Sábado 22 de julio de 2017,
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Otra vez el reloj marca la Hora Sexta

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El pasado 4 de junio alrededor de 200 soldados, policías estatales y agentes de la Procuraduría General de la República (PGR) intentaron entrar a dos poblados del estado mexicano de Chiapas bajo control del zapatismo, con el argumento de que en ellos se siembra marihuana.

Opinión

La respuesta fue contundente: los niños,
niñas, mujeres y hombres de Galeana repelieron la acción militar con machetes,
palos, piedras y resorteras; los soldados dijeron que regresarían en quince
días y que pasarían “a huevo”

¿Se trata de una acción legal de combate al narcotráfico o es uno
más de los hostigamientos que los gobiernos federales han implementado
desde que la insurrección tuvo lugar en enero de 1994? ¿Qué tiene que
decir acerca de esto quien se ostenta como presidente legítimo de México?

En estos tres años, el avance en México de
esa estrategia de la ‘Doctrina de Guerra de Baja Intensidad’ que es el
supuesto “combate al narcotráfico” parece estar rindiendo frutos: la
militarización se ha vuelto ‘PAN’ de todos los días

El pasado 4 de junio una columna integrada
por “dos carros grandes de soldado y 3 carros chicos de soldado y 2 carros de
seguridad pública, 2 carros de policía municipal y una tanqueta y un carro de PGR”
intentaron entrar a La
Garrucha
, sede del Caracol
de Resistencia Hacia un Nuevo Amanecer
; según comunicado de la Junta de Buen Gobierno “El
Camino del Futuro”.

Al llegar a la posición de Patiwitz, se
incorporaría otro convoy y la columna avanzaría hasta la ranchería Rancho
Alegre, conocida como Chapuyil, donde los soldados y agentes bajaron de “sus
carros y agarra[ron] rumbo al pueblo de Hermenegildo Galeana, donde todos y
todas son bases de apoyo zapatistas, acusando que en ese pueblo tienen
sembradillo de mariguana”.

La respuesta fue contundente: los niños,
niñas, mujeres y hombres de Galeana repelieron la acción militar con machetes,
palos, piedras y resorteras; los soldados dijeron que regresarían en quince
días y que pasarían “a huevo”, no sin antes intentar tomar otro rumbo para
“bajar en otro poblado llamado San Alejandro, pueblo zapatista bases de apoyo”,
donde ya esperaban “9 carros con 50 soldados y 10 policías municipales [que]
dejaron pisoteado el sembradillo de maíz, que es único alimento del pueblo para
vivir”.

La tarde de hoy, 7 de junio, decenas de
organizaciones de la Otra Campaña se reunieron
en el auditorio Ernesto Che Guevara
de la Facultad
de Filosofía y Letras de la UNAM
para estudiar la situación y acordar algunas acciones que pongan coto a ésta
nueva agresión, que no viene sino a sumarse a la escalada de provocaciones que
desde hace meses las propias Juntas de Buen Gobierno han venido denunciando y
que durante mayo se acentuaron.

El argumento, burdo y falaz, es el mismo
que el Ejército federal esgrimió hace tres años y frente al cual el Ejército
Zapatista de Liberación Nacional se declaró en Alerta Roja: el cultivo de enervantes en zona controlada por el
zapatismo. Probablemente aquella vez la situación política no dio para más, el
país pasaría por un proceso electoral donde el Ejecutivo necesitaba de todas
sus canicas para ganarle al candidato de la izquierda partidista “en las urnas”
y una incursión militar le restaría puntos en su desaforada revancha; las Fuerzas Armadas tuvieron entonces que
recular una vez más, en espera de una ocasión más propicia, ya que se haiga hecho lo que se tenía que hacer
para asegurar “el triunfo” del delfín

blanquiazul. Pero hoy la ocasión parecer haber llegado.

En estos tres años, el avance en México de
esa estrategia de la Doctrina de Guerra de Baja Intensidad que es el
supuesto “combate al narcotráfico” parece estar rindiendo frutos: la
militarización se ha vuelto PAN de todos los días y la lección del Pentágono a
los militares que olvidaron aquello del “mas si osare un extraño enemigo” tiene
en los medios de comunicación oficialistas a sus principales portadores para
“ganarse las mentes y los corazones” de la gente.

Por fin, la opinión pública opina, como dijera Quino, lo que opina la opinión privada: las Fuerzas Armadas
están emprendiendo una lucha sin cuartel en contra del narcotráfico “para que
no lleguen las drogas a tus hijos”, como reza un patético spot del gobierno federal. Ahora sí, por fin, todo mundo,
incluyendo a buena parte de los defensores de derechos humanos, parece estar en
sintonía con la idea de que el “combate al narcotráfico” es una lucha de toda
la sociedad y nadie, na-die, puede estar “fuera del imperio de la ley”.

“Imperio
de la ley”… “imperio de la ley”… mmm… a ver. ¿Un gobernador que vende pollos y
huevos traficando con drogas?: No. ¿Un gobernador cuya policía secuestra y
tortura eperristas?: No. ¿Un gobernador que por más piadoso que sea manda a
chingar a su madre a sus gobernados?: No. ¿Un gobernador que secuestra
periodistas porque es amigo de pederastas?: No. ¿Un gobernador que se siente
orgulloso de que sus policías violen a decenas de mujeres, quien les manda ser
amigas de “macheteros”?: No. ¿Un jefe de gobierno que se toma fotos con éste
mismo gobernador, al fin que él también manda a sus policías a que desalojen a
personas acusadas de narcomenudo, no importa que no tenga pruebas de ello?: No.
¿Un gobernador que otorga financiamiento a paramilitares?: No. ¿Un gobernador
que busca hacer negocio con la basura y que sigue los pasos de destrucción
ambiental de sus antecesores?: No. ¿Un gobernador que hará negocio con la
destrucción del cerro que es ícono del 
escudo del estado que gobierna?: No.

“Imperio
de la ley”… “imperio de la ley”… ¡Claro! ¿Qué se creen ésa bola de indios remisos
para llevar a la práctica unos acuerdos firmados por el Gobierno federal, que
además se enmarcan en la suscripción de convenciones internacionales que luego
fueron ratificadas por el Senado de la República?… ¡Eso sí está fuera del imperio de
la ley!

Pero
antes, hagamos una prueba; como cuando ocasionamos aquél accidente contra la
hermana de Samuel Ruiz… Tatic Samuel, ¡qué cursi!… Si nadie hace nada, igual
que entonces, será señal de que podemos seguir con el plan.

A raíz de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y de su
deslinde sin medias tintas para con el lopezobradorismo puesto de manifiesto
desde La (imposible) ¿geometría? del
Poder en México
, el EZLN y lo que luego se llamaría la Otra Campaña se
convirtieron en la diana donde han ido a parar la mayoría de los dardos que el
terrorismo de Estado lanza contra los movimientos y luchas que cuestionan el statu quo del sistema-mundo capitalista
al que sirve. No es de sorprenderse, el mismo EZLN lo sabía y por eso desde
2005 le había devuelto a sus militantes la palabra empeñada en enero de 1994;
nos lo advirtieron los analistas, politólogos y opinadores de lo que el Subcomandante
Insurgente Marcos
llamaría el “lopezobradorismo ilustrado”, cuando nos
acusaron de estarle haciendo el juego a la derecha olvidando que habían sido
ellos quienes en 2000 llamaron a votar por Fox.

Lo malo de desear algo con todas tus
fuerzas, dicen por allí, es que puede llegar a cumplirse. Hoy, hoy, hoy, como dijera alguna vez el nunca bien ponderado
lector de José Luis Borgues (porque
si se le hubiera ponderado como merece estaría en la cárcel), la izquierda
partidista y sus convencionistas,
todos muuuy democráticos, se acarician las manos esperando el golpe que ponga
punto final a esa pesadilla que es la dignidad zapatista: “mira que querer un
lugar en esta nación, si ni siquiera se han manifestado a favor de la defensa
del petróleo”.

Pero no nada más sus predicciones se han
cumplido. Hace 14 años, cuando se acusó al zapatismo de balcanizar al país, no fuimos pocas las voces que dijimos que lo
que sucedería es la colombianización
de México. Hoy, hoy, hoy, los
gobiernos, sean la doble caricatura del espurio
o el legítimo, a nivel federal, estatal
y municipal, están participando casi todos en el negocio del narcotráfico; las
fuerzas armadas del narcoestado entrenan, por lo mismo, a quienes tarde o
temprano terminarán sumándose a los grupos de sicarios de los cárteles de la
droga, y los medios de comunicación repiten a coro las alabanzas a la
militarización del país, que no contiene ni la violencia ni el mercado de
narcóticos (porque no debe hacerlo: hay que garantizar que la mercancía llegue
al consumidor tras el Río Grande); pero garantiza el control de una disidencia
que pueda poner fin, de verdad, al magnífico negocio de la droga.

Así, los desgobiernos legítimo y espurio, sea
con el silencio cómplice como en mayo de 2006, sea con el usurpado mando de la Fuerzas Armadas
como desde diciembre del mismo año, permiten el hostigamiento a las comunidades
y pueblos zapatistas bajo acusaciones de cultivo de enervantes y la burda
escenificación de enfrentamientos entre zetas
y preventivos estatales; mientras sus
legítima o espuriamente gobernados (sic)
cantan en canon (pues cada quien sus motivaciones): se lo merecen.


Sin embargo, como dijera aquél: “falta lo que falta”.


Esta noticia concursa en el I Premio  Periodista Ciudadano en la categoría de: Denuncia

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Sobre el autor

Egresado del Centro Universitario de Teatro de la U.N.A.M. con estudios superiores en Actuación y diplomado por el Centro Morelense de las Artes en promoción y gestión cultural. Incursioné en las artes escénicas en agosto de 1990. A partir de 1993 alterné mi quehacer teatral con la promoción cultural y la docencia. Paralelamente, también desde 1993, he colaborado para diversos medios de comunicación impresos y electrónicos, y he trabajado con instituciones de defensa y promoción de derechos humanos de segunda generación.

2 Comentarios

  1. Anónimo 10/06/2008 en 6:06

    Pues aquí está, para lo que se ofrezca. Gracias por el comentario.

  2. Anónimo 08/06/2008 en 11:12

    Muy bueno, es algo que se debe saber por todos los estados mexicanos y del mundo

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