Lunes 05 de diciembre de 2016,
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Todo lo que debemos celebrar el ocho de marzo, Día de la Mujer

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OPINIÓN / Faltan tan sólo tres días para que el mundo conmemore el Día de la Mujer con multitud de actos y celebraciones en su honor y homenaje

Esto implica la participación no sólo de los medios de comunicación o locales, sino la de toda la población y sociedad.

A mí, particularmente, me enorgullece pertenecer a la población mundial ese día. Me gratifica encender la televisión y que, en lugar de comentar el nombre de la última mujer que pasa a engrosar la lista de víctimas de violencia de género, la presentadora más guapa de todos los telediarios enumere la multitud de acciones y minutos de silencio que se han llevado a cabo a lo largo de la mañana.

Después, cuando apago el televisor, comienzo a pensar que en verdad ese día somos el más claro ejemplo de la hipocresía. Y entonces, cuando el sentimiento de culpabilidad ya me ha invadido de pies a cabeza, recapitulo las razones por las que el día ocho de marzo es el día de la mujer.

Solemos resumirlo en la repulsa hacia el movimiento sexista de violencia y homicidios desencadenado con fiereza en las últimas décadas, pero en verdad deberíamos celebrar muchísimas cosas más.

Yo celebro el coraje y la valentía de todas aquellas mujeres que, tras diagnosticarle un cáncer de mama, se levantan cada día de su cama y, en lugar de romper en llanto, vuelven a llevar a sus hijos al colegio o sonríen al chico más guapo del trabajo buscando su curación.

También celebro la superación de todas aquellas féminas que han conseguido saltar el obstáculo de la diferencia laboral. Me encanta pensar que cuando yo me lance al mundo laboral, podré cobrar lo mismo que mi marido o desempeñar sus mismos cargos.

Por supuesto, celebro con pasión la labor de todas aquellas científicas que trabajan codo con codo con hombres de su misma profesión, y que están tan cerca como ellos de descubrir la vacuna contra el SIDA o el remedio al cáncer.

Solemos resumirlo en la repulsa hacia el movimiento sexista de violencia (…) pero en verdad deberíamos celebrar muchísimas cosas más

Y por supuesto, festejo a todas aquellas policías que protegen nuestra seguridad ciudadana. Y a todas aquellas militares que reparten alimentos entre los desprotegidos de las injustas guerras. También me alegra pensar que una mujer puede ser la encargada de educar a mis futuros hijos en las aulas. Y qué decir de todas aquellas magistradas que no se equivocan al impartir justicia entre los inocentes y los malhechores.

Pero también me enorgullece y admiro a todas aquellas mujeres que día a día limpian las escaleras y los baños de mi Universidad, y aquellas que riegan los jardines de mi ciudad. El mismo valor genera en mí aquellas que cobran detrás de la caja de un supermercado. Por supuesto, adoro a las que después de trabajar todo el día aún tienen fuerzas para contarles un cuento a sus hijos, y los arropan prometiéndoles que ningún fantasma invadirá su cama.

El ocho de marzo me siento orgullosa de ser mujer, porque sé que cuando acabe el día y las desgracias que devoran al milagro de la vida acechen de nuevo, yo seguiré teniendo las mismas fuerzas (o incluso más) de cambiar el mundo. De convertirme en la mujer que un día prometí ser.

Imagen: ONU


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2 Comentarios

  1. poyuelito 09/03/2010 en 11:53

    Completamente de acuerdo =)… no he pretendido transmitir otra idea con el artículo
    Gracias por comentar!

  2. Anónimo 07/03/2010 en 20:58

    Tan solo una cosa para que quede bien claro: a igual trabajo igual sueldo, seas mujer u hombre

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