Jueves 19 de octubre de 2017,
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Pakistán tras Bhutto

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Análisis
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Benazir Bhutto en un mitin antes de ser asesinada

Pakistán afronta
un futuro político muy confuso tras la muerte de Benazir Bhutto. El general Musharraf
parece ser el único capaz de preservar el orden aunque la democracia ceda paso
a paso en un lugar como Pakistán, donde nunca ha estado muy consolidada. La multiplicidad
de intereses hacen de este país una pieza imprescindible en el puzzle mundial.

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Pervez Musharraf (izq) y George Bush

El asesinato de Benazir Bhutto en plena
campaña por la elección marca un hito en la política de Pakistán,
siempre en un tira y afloja entre las potencias occidentales -que ven al país como
un aliado
nuclear insustituible
-, los radicales islamistas y mil
protagonistas más
que tienen en la oscuridad su reino: independentistas,
señores de la guerra, contrabandistas y narcotraficantes, servicios secretos
rusos, indios o chinos, etc.

El golpista general Musharraf ha
hecho equilibrios en el alambre para mantenerse como aliado de EE UU y, al
tiempo, luchar contra Al Qaeda sin
contrariar a los musulmanes locales. Su política de giros y recovecos ha
incluido darse un autogolpe de estado e imponer la
ley marcial
y control de los medios
y disidentes a finales del año pasado para evitar que el la
contestación se dispare
. Este control implicó la expulsión de Benazir
Bhutto
y Nawaz
Sharif
y, después, la detención
de disidentes
y políticos,
establecimiento
del estado de excepción, supresión de la constitución
y otros mucho hitos
que recuerdan a una dictadura.
Sin embargo fue inútil: la inestabilidad fue tal que EE UU
hubo de “forzar”
para que la situación volviera a ser algo
parecido a una democracia
.

Obligado
Musharraf a declarar elecciones,
en apariencia libres, para febrero de 2008 y a renunciar a ser el jefe
del ejército y presidente del país
detonante
de esta crisis
– la excarcelación de disidentes y vuelta de Bhutto y de
Sharif planteaba un escenario de intento de vuelta a la normalidad.

El
juego de intereses poliédrico, de facciones,
de alianzas y de servicios secretos hacen de Pakistán, en estos días, el
Berlín de Asia central
La única solución de los pakistaníes parece que es votar a Musharraf
como único posible
estabilizador del país al estar el PPP en
manos del viudo y un hijo casi adolescente de Bhutto y una Liga musulmana
con guiños
evidentes con los violentos
Eligiendo la
seguridad a cambio de la democracia pero, al tiempo, siendo la primera
barricada contra los radicales de Al Qaeda en el país con ‘la
bomba’

Ya la llegada de Benazir
Bhutto
a Pakistán fue
recibida por una tremenda explosión con más de
cien muertos que no deja de recordarnos el peligro de Pakistán: al estar en la línea que
separa
los estados
con los terroristas
, los nucleares con los no nucleares, los violentos con los
no violentos, las democracias con las dictaduras y los aliados con los enemigos.

Benazir Bhutto en su
vuelta pactada con Musharraf buscaba una disminución de la tensión en Pakistán,
tensión
creciente día a día
por contaminación de Afghanistan,
por la propia influencia islamista del país desde su nacimiento y por los
sucesos de la muerte de la lider política. La posibilidad sugerida por algún
analista internacional de que EE UU sugiriera formar un gobierno de unidad
nacional entre el PPP
de Bhutto, la
Liga Musulmana
de Nawaz Sharif también en el
exilio
y Musharraf, que disminuyera las tensiones que tanto desde la parte civil como
de la religiosa
se multiplican. El único lugar donde no hay duda de la fidelidad a Musharraf es
el ejército, del que ha sido jefe supremo durante años.

La muerte de
Bhutto a escasos días de las elecciones, pospuestas, con las sospechas
más que leves
de que fue un magnicidio
orquestado
o permitido
desde las cocinas
del poder
o, en último término, desde los servicios
secretos
americanos y pakistaníes,
lleva a pensar que la única solución de los pakistaníes es votar a Musharraf
como único posible
estabilizador del país
al estar los dos partidos de oposición: el PPPP en
manos del viudo y un hijo casi adolescente de Bhutto
y una Liga musulmana
con guiños
evidentes con los violentos
. Eligiendo, entonces, la
seguridad a cambio de la democracia pero, al tiempo, siendo la primera
barricada contra los radicales de Al Qaeda
en el país con ‘la
bomba
‘.

La sombra de
Bhutto en la elecciones inaugura una saga que no oscurece su gestión pasada en
el gobierno que ha sido tildada de corrupta:
Mientras tanto los llanos y la espiral
violenta es acallada sin miramientos
.

El
juego de intereses poliédrico
, de facciones,
de alianzas y de servicios secreto
s hacen de Pakistán, en estos días, el
Berlín de Asia central. Todos los contendientes
dicen conocer
quienes son sus enemigos
pero puede que los que piensan no sean, los que
sean no se les vea o que interese decir los que no son. Occidente mira y espera.

Sin embargo, por
eso, por ese valor frontera, es por lo que todo es anómalo
y singular en Pakistán
. Y por ser el primer paso
dentro de la “civilización”, es por lo que occidente calla y sigue llamándole
aliado. La comparación que nace es la del Irán
de 1979
por lo que cualquier otra opción es peor.

Pakistán,
invernadero de radicalismos cristalizados. Recuerdos del día de mañana.

Foto 1, Foto 2

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2 Comentarios

  1. Anónimo 12/01/2008 en 8:24

    Estoy del todo de acuerdo con lo dicho y agradezco las puntualizaciones.

    Sin embargo debo disentir y dar a entender que la muerte de Bhutto en el fondo también beneficia el interés de EEUU, hace a Musharraf más necesario, puede que no fuera la opción primera pero dudo que sea perjudicial.

    Bhutto ha sido acusada de corrupción con algo más que pruebas parece pero lo que también es claro es que la posición en Pakistán le amenazaba por algo más que un delito económico.

  2. Anónimo 07/01/2008 en 10:58

    Este artículo da una idea general de la situación actual de Pakistán, país bien definido como en el límite de todo. Sin embargo me gustaría hacer un par de matizaciones:

    -“Su política de giros y recovecos ha incluido darse un autogolpe de estado e imponer la ley marcial y control de los medios y disidentes a finales del año pasado para evitar que el la contestación se dispare. Este control implicó la expulsión de Benazir Bhutto y Nawaz Sharif y, después, la detención de disidentes y políticos, establecimiento del estado de excepción, supresión de la constitución y otros mucho hitos que recuerdan a una dictadura.”
    Benazir Bhutto fue exiliada mucho antes de que Musharraf decretrara el estado marcial a finales del año pasado. Tras el fin de su último mandato (1999) y el golpe de éste en 2001 y por miedo a ser encarcelada inminentemente (como lo fue anteriormente su marido) por las acusaciones de corrupción, no tuvo más remedio que exiliarse.

    -“La muerte de Bhutto a escasos días de las elecciones, pospuestas, con las sospechas más que leves de que fue un magnicidio orquestado o permitido desde las cocinas del poder o, en último término, desde los servicios secretos americanos y pakistaníes”

    EEUU ha sido el principal valedor de la vuelta de Bhutto. Con ella ha tratado de evitar que Mushrraf (que como dice el artículo anda haciendo equilibrios entre unos y otros) caiga por inercia hacia los radicales islamistas y evitar que el régimen y se vuelva más totalitarista, lo que haría impopular (de cara a la opinión pública) mantenerlo como un aliado estratégico. Por estos motivos dudo mucho (aunque en esta vida todo es posible) que los americanos tengan algo que ver en esta madeja y más bien sea un acto de los radicales islamistas por todo lo que Bhutto representa.

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