Martes 27 de septiembre de 2016,
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Otra visión de la crisis

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OPINIÓN / La crisis económica es mundial y seguramente habrá procedimientos objetivos para descubrir sus patologías y sanearlas. Debemos olvidar esta opción, simplemente porque es una utopía

El margen de acción de los Estados es cada vez más reducido, debido a las imposiciones de instituciones internacionales opacas que dictan las medidas a tomar para salir de la recesión

Toda crisis afecta de forma diferente a cada individuo, y cada uno tiene una solución, que por supuesto está relacionada con la solución a ‘su problema’. Esto es grave cuando las propuestas interesadas son llevadas a cabo por grupos de presión con influencia ante el poder político, porque además de no solucionar la crisis, aumenta la tensión entre las diferentes clases sociales. Aún es más grave cuando esos grupos de presión están por encima de los Estados y tienen influencia, o poder de mando, ante los organismos supranacionales que dirigen y diseñan el sistema económico mundial. En este caso son los Estados los perjudicados porque han de acatar las imposiciones del exterior. Y probablemente, todas estas situaciones diferentes se están dando en la actual crisis.

El margen de acción de los Estados es cada vez más reducido, debido a las imposiciones de unas instituciones internacionales opacas (FMI, Banco Mundial, OCDE, OMC, G-20, Unión Europea, Banco Central Europeo,…) que dictan las medidas a tomar para salir de la recesión.

Esta situación representa una clara transferencia de soberanía de los Estados hacia organizaciones supranacionales no elegidas democráticamente. Los responsables de estas organizaciones son los verdaderos amos del mundo, y esconden sus intereses bajo el proceso llamado de ‘globalización’. El ciudadano no entiende por qué ha de acatar estas imposiciones y su desencanto es inmenso cuando descubre que los programas políticos de ‘derecha’ y de ‘izquierda’ han llegado a confundirse en todos los países occidentales.

Hasta ahora los Estados eran los principales agentes económicos, tanto como productor como consumidor, y los holdings financieros y empresariales se situaban cerca de ellos para acaparar negocio. Pero esta situación ha cambiado. El poder de estas organizaciones es de dimensión planetaria, mientras que el poder de los Estados es limitado a la escala nacional. Los ingresos de muchas multinacionales sobrepasan el Producto Interior Bruto de Estados como Dinamarca, Noruega, Polonia, Arabia Saudita… Las multinacionales son ahora actores políticos, ya no se conforman con influir, sino que participan activamente en la toma de decisiones.

Las multinacionales son ahora actores políticos, ya no se conforman con influir, sino que participan activamente en la toma de decisiones. El negocio está ahora en asumir el rol del Estado y proporcionar los servicios públicos

El negocio está ahora en asumir el rol de Estado y proporcionar los servicios públicos. Las inversiones públicas ya no obedecerán a las necesidades reales de la población, sino a los intereses empresariales. Las multinacionales se trasladan de los Consejos de Ministros hacia los Consejos de Administración de las Instituciones Internacionales que regulan la economía, la producción, el comercio y sus paraísos fiscales. Su dimensión transnacional, más ricos que los Estados y principal fuente de financiación de partidos políticos de todas las tendencias y de la mayoría de los países, hacen que las multinacionales estén por encima de las leyes, del propio poder político y por encima de la democracia.

Durante años, las Administraciones Públicas han funcionado a base de préstamos. Préstamos deliberados que cuando han dejado de llegar, han colapsado el Estado de Bienestar. La única propuesta de estos entes, y que parece la salvación para salir de la crisis, es el recorte del gasto público, subida de impuestos y privatización de los servicios públicos. No podemos entender de otra forma el progresivo endeudamiento de los Estados y el consentimiento de los ‘expertos’ económicos y políticos, si no es dentro de un proceso intencionado e interesado y, además, asimilado por la mayoría de los ciudadanos como beneficioso para la sociedad.

Quiero terminar este artículo con una cita de Franklin D. Roosevelt, Presidente de los EE.UU. de 1932 a 1945: “En política, nada ocurre por casualidad. Cada vez que un acontecimiento surge, se puede estar seguro que fue previsto para llevarse a cabo de esa manera”.


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