Domingo 25 de septiembre de 2016,
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Por el miedo a ser feliz, mejor no sonreír

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A veces la pregunta no es ¿por qué no soy feliz?, si no, ¿por qué no quiero serlo? Y la respuesta es fácil. Puro miedo

Hay días en los que el mundo se convierte para mí en una auténtica miseria. Después de un día de pura felicidad, cuando todo me ha salido bien y no puedo estar más eufórica, enciendo la televisión y me dejo caer pesadamente en el sofá. El mando a distancia pierde el control y sus circuitos comienzan a hacer chispas y ruidos raros mientras yo cambio de canal por vigésima vez.

Miro el reloj avispadamente… es la hora de los telediarios y, en consecuencia, tengo que desistir en mi empeño por encontrar diversión en la cajita tonta.

El corazón se me encoje en un puño mientras los reportajes de terremotos, tsunamis y lluvias torrenciales devastan y asolan multitud de países y ciudades

Tonta, eso es lo que pienso yo que debo ser. No sé si es que soy una inconsciente o es que mi inmadurez catastrófica no me permite darme cuenta de la realidad. Pero sonrío para mis adentros y me alegro de mi estupidez… qué feliz soy ajena a tanta desdicha.

Catástrofes… ¿naturales?
El corazón se me encoje en un puño mientras los reportajes de terremotos, tsunamis y lluvias torrenciales devastan y asolan multitud de países y ciudades. Los niños malnutridos se hacinan en mi pecho y lloran dentro de mi corazón.

Entonces la presentadora de turno, Afrodita hecha carne y alejada por completo de tanta miseria, comienza a ofrecerme datos y números estadísticos acerca de la situación económica actual. Pienso en mi futuro y me ahogo en un vaso de agua, la cosa no puede ir a peor, pienso para mí misma.

Vacilo un rato y me planteo seriamente la opción de apagar el dichoso chisme que me comunica con el mundo, pero cuando ya estoy completamente convencida de hacerlo, una fuerza o un ser Superior me lo impiden. Imágenes de guerras injustas e inocentes desangrados se agolpan con dureza en mi duro raciocinio. Trato de buscar un por qué a tanta desgracia, pero las lágrimas comienza a brotar y ya no puedo echarles candado. Demasiado tarde.

Ahora si apago la televisión y enajeno mi mirada hacia el cielo. Le pregunto por qué demonios me ha dado tanta abundancia a mí, y tan poca a todos esos desdichados, y por supuesto, le culpo de todo este desorden.

Le culpo por no hacer felices a las personas desde fábrica, y reniego por habernos dotado del sentimiento de culpa que nos invade ante sus errores mortales.

Tenemos la culpa…. ¿De qué?

Le culpo por no hacer felices a las personas desde fábrica, y reniego por habernos dotado del sentimiento de culpa que nos invade antes sus errores mortales

De nada, nosotros no tenemos la culpa absolutamente de nada. Son nuestros pensamientos los que la tienen, todo sea dicho.

Para muchos esto que oso decir se les antoje una locura. ¿Cómo no vamos a tener la culpa de tanta desgracia?

Pues no, insisto y repetiré hasta la saciedad que los herejes son nuestros pensamientos. Si yo me he dado cuenta, todo el mundo tiene derecho a salir del error, del error común.

Por el miedo a ser felices, no somos ni capaces de sonreír.

Aprendí que cuando me caigo no tengo que llorar por el tropezón, sino levantarme y reírme de mi torpeza. Y cuando sangro no tengo que culpar a nadie por ello, sino lamerme las heridas y recuperar el hierro perdido.

Si alguna vez la soledad se ha apoderado de mí, la he tomado de la mano y me la he llevado a jugar conmigo… cuando creí que ya nadie más sabría cómo cuidarme, me encontré con que mis alas volvían a crecer desde la raíz.

Cuando sentí que la vida me había regalado una tristeza enorme, le dediqué mi mejor sonrisa y la ahogue en mi pasión, en mis ganas de vivir. Y cuando mis sueños los creí extintos, me tropecé con el ánimo y el apoyo de miles de miradas que, en silencio, seguían creyendo en mí.

Esto deberíamos saber hacer todos cada día, cada segundo… y que las ganas de vivir no quedaran en el intento.

No pido indiferencia hacia la realidad, ruego que la alegría desborde cada corazón. Añoro felicidad sin motivo, causa, ni ‘por qués’.

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Sobre el autor

1 comentario

  1. Anónimo 07/05/2011 en 23:13

    Me encantó el artículo, me hizo llorar bonito 🙂
    Me dí cuenta que tengo miedo a ser feliz, todavía no descubro bien porque o el fondo de ese profundo descubrimiento, sin embargo su artículo me iluminó el alma.
    GRACIAS!!!

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