Miércoles 26 de marzo de 2014,
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Periodistas corridos, crónica de un seguimiento

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OPINIÓN / La profesión de periodista: censura, amenazas, asesinatos, corrupción, doble moral, pasión y vocación

Hace unos días atrás, en un evento social (la presentación de un artista) me tocó ser testigo presencial, por segunda ocasión en menos de un mes, de lo que me indujo a elaborar la presente.

Las ‘amables’ invitaciones a los periodistas a abandonar los actos
En ese evento, una persona entregaba el correspondiente boleto de entrada a la persona encargada de recibirlos, y de un costado del último mencionado, el acompañante o guardia de seguridad o supervisor del evento, —ignoro quien o que haya sido en el lugar— dijo en forma clara y contundente: “Este pinche periodista no entra”. Y dicho y hecho. El recibe-boletos se puso frente al señalado negándole el paso, y puesto que esa voz sonó como la de un cacique autoritario, obligó a que los ahí presentes volteáramos y buscáramos visualmente a la persona que se señalaba. Este, lejos de inmutarse o detener su marcha, mantenía la mano extendida, esperando se le recibiera su boleto y dijo en forma tranquila: “Soy un consumidor más y como tal se me debe tratar, cuando venga en plan periodístico entonces puede gritar, si es que para ello tiene motivos. Ahora dígame, ¿en qué parte existe un letrero en donde se muestra a quienes se les prohíbe la entrada?”.

“Este pinche periodista no entra. (…) Déjalo pasar, ya sabemos que de igual forma hablará ‘pestes’ de lo que viene a ver

El tipo gritón, al observar que el público asistente les observaba fijamente y que en algunos había muestras de desagrado, además de alguna frase altisonante dirigida a él específicamente, solo se limitó a responder y decir: “Déjalo pasar, ya sabemos que de igual forma hablará ‘pestes’ de lo que viene a ver”. Se le recibió su boleto y en medio de la multitud ya presente en el interior del local, se me perdió de vista.

Entonces me quedé pensando en el otro evento del cual también vi a los reporteros ser ‘invitados’ amablemente a abandonar el lugar en el que se encontraban, por motivo de la presentación de una conferencia, estando estos ya cómodamente acomodados y atentos.

Por consiguiente y ante estos hechos, me hice un nuevo cuestionamiento que decía así: ¿Vale la pena ser reportero, qué es el periodismo?

¿Qué es ser periodista? ¿Merece la pena?
Por lo que algún tiempo libre dediqué a preguntar a quiénes se mantienen profesionalmente de esta tan amada por muchos y corrompida por otros, pero ya polemizada y últimamente ensangrentada profesión.

Una de las respuestas que se me dio y la cual considero se apega más a la realidad fue —salvo su respetuosa opinión y recordando que yo no lo soy profesionalmente—: “Un periodista es la persona con sentido innato de dar a conocer a la comunidad un hecho trascendente y en forma global, con el mínimo de palabras a través de un escrito, un programa radiofónico o televisivo”.

A lo que se me dio como añadido las siguientes definiciones: “El periodista es también conocido como: corresponsal, reportero grafico, locutor, etc. El periodismo abarca un sin número de áreas noticiosas como lo son entre otras: el deporte, la política, los eventos policíacos, la cultura, el entretenimiento, la moda y también, ¿por qué no decirlo?, las guerras”. En fin, me dijeron lo que varios de esta publicación conocen al derecho y al revés.

También hay personas y publicaciones que juegan un papel de doble moral y son estos los que perjudican más a aquel que verdaderamente es periodista por vocación

Pregunté: ¿Existen corruptos dentro del gremio? Y se me respondió: “Es una situación no difícil de saber, pero es fácil detectar a quien lo es, dado el énfasis con el que redacta sus notas a favor o en contra de alguien y la continuidad o forma de presentarlas. Además de eso, también hay personas y publicaciones que juegan un papel de doble moral y son estos los que perjudican más a aquel que verdaderamente es periodista por vocación”.

El ‘cártel de los periodistas’
Uno de varios ejemplos que me pusieron a consideración fue el reciente caso de lo que alguien llamó ‘El cártel de los periodistas’ —¡Ah, pa’ nombrecito!—, el cual se manejaba desde el interior del Gobierno Municipal, específicamente en la Dirección de Comunicación Social, en donde se habló de la corrupción que se manejaba en el medio informativo con fichas signaléticas de reporteros que eran señalados como ‘buenos o malos’, en las que se incluía además el nombre del director de la publicación, del reportero, y eventos de corrupción en los que se actuó.

Esto, a raíz de que la entonces directora de comunicación social del Gobierno Municipal. Todos los días se reunía con su grupo de trabajo para revisar y calificar las publicaciones hechas, en las que se hiciera referencia a las actividades del presidente municipal y sus dependencias. Del maltrato a los que ahí se presentaban, ignorantes éstos de estar señalados o marcados como no gratos. Y también a raíz de observar el marcado favoritismo a otros pocos.

Tras darse a conocer públicamente en algunos medios de comunicación el título con el que se nombraba y lo que ocurría con esos periodistas inconformes por ser asemejados con asesinos, narcotraficantes, etc., al llamárseles ‘Cártel’, aparentemente quedó como resultado la fusión de las oficinas de comunicación social y la de relaciones publicas, aduciendo que fue para fortalecer la administración y optimizar el gasto público, quedando al frente como director el Sr. Álvaro Ávila Vázquez. De quien fuera la entonces directora, Sra. Maricarmen Viera, no se señaló su destino, pero aún hoy día aparece en las listas oficiales de empleados municipales con el mismo cargo y rango dentro de la administración municipal, como Directora de Comunicación Social.

Al darse a conocer este boletín escueto de la fusión de direcciones, no hubo un periodista más que volviera a hablar del asunto, igual se ignora en que manos quedaron las llamadas fichas signaléticas o si fueron destruidas o se usarán en fechas futuras por quien las tenga en su poder, además del también interrogante: ¿doble sueldo de director?

La doble moral: los anuncios de ‘masajistas’
Otro ejemplo que se me puso fue la supuesta transmisión televisiva a nivel nacional en la que se habla de valores personales, de las virtudes, del buen ejemplo, de la enseñanza, de los logros y pare usted de contar qué no se dice con motivo del sagrado bicentenario de la independencia de México. ¡Ah!, pero también se habla de esos periódicos “nefastos, sucios, pueriles” en los que aparecen anuncios de chicas masajistas ofreciendo sus servicios, anuncios impresos con fotografías podríamos decir seductoras, y entonces, ¿en donde quedan esos valores? ¿Por qué si una televisora es capaz de hablar mal de un periódico y lo trata de inconciente, inmoral, de ser un medio en el que se promueve la prostitución, la pornografía infantil, etc., por qué esa televisora antes de atacar, agredir, o hablar de alguien o algo, no revisa primero las publicaciones impresas que de ella dependen? Porque igual aparecen fotos y anuncios de ese tipo, porque igual o peor se llenan páginas y páginas de actores y actrices vestidas/os con ropas diminutas que no dejan nada, pero nada, a la imaginación. Y si hablamos del contenido visual en las transmisiones novelescas o los programas chatarra que transmiten, ¡oiga usted, es para ponerse a pensar de qué lado del ring se está! ¿No cree?

¿Fue guerra sucia porque los periódicos ahí señalados eran más vistos que ese noticiero nocturno o hubo algún otro interés de por medio para que se embolara la mente de los televidentes? Eso se deja como respuesta personal —de quien escribe y lee— porque una oficial creo no se tiene, pero las evidencias están impresas en sus mismas publicaciones: las fotos, bueno esas aparecen e igual un niño ve el periódico que esa revista; los anuncios, de la misma forma, solo que esos somos los adultos quienes los elegimos.

De nuevo, ¿vale la pena el riesgo?

En la Dirección de Comunicación Social se habló de la corrupción que se manejaba en el medio informativo con fichas signaléticas de reporteros que eran señalados como ‘buenos o malos’

Igual sentí que me quedaba con dudas cuando concluía con las preguntas, pero volví con la interrogante: ¿Vale la pena el riesgo? Me pregunto hablando en forma específica de lo ya visto y los periodistas asesinados a últimas fechas en el país.

De eso, recibí como respuesta solo una sonrisa o un simple, “uno se la juega cuando se mete a hacer el trabajo que no hacen o callan nuestras autoridades”.

¿Qué saqué de conclusión de lo vivido en esos dos eventos? Creo que la respuesta es simple y sencilla, no hay profesión incorrupta y existe mucho desinterés humano en ser honesto, en este momento el poderoso caballero es ‘Don dinero’. Los valores se pueden pregonar y presumir, pero no enriquecen los bolsillos, y el minimizar o correr a quienes tienen una encomienda informativa seguirá dando igual para muchos, porque si una empresa cita a la prensa a un evento, se le tiene que respetar, y los reporteros mismos hacer lo correspondiente. No significa que se deben omitir las cosas negras de ese hecho, o que lo bueno se resalte con bombos y platillos. Lo que no se vale es que se juegue con doble cara por ambas partes. Lo peor es que los mexicanos estamos acostumbrados a esa ‘verborrea’ de “¡No pasa nada, en México no pasa nada!”.

Por eso entonces un periodismo verídico, sin sensacionalismos, siempre tendrá alguien que lo difunda porque alguien lo querrá leer.

Los periodistas se dividirán en corruptos y no corruptos, y en las más de las ocasiones, como ya se ha visto en hechos recientes, los buenos terminarán pagando los platos rotos de los malos, y no existirá autoridad alguna que investigue el hecho, porque en México ¡No pasa nada! ¡Dios Salve América!


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