Sábado 24 de septiembre de 2016,
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Periodista en México, profesión de riesgo

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Desde 2000 han perdido la vida 74 periodistas debido a la represión de los narcos en México

La impunidad de la que gozan los señores de la droga permite que amenacen, secuestren e incluso asesinen periodistas que denuncian la situación del país y luchan por desentrañar el entramado entre narcotraficantes y autoridades.

La violencia de los narcotraficantes y la corrupción de las autoridades han convertido México en un campo de batalla donde el soborno, las amenazas y los asesinatos son las armas usadas en esta obsesiva guerra por el control de las calles. Los narcos compran a las autoridades, y eliminan miembros de bandas rivales en sangrientos combates urbanos, donde además, mueren ciudadanos inocentes. Pero sus balas tienen más objetivos, en muchos casos la diana se sitúa sobre los que cuentan lo que pasa a la población e investigan el entramado del narcotráfico mexicano. Los periodistas son blanco de estos criminales organizados.

“México se ha vuelto un polvorín. Hay brotes de violencia todo el tiempo y corre demasiada sangre debido al narco y la corrupción de las autoridades”, dice una periodista, de la que no diremos su nombre por motivos obvios, quien además afirma seguir viviendo en la capital y dedicándose al periodismo a pesar de lo que esto significa en su país.

En un primer momento, a los periodistas se les intenta sobornar. Los que no aceptan ser comprados por los señores de la droga, corren el grave peligro de ser secuestrados y asesinados

En un primer momento, a los periodistas se les intenta sobornar. Los que no aceptan ser comprados por los señores de la droga, corren el grave peligro de ser secuestrados y asesinados.

Así lo cuenta Juan (nombre ficticio), reportero del canal de televisión Televisa en la ciudad de Veracruz. “Hay muchos que no se resisten a la tentación de un ingreso extra por decir o no decir. De cualquier manera, a los reporteros policíacos no les queda más que aceptar el soborno, porque quienes no son su amigos son sus enemigos y muchos periodistas que no entran en el juego son eliminados”.

Juan, además, es uno de esos muchos periodistas que han sido amenazados de muerte por realizar un trabajo que no ha gustado a las bandas narcotraficantes. “Fui amenazado por hacer un reporte sobre las acciones que realizan el ejército y la marina en contra de ellos, se enojaron porque di a conocer los logros de las fuerzas armadas”.

A pesar de las malas intenciones de los narcos, el reportero sigue en el mundo del periodismo. Es precisamente por eso por lo que conoce casos de compañeros suyos en los que los criminales no se han quedado solo en amenazas. “Han matado a varios colegas de otros medios, entre ellos a un columnista y a toda su familia y a una reportera de mi ciudad a la que dejaron sin cabeza. Además, nuestro reportero de sucesos tuvo que huir de la ciudad protegido por el gobierno y la empresa para evitar su muerte, está en un lugar desconocido, pero con vida”.

Desde el año 2000 hasta nuestro días 74 periodistas han perdido la vida en México a causa de la represión que ejercen los narcos contra la libertad de prensa, según el diario mexicano La Jornada.

Crimen sin castigo

La corrupción de las autoridades permite que los sicarios de las bandas maten impunemente a todo el que se mete en sus asuntos, afirma la periodista mexicana Anabel Hernández

La corrupción existente en las autoridades es lo que permite que los sicarios de las bandas maten impunemente a todo el que se mete en sus asuntos. Esto afirma la periodista mexicana Anabel Hernández, quien ha publicado recientemente el libro ‘Los señores del narco’, donde destapa diversos pactos entre personalidades públicas y dirigentes narcos.

La autora vive manezada desde que publicó el libro y afirma, como declaró en una entrevista al periódico mexicano La Vanguardia, que no son los narcos los que quieren su muerte, sino los altos mandos de la Secretaría de Seguridad Pública Federal.

Según una fuente que la periodista indica como muy fiable, Genaro García Luna (secretario de seguridad pública) y Luis Cárdenas Palomino (brazo derecho del anterior) planearon un atentado contra ella que no llegó a tener lugar, debido a que la periodista hizo público el asunto: “Me pareció que callar no sólo ponía en riesgo mi vida y la de mi familia, también ponía en riesgo que si algo me pasaba quedara impune”.

De acuerdo con las investigaciones de Hernández, no solo la Secretaría de Seguridad Pública Federal está involucrada en el tráfico de drogas, sino que también grandes empresarios, policías, políticos y militares están de una forma u otra implicados en las tramas del crimen organizado.

Resulta difícil y claramente peligroso querer ser un buen periodista en México. “Hay que autocensurarse, más vale eso que arriesgar tu vida o la de tu familia”, se resigna Juan. Quien además tiene fe en que con la llegada de un nuevo gobierno el próximo año, esta ola de violencia y desprecio hacia la vida humana disminulla en la República de México.

Pero por el momento, los periodistas que quieren cumplir su compromiso con la sociedad y con la democracia se juegan la vida como soldados en un campo de batalla. Los que, como Anabel Hernández, están convencidos de que hay que combatir al narco y al corrupto que lo solapa saben, que si ceden y se rinden, se está condenando a los periodistas de las próximas generaciones a ser esclavos del poder y la corrupción.


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