Viernes 09 de diciembre de 2016,
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Obama claudica ante la CIA

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La reciente ejecución de Bin Laden ha propiciado cambios en la secretaría de Defensa y en la dirección de la CIA

Tras la significativa erosión de la imagen de EEUU en el mundo tras los sangrantes episodios de vulneración de los Derechos Humanos en Abu Ghraib y Guantánamo, una de las primeras decisiones de Obama fue firmar una orden ejecutiva para exigir el cierre de la prisión en la base naval de Guantánamo en el plazo de un año.

Sus asesores buscan ahora los mecanismos legales para finiquitar el ‘limbo jurídico’ de Guantánamo, un espacio virtual fruto de la ingeniería jurídica del llamado ‘Comité de Guerra’ (nombre en clave del selecto grupo de juristas y asesores que trabajaron a las órdenes de la Troika formada por Rumsfeld, Hayden y Cheney), verdaderos detentores del poder durante el nefasto mandato de George W. Busch, razón por la que el anunciado cierre deberá retrasarse hasta 2012.

Tras la muerte de Bin Laden, gracias a información obtenida con torturas en Guantánamo, se percibe con incertidumbre el cumplimiento de la promesa del cierre de la base

Su inexperiencia política quedó plasmada en actos temerarios, como la decisión de Obama de desclasificar documentos secretos que involucran a la CIA en técnicas de interrogatorio basadas en la tortura física y psicológica y que le habría granjeado la peligrosa enemistad de la New- CIA, representada, de nuevo, en la Troika formada por Rumsfeld, Hayden y Cheney.

Sin embargo, Obama dejará que el viento del olvido cubra con su manto el vidrioso tema de la persecución de los responsables de haber legitimado la tortura, pues sus asesores le habrían advertido de las previsibles consecuencias que una acción de ese tipo podría suponer para su Presidencia (véase Magnicidio de Dallas), decisión que a pesar de suscitar una clara decepción en la organización defensora de los derechos humanos “Human Rights Watch” (HRW) y serias críticas de AI, sería apoyada por el 60% de los encuestados.

La labor torpedeadora de la New- CIA

El presidente estadounidense, Barack Obama, habría aparcado el proyecto del Escudo de Misiles Antibalísticos (NDM), sustituyéndolo por “un nuevo sistema de defensa antimisil móvil”, pero tras esta espectacular declaración, se escondería una jugada maquiavélica que intentaría convertir a Rusia en colaborador necesario en la salvaguarda de la paz y estabilidad mundiales, y caso de llegarse a un acuerdo entre ambas partes, con la Ratificación del Nuevo Tratado START, podríamos asistir a la sustitución de la doctrina geopolítica del unilateralismo de Bush por la del multilateralismo.

En esta dinámica cabría incluir el rocambolesco episodio de la aparición sorpresiva en EE.UU. de una célula durmiente o embrionaria de espías rusos, fruto de un soplo interesado de la New- CIA para manipular la voluntad de los senadores a la hora de ratificar el nuevo Tratado Sart firmado en abril de 2010 y ratificado en enero, entre Obama y Putin.

El Pentágono toma el mando de la New-CIA y Obama claudica

Los desencuentros de Obama con la CIA se remontarían a la firma de la orden de retirada de tropas de Afganistán para julio de 2011

Los primeros desencuentros tuvieron lugar a finales de 2009, cuando Obama envió otros 30.000 soldados al frente afgano y a continuación, y sin consultar con la escala de mando, dictó la temeraria orden de retirada de tropas de Afganistán a partir de julio de 2011, mientras el Pentágono proseguía con la defensa de un incremento notable de tropas y la implementación de la nueva estrategia contrainsurgente del entonces todavía Comandante de la Fuerza Internacional de la Asistencia a la Seguridad de Afganistán (ISAF), general Stanley McChrystal.

El siguiente paso en la ceremonia del desencuentro Obama-Pentágono tuvo lugar con la fulminante destitución de McChrystal, tras haberse sincerado con el periodista de Rolling Stone, Michael Hastings y su sustitución por el general Petraeus, sin duda el general más reputado del ejército estadounidense que, sin embargo, sería contrario a la ‘estrategia de salida’ de Obama, (cuya fecha de inicio sería julio de 2011) y por el contrario, sería partidario de un notable incremento de fuerzas (Estados Unidos y la OTAN tienen más de 121.000 efectivos en Afganistán, cifra que se pensaba elevar a 150.000 en agosto en el marco de una estrategia para contrarrestar en 2011 la ofensiva de los talibanes).

Además, Obama se habría visto obligado a dar el visto bueno al Programa Phoenix (un programa dirigido por Cheney para asesinar a dirigentes de Al-Qaeda, iniciado en 2001 después de los ataques del 11-S y mantenido en secreto ante el Congreso de EE.UU.), con el éxito mediático de la muerte de Bin Laden a manos de un comando de élite, y designar al director de la CIA, Leon Panetta, como nuevo secretario de Defensa de Estados Unidos (reemplazando al secretario de Defensa, Robert Gates, quien dejará su puesto el 30 de junio) y a su comandante en jefe de la ISAF en Afganistán, el general David Petraeus, para suceder a Panetta al frente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), reestructuración que se produce en un momento crucial para reconducir el enfoque del Gobierno de Obama respecto a la guerra en Afganistán, supeditándolo a los intereses del Pentágono, que baraja la opción de una sensible  escalada de la intervención militar de EEUU en Afganistán para el verano de 2011.

El incierto futuro de Karzai

La CIA estaría pensando en la sustitución de Karzai al frente del gobierno de Afganistan, tras la pérdida de confianza en él

La CIA contaría ya con informes que confirmarían el inicio de la ayuda militar rusa (asesores militares, logística e información de los satélites espías) a las milicias talibanes de Afganistán en su lucha contra las fuerzas de la ISAF allí desplegadas, con el objetivo de alargar el conflicto y, aliado con la falta de liquidez monetaria de los aliados europeos, lograr su gradual retirada de Afganistán antes de 2012, dejando en soledad a EEUU.

Convendría recordar que, cuando irrumpieron en el tablero afgano los talibán (milicia ultraintegrista procedente de las madrazas deobandis del norte de Pakistán), el Presidente Karzai dispuso lo necesario para facilitarles el control de las ciudades en las regiones de influencia popalzai, ya que, pese a su fanatismo religioso, los consideraba como una milicia de hombres virtuosos que buscaban pacificar un país sumido en los desmanes de los numerosos señores de la guerra, por lo que la CIA habría iniciado la búsqueda de un sustituto a Karzai al no gozar ya de su confianza.

Así, mediante una operación de propaganda orquestada por la New-CIA, sería acusado del inicio de conversaciones secretas, que tendrían como mediador a su hermano Ahmed Wali para la gestación de un Gobierno de Coalición islamista entre pastunes y talibanes (con el objetivo de conseguir en unas elecciones anticipadas la legitimación democrática en las urnas en el horizonte de 2011 y proceder a la creación de la República Islámica de Afganistán), lo que exigiría la retirada de las tropas de EE.UU. y la consecuente pérdida de presencia en un país considerado por el alto mando de EE.UU. “como pieza geoestratégica vital “ en el rompecabezas de Oriente Medio.

Para evitar una peligrosa ‘vietnamización’ del conflicto, Obama podría ordenar al Pentágono la retirada progresiva de tropas de Afganistán, decisión que difícilmente será compartida por su vicepresidente Biden, ni por el Pentágono, y que sin duda será aprovecha por la New-CIA para reorientar la situación mediante métodos expeditivos y lograr que EE.UU. vuelva a la senda de la democracia tutelada por la Compañía, por lo que no sería descartable la gestación de una trama endógena que podría terminar por reeditar el Magnicidio de Texas (Kennedy, 1.963).


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