Jueves 23 de noviembre de 2017,
Bottup.com

Otra alianza por la educación es posible en México

1 punto2 puntos3 puntos4 puntos5 puntos6 puntos7 puntos8 puntos9 puntos10 puntos (Valora el artículo)
Image
La policía acude a abrir una carretera cortada por los maestros



El conflicto que ha
estallado en el estado mexicano de Morelos y comienza a manifestarse en distintas entidades
del país no es sólo de orden gremial

Entre el 7 y el 9 de octubre recientes, el Gobierno
estatal de Morelos, en México, decidió escarmentar a la población que
en diversas comunidades y pueblos apostó por apoyar al Movimiento
Magisterial de Bases, el cual continúa en su lucha en contra de la
llamada Alianza por la Calidad Educativa signada por el Gobierno de facto calderonista y la presidenta vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Eduación.

La violencia institucional,
de quienes desde el Poder imponen políticas públicas sin consultar a quienes
dicen gobernar (…) pretenden volver el derecho a la
educación en una mercancía
Podríamos llamar a un gran diálogo estatal en el que participáramos los
distintos sectores de la sociedad

El 14 de junio de 2006, el criminal que despacha
como jefe del Poder Ejecutivo estatal en Oaxaca, Ulises Ruiz Ortiz, ordenó el
uso de la fuerza pública para disolver el plantón que maestras y maestros
sostenían desde el 22 de mayo de ése mismo año en el centro de la capital del
estado. Lo hizo después de declarar su “disposición al diálogo”, y tanto estaba
dispuesto a ello que el saldo del operativo
en el que un helicóptero arrojó granadas de gas sobre la población fue de 92
personas heridas, entre docentes, niñas, niños y hasta elementos de seguridad.

En los días recientes, el “Gobierno” del médico Marco Antonio Adame Castillo, el panista a
quien la Wikipedia -que censura
al periódico digital Rebelión por
supuesta falta de objetividad y rigor- describe como un humanista sin tacha, no
quiso quedarse atrás e hizo del 7 y el 8 de octubre su propia fecha en el calendario de la
represión y de Tres Marías, Huitzilac, Amayuca, Xoxocotla, Tepalcingo, Tlalnepantla y Atlatlahuacan
el escenario que tuviera por personajes principales a centenares de
personas detenidas, lesionadas (entre ellas un niño de 8 años que
sufrió crisis nerviosa) y por lo menos tres
más desaparecidas, en lo que de ninguna manera puede considerarse la
entrada de la violencia a un conflicto que el próximo lunes cumplirá 60 días de
vida, sino la escalada violenta del mismo apuntando hacia la población civil.

No se equivoca Jaime Brito (La Jornada Morelos, 8/10/08) cuando
asegura que la violencia genera violencia; ni cuando deja en claro, por
honestidad intelectual, que si bien los bloqueos, las manifestaciones, dejar de
dar clases, gritar en las calles, interrumpir al tránsito y apropiarse de un
espacio público son formas de violencia, ésta responde a la violencia anterior. La violencia institucional,
de quienes desde el Poder imponen políticas públicas sin consultar a quienes
dicen gobernar, lesionan conquistas laborales, pretenden volver el derecho a la
educación en una mercancía y por única respuesta a pliegos petitorios y
solicitudes de audiencia ofrecen primero desdén, luego mentiras y siempre
soberbia.

¿Qué hacer entonces si, por un lado, los
órdenes de (des)gobierno y sus aliados naturales en el comercio, el
empresariado, los partidos políticos de derechas y las madres y padres de
familia que un día salen a las calles con ropas blancas y veladoras y otro
azuzan la toma de escuelas y asumen posiciones de confrontación más que de
diálogo y reconciliación y, por el otro, las y los maestros contrarios a la
flamante Alianza por la
Calidad de la
Educación, los pueblos de Morelos, las organizaciones
sociales progresistas, diversos sectores que se consideran de izquierdas y
madres y padres de familia con visión de futuro y conciencia de clase, avanzan
cada cual por su lado en posiciones irreductibles y en radicalizaciones que
harán cada vez más difícil el retorno a la tan mentada paz social?

La respuesta, en términos que podrían ser calificados de utópicos pero urgentes, sería la generación de un proceso en el
que la protesta magisterial se convierta en un movimiento social que incluya a
los pueblos, organizaciones, colectivos, grupos y personas de todo el estado
que a estas alturas ya hayan entendido que la ACE no es sino una más de las puntas de lanza que
el capitalismo esgrime en su histórica tarea de mandar a la humanidad a su
final.

Lo anterior pasa por la articulación de
estrategias que van desde la realización de brigadas informativas colonia por
colonia y foros de intercambio de opiniones, discusión y análisis de la misma
ACE, del sistema político que la defiende a capa y espada y del modelo de
producción que la diseñó, hasta la implementación de medidas legales que
conduzcan al juicio político de los funcionarios disfuncionales de las actuales
administraciones municipales y estatales y la desaparición de poderes en el
estado.

Nos gustaría pensar, no obstante, que
podríamos llamar a un gran diálogo estatal en el que participáramos los
distintos sectores de la sociedad. Que cada cual pondría en la mesa sus razones
para defender o estar en contra de la
ACE y que juntas, juntos, maestras, maestros, padres y madres
de familia, alumnas y alumnos y representantes de los poderes Legislativo y
Ejecutivo del estado, tomáramos acuerdo de actuar con la estatura moral que las
investiduras, los oficios, las profesiones y las condiciones nos exigen, para diseñar
un modelo educativo que nos convierta en una sociedad fuerte, por unida, y no
en una débil, por confrontada.

Pero dicha unidad tiene que partir de la base de
revisar la ACE, un acuerdo que a todas luces lesiona derechos
fundamentales, como el de la educación, que sus apologistas dicen querer
“modernizar”, y laborales. En este sentido, el conflicto que ha
estallado en Morelos y comienza a manifestarse en distintas entidades
del país no es, como aseguran algunas maestras y maestros,
sólo de orden gremial; cuando
decidieron dejar de dar clase a nuestras hijas y a nuestros hijos, y
con ello
nos dieron un ejemplo de dignidad, se volvió un asunto de todas, de
todos.

Adame Castillo y sus fuerzas represivas eufemísticamente llamadas “del
orden”,
llenando de terror la mirada de un niño de 8 años que podría haber sido
cualquiera de nuestros hijos, se sumaron a la invitación.

Foto: NTX

Image
Subtítulo, imagen

{mos_sb_discuss:2}

¿Te gustó este artículo? Compártelo

Sobre el autor

Egresado del Centro Universitario de Teatro de la U.N.A.M. con estudios superiores en Actuación y diplomado por el Centro Morelense de las Artes en promoción y gestión cultural. Incursioné en las artes escénicas en agosto de 1990. A partir de 1993 alterné mi quehacer teatral con la promoción cultural y la docencia. Paralelamente, también desde 1993, he colaborado para diversos medios de comunicación impresos y electrónicos, y he trabajado con instituciones de defensa y promoción de derechos humanos de segunda generación.

1 comentario

  1. Anónimo 27/12/2008 en 21:21

    ya basta de hostigamientos!!!
    Se me hace muy injusto que el gobierno tome esas actitudes cuando sabe a la perfeccion lo que la ACE trae consigo. Sabemos de ante mano que todos esos planteamienos por parte del SNTE buscan la privatizacion de la educacion y lo que mas les puede es que los maestros y alumnos se opongan como lo hacen los del estado de Morelos, donde los hostigan atentando contra ellos para que dejen de decir lo que piensan.

Participa con tu comentario