lo que se procedió a la gestación de una trama endógena que se encargó del golpe de mano contra la legalidad democrática del sistema político estadounidense, que culminó con el Magnicidio de Dallas.

La posición de Obama con respecto al Pentágono y la CIA, podría dar lugar a una situación similar a la vivida por Kennedy

Dicho complot sería una auténtica obra de ingeniería laberíntica, que tendría como cerebros a la citada CIA y como colaboradores necesarios al exilio anticastrista en Miami y sus conexiones con la Mafia y al FBI de Hoover; a Lee Harvey Oswald como cabeza de turco y ejercicio de distracción para engañar a los sabuesos y como daño colateral el nacimiento de un sistema político tutelado, quedando desde entonces como rehenes todos lo sucesivos Presidentes electos hasta la irrupción en la escena política del díscolo Obama, por lo que no sería descartable la reedición del Magnicidio de Dallas en vísperas de las Presidenciales de 2012.

Caso de consumarse el magnicidio, Joe Biden se vería obligado a asumir la Presidencia del país y a hacer cristalizar las iniciativas inconclusas de su predecesor en un posterior mandato presidencial: especialmente la Ley de Inmigración, Seguro de salud para los Ancianos y Pobres, Viviendas de bajo costo y Plan de Renovación urbana (condenando de paso al ostracismo político a un Partido Republicano inmerso en luchas intestinas y lastrado por la nefasta gestión de sus antecesores) y el objetivo de su programa ‘Guerra contra la Pobreza’ sería construir una gran nación donde la igualdad de oportunidades y una alta calidad de vida sean el patrimonio de todos, aunque su mandato quedará presumiblemente marcado por la Guerra de Afganistán.

Posteriormente podríamos asistir a la pérdida progresiva del liderazgo mundial de EE.UU., al conjugarse el disparatado consumo energético con el estrangulamiento de la producción mundial de crudo y la ruptura del sistema de paridad de las divisas internacionales y la libre fluctuación de los mismos con la lógica devaluación del dólar y subsiguientes dificultades para financiar su desorbitante deuda exterior. El severo estancamiento económico posterior irá acompañado de la agudización de la fractura social, provocando frecuentes estallidos de violencia racial, lo que aunado con sucesivos desastres naturales y catástrofes medio-ambientales coadyuvarán a la anunciada pérdida del papel hegemónico de EE.UU. tras el revés militar de la Guerra de Irak-Afganistán, regresando a escenarios ya olvidados de política exterior aislacionista y proteccionismo económico en el horizonte de 2020.


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