Viernes 20 de enero de 2017,
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Olocau, algarrobo herido

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El algarrobo herido de Olocau.
El algarrobo herido de Olocau.

Reflexión sobre un acto vandálico en Olocau ( ver mapa )

Una sensación muy extraña, es como si de repente tuviera que hacer más grande el baúl de los recuerdos.

Y
es que a medida que crecemos en edad, las pérdidas de personas, enseres
o paisajes sobre los que construimos nuestra “consciencia de recuerdo”,
nuestra “consciencia de haber
existido”, se acumulan y quedan sólo como eso, como recuerdos que se
difuminan  y que hay que “arrastrar” hasta el presente para recuperar
identidad.

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Vecinos y policía observan el Algarrobo herido

Ese algarrobo, ahora mutilado, dio, cuando se lo
solicitábamos, sombra y abrigo a las conversaciones que desgranábamos
mi padre y yo, cuando él, próximo al final de su estancia en este
planeta, consciente de la realidad, me señalaba, suavemente, sin falsos
alardes de angustia, los atajos y los senderos que debería recorrer
cuando su ausencia me enfrentara a la soledad de las decisiones.

Por eso me pesa especialmente que ese arbolito desaparezca de mi escenario cotidiano. Me pesa porque con su desaparición debo trastear con mis recuerdos y mis sensaciones, y en ellas está la ausencia de “mi jefe”.

Desaparece
del paisaje de la Carrasca la mitad de uno de los elementos más
característicos del término de Olocau. Los algarrobos.

Al parecer, durante la noche se colocó algo encendido y combustible dentro de un algarrobo, y prendió.

Al
margen de “la caza de culpables” a toda costa y a todo riesgo, al
margen de las sospechas, fundadas o no, que cada cuál quiera y pueda
alimentar y airear, está el hecho.

El hecho es que me considero robado, asaltado y defraudado.

Desde esa rabia de la impotencia, lo más sencillo es “buscar culpables”.

Y para eso ya tenemos un pozo sin fondo … “esos gamberros” … así, en abstracto y en general.

Cuando se dice “esos gamberros” estamos calificando así a los responsables de nuestro futuro … “un poco de calma pues”…

Sobre
el ánimo de quien lo hizo debe pesar, o bien las consecuencias de la
irreflexión, o bien la satisfacción de conseguir el propósito que
deseaba.

Me da exactamente igual.

Un hombre desconocido,
hace más de 100 años, plantó ese árbol. Otro hombre desconocido, 100
años después le hirió de forma grave. Otro hombre, 100 años después, redujo a un montón de leña la parte insalvable de ese “compañero de paisaje”.

Reflexiono
sobre “cómo queremos vivir” y el esfuerzo que cada uno de los
integrantes de nuestra comunidad hacemos para conseguirlo.

En el
deseo de “cómo queremos vivir” deben incluirse, necesaria e
ineludiblemente a los jóvenes, jóvenes que siguen abandonados de la
ética y la estética de la vida social, jóvenes que deben recibir de
todos nosotros modelo de conducta, de palabra y de acto.

Jóvenes
que deben ver que desarrollamos criterio y concepto y que más que por
la labor de perseguir, acusar y castigar, estamos por el esfuerzo de
construir un comportamiento social, aglutinador, que nos haga “manada”
sólida y decidida para enfrentar un futuro que debe ser sentido por
todos como propio.

Cuando llegué ya estaban las brigadas y nuestro Policía Municipal.

Cuenten
los responsables, la cantidad de personas que con su esfuerzo y
profesionalidad, pusieron fin y corrección a las consecuencias de su
error o de su intención y evalúen el coste expresado en euros, en
comportamiento social y en cuidado del entorno.

Más información

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Esta noticia concursa en el I Premio  Periodista Ciudadano en la categoría de: Denuncia



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