Miércoles 18 de octubre de 2017,
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Pontejos y los mamelucos

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Almacén tradicional de mercería en la madrileña plaza de Pontejos

Cuando
hasta las putas han dejado de creer en el socialismo, lo tuyo es mío y
lo mío también, mal andamos

Opinión

Históricamente, multitudes femeninas se han repartido codazos, eso sí, por turno, entre sus vetustos
mostradores de hilos, piedras y todo tipo de abalorios. Pontejos,
situado muy próximo a la Puerta del Sol y al lado de la Presidencia de
la Comunidad, es el almacén de mercería más famoso de Madrid, así como
uno de los comercios más antiguos de la ciudad.

Ahora, dos siglos más tarde, los mamelucos somos nosotros.
Menos mal que ya no está Goya para pintarnos
(…) justo enfrente, también se devanan los sesos, y hasta los
higadillos, pero con navajas albaceteñas, por conservar un Audi de
cristales tintados

En torno a la fuente de
la plaza que da nombre a este establecimiento, y ajenos al trasiego de
reyertas femeninas por un quítame de ahí ese varojki, matan
el tiempo los escoltas de los gerifaltes madrileños.

Allí departen
sobre lo bueno que es Casillas y lo duros que son los postes en el
Calderón, sobre todo para los delanteros del Atleti, mientras los
acompañantes de las apasionadas clientas esperan sentados en los bancos
de esa pequeña plazoleta, constatando la gran clase del parque
automovilístico del Gobierno madrileño, y viendo pasar la vida con
Chambao por gentileza de los Reyes Magos y el Emule.

A escasos metros, desde su despacho y a vista de
pájara, la Presidenta de los madrileños podría observar, si lo tuviera
a bien, a un pueblo remendado y superviviente en lo poco que va
quedando de aquella ciudad que un día creyeron amar creyéndola hermosa,
hoy llena de costurones y ajena a sus gallardonescos
vodeviles.

Si lo tuviera a bien, también podría contemplar a manteros
entrenando a los municipales; a un indigente con su desvencijado carro
de la compra impulsado por el etanol del tintorro; y a una puta
negociando el precio del caliqueño, negándose a bajar su bandera con
un descuento del 20% por mucho que el cliente alegue el desplome
bursátil, que ella compró Endesas con Pizarro y le fue muy bien. Cuando
hasta las putas han dejado de creer en el socialismo, lo tuyo es mío y
lo mío también, mal andamos.

Mientras cada día las mañosas se devanan los sesos
en Pontejos, haciendo encajes de bolillos para estirar las nóminas y
que así pueda resultar más presentable el traje de los domingos, allí
mismo, justo enfrente, también se devanan los sesos y hasta los
higadillos, pero con navajas albaceteñas, por conservar un Audi de
cristales tintados.

Tras ellos podrán seguir manejando impunemente los
hilos de las marionetas que se mueven a sus pies, y que repiten sus
soflamas como buenos ciudadanos cada vez que les dan cuerda. Y así
seguirá ocurriendo mientras las mujeres, y también los hombres, sigamos
optando por ser el rebaño que sólo se concentra para ir a las rebajas,
al fútbol o a las manifestaciones convocadas por quienes han
deshilachado nuestros bolsillos, y sólo pisan la calle para llevar una
pancarta. Ahora, dos siglos más tarde, los mamelucos somos nosotros.
Menos mal que ya no está Goya para pintarnos.

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