Viernes 30 de septiembre de 2016,
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“Por la decisión del Comité de No Intervención nos cogieron como a ratas”

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José Eduardo Almudeve, brigadista internacional, comparte sus recuerdos sobre la Guerra Civil española, la represión franquista y su estancia en el campo de concentración de Albatera

José Eduardo Almudeve, brigadista internacional, compartió esas experiencas, así como su militancia en la clandestinidad antes de huir a Francia, con los asistentes a las III Jornadas en torno al campo de concentración de Albatera, celebradas este fin de semana en San Isidro (Alicante).

Cuando los republicanos concentrados en el puerto de Alicante se rindieron, Franco escribió el último parte de guerra. Con el encarcelamiento de todos los que no consiguieron subirse al Stanbrook, único barco que se acercó hasta el puerto alicantino, comenzaban 40 años de sufrimiento para quienes se mantuvieron fieles al legítimo gobierno de la II República.

Como otros republicanos, José Eduardo cree que el Comité de No Intervención tuvo mucha responsabilidad en lo ocurrido en el puerto de Alicante. La promesa de unos barcos que nunca llegaron fue lo que llevó hasta allí a todos esos republicanos. “Por la decisión del Comité de No Intervención nos cogieron como ratas”, afirma el brigadista internacional.

Tras convertirse en prisioneros del franquismo fueron trasladados al campo provisional de los Almendros y de allí al campo de trabajo que la República había construido en Albatera. Ya no sería un campo de trabajo. José Eduardo no sabe como describir su estancia allí. “Horror no es una buena palabra, era peor que eso”. Tampoco sabe como explicar lo que se siente al oír a alguien morir de estreñimiento.

Se pasaba tanta hambre que los franquistas que vigilaban el campo lanzaban almendras a los presos para golpear a quienes, movidos por el hambre, se lanzaban para recogerlas.

Consiguió salir de España antes del triunfo franquista, pero volvió clandestinamente en un barco para seguir luchando contra el fascismo

Solloza al recordar que solo tenía 20 años cuando fue testigo de varios fusilamientos de presos. Personas fieles a los ideales que les habían llevado allí hasta su último aliento. Recuerda como oía vivas a la República, al Socialismo y al Comunismo, incluso algún insulto a los verdugos, antes de que se escucharan los tiros de gracia.

La risa ilumina su cara cuando rememora el acto de caridad al que se vieron obligados los reclusos en el campo de concentración de Albatera. El cura de la localidad se desplazó hasta allí. Junto con cuatro guardias, que llevaban una manta cogida cada uno por una esquina, obligaron a los presos a vaciar sus bolsillos sobre ella. Días más tarde ese cura declararía que los presos republicanos habían donado sus pertenencias a la Iglesia.

Cuando se cerró el campo, José Eduardo estuvo en varias cárceles franquistas antes de salir en libertad. Una vez en la calle dedicó sus esfuerzos a reconstruir, en la clandestinidad, las Juventudes Socialistas en Alcácer. Por un chivatazo su esposa supo que había sido descubierto y decidió huir a Francia. Allí estuvo 18 años sin poder volver a España, su país, aunque naciera en Marsella (Francia).

Toda esta historia se vuelve más heroica cuando se sabe que, como brigadista internacional, consiguió salir de España antes del triunfo franquista, pero volvió clandestinamente en un barco para seguir luchando contra el fascismo.


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1 comentario

  1. Anónimo 15/04/2010 en 17:57

    Me gustaría que ganases para que hicieses un buen reportaje sobre los campamentos saharauis en Argelia. Suerte.

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