Jueves 08 de diciembre de 2016,
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Opinión privada colectiva

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OPINIÓN / La censura ha sido desbancada por la manipulación informativa, que beneficia el interés partidista y privado y se aleja del interés general

En España, hemos tenido un caudillo durante cuarenta años y, por tanto, sabemos diferenciar entre censura y libertad de prensa. Pero vivir en la España actual, un estado de derecho y democrático, no debe ser motivo para no plantearnos dudas sobre la veracidad de toda la información que nos llega. El bombardeo de noticias, al que estamos sometidos constantemente, es interesado y la información recibida puede ser contradictoria según el medio que la difunda. El exceso de noticias puede surtir un efecto nocivo comparable con la censura, sobre todo para aquellos que no han adquirido la suficiente formación para asimilar y procesar tantos datos.

En democracia no hay censura, pero la opinión pública está dirigida: es noticia lo que interesa que sea noticia y para ello se le da mayor cobertura

En democracia no hay censura, pero la opinión pública está dirigida: es noticia lo que interesa que sea noticia y para ello se le da mayor cobertura. La noticia que no interesa es efímera o se desprestigia. Existe una verdadera lucha para apoderarse de la mente de los consumidores y del voto de los ciudadanos, pero también, para moldear la socialización, la cultura, el comportamiento, las preferencias y los gustos de los individuos, y de los grupos. Es invisible pero real. Los grupos de interés más poderosos, todas las administraciones públicas y las organizaciones internacionales invierten grandes cantidades de dinero en este negocio siempre rentable.

Por tanto, no resulta extraño que se creen entidades cuyo fin último sea precisamente esta manipulación de la información, pero también su control, como lo demuestra su desembarco en Internet y las redes sociales. Estas organizaciones, a través de patrocinadores, colaboradores, redactores, guionistas, tertulianos, columnistas, voceros y cotizados mercenarios entre líderes sociales, políticos, empresarios, actores, sindicalistas, profesores universitarios y científicos, unas veces se encargan de difundir los mensajes ‘políticamente correctos’, y otras, de propagar información falsa. Hay organizaciones creadas sólo para estos fines, por ejemplo: laboratorios sociales, grupos audiovisuales, agencias de noticias, editoriales, productoras de cine, sectas y asociaciones de todo tipo.

Mucho más problemático es cuando otros entes, concebidos con fines y principios ajenos a todo esto, acaban sometidos al ‘pensamiento oficial’ para asegurarse esos ingresos o subvenciones, por ejemplo: partidos políticos, sindicatos, religiones, fundaciones, ong´s, asociaciones y empresas. También hay otras entidades informativas que tienen que abdicar y someterse a lo ‘políticamente correcto’, de lo contrario se quedan sin patrocinadores publicitarios, que son los que mantienen económicamente a la mayoría de los medios de comunicación. El medio, que dice ser independiente, y no acepta recomendaciones, pues se queda sin ingresos por publicidad e inevitablemente desaparece.

El que paga, manda. Y mandar es dirigir la opinión pública hacia un dogma económico, político y social que proyecte una visión concreta y única del mundo, y ninguna otra

Se entiende que los patrocinadores son las administraciones públicas, que pagan para que sus programas políticos, económicos y sociales, que conllevan cambios y desigualdades en la sociedad, sean aceptados o al menos tolerados, pero también, son los entramados financieros mundiales que a través de sus holdings controlan la producción, la distribución, el consumo, la economía, las noticias, la publicidad y el mismísimo gobierno político mundial. Y es de sobra conocido que el que paga, manda. Y mandar es dirigir la opinión pública hacia un dogma económico, político y social que proyecte una visión concreta y única del mundo, y ninguna otra. Podemos decir que la opinión pública se desliza hacia la opinión privada colectiva, que beneficia el interés partidista y privado, pero se aleja del interés general.

Nunca he escrito para agradar a los demás, ni tampoco para aleccionar o adoctrinar. Es por lo cual, en un tema tan delicado como el que he tratado, no hago referencia alguna a ejemplos concretos. Sería facilísimo llenar páginas con actuaciones reales y contrastadas, de todo tipo, a todos los niveles y en todos los medios, para avalar mi tesis. Pero no lo hago, porque inevitablemente entrarían en conflicto las ideologías políticas y los intereses económicos, y eso daría pie a cuestionar el único carácter crítico de este texto.

En cualquier caso, las formas en las que se manifiesta la manipulación son muy diversas, y por supuesto, mucho más refinadas que las que pudiéramos tener en los tiempos de la dictadura. Ahí están los continuos ‘señuelos informativos’, los chivos expiatorios, los globos sonda, los argumentos endebles puestos en bocas impostoras en el bando enemigo, o los culpables sociales aceptados por unanimidad tras la convincente explicación de todo un señor experto y técnico en su materia. En todo caso, buscar ejemplos de manipulación informativa es un juego intelectual divertidísimo para el espíritu crítico, siempre que no te afecte psicológicamente.


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