Sábado 01 de octubre de 2016,
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Promover nuevas cajas de ahorro como entidades financieras éticas

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OPINIÓN / Una iniciativa en la web Actuable propone la recogida de firmas para proponer la creación de una entidad financiera ética al ayuntamiento de Vigo

“Nunca han pensado en salvar las cajas: su plan, ya prácticamente cumplido, era apoderarse de ellas

Para ello, en los últimos 25 años se dedicaron a desproveerlas de todos los elementos que las hacían útiles y duras competidoras frente a los bancos.

Me explico: a pesar de que durante el franquismo, las ‘cacicadas’ y abusos estaban al orden del día, las cajas, por su naturaleza, eran (en teoría) una valiosa herramienta para el desarrollo popular y familiar en el entorno de su actuación, y buena prueba de ello fue su éxito, ya que acumularon más del 50% de los recursos financieros del país, dato aún más destacable porque sus depósitos provenían fundamentalmente de las clases menos pudientes.

Durante el franquismo las cajas de ahorro debían ser entidades sin ánimo de lucro, reinvertir sus beneficios en la sociedad y tener operativas transparentes y reguladas

Según sus normas de funcionamiento, deberían de ser entidades ‘sin ánimo de lucro’, sus beneficios deberían de emplearse al servicio de la sociedad, y sus operativas financieras debían ser transparentes y reguladas, iguales para todos sus clientes.

Tenían prohibidas operaciones de riesgo, y su ámbito de actuación debía limitarse al área de su implantación geográfica (provincial o municipal), es decir, invertir en el mismo origen de los capitales depositados… Pero no por ello perdían conexión con el resto del Estado, ya que todas estaban encuadradas en una Federación (por ejemplo, Federación de Cajas de Ahorro Gallegas) y éstas en una Confederación (CECA: Confederación Española de Cajas de Ahorro) desde donde, con la tutela de los organismos oportunos, se planificaba la política financiera de las mismas, dentro de su estricto reglamento, constituyendo, en la práctica y para la operativa con sus clientes, una única Caja de Ahorros para todo el Estado.

Siendo entidades de carácter privado, su gobierno y control estaba asignado a un Consejo elegido por los representantes de los estamentos relacionados con su creación y mantenimiento: la entidad fundadora (ya fuera un ayuntamiento, o una diputación, o un ente social), los trabajadores de las mismas, los clientes o usuarios, y otras entidades de mercada representación social.

Durante la dictadura, esas representaciones estaban consignadas de forma nada democrática, pero la llegada de la ‘transición’ apenas supuso algún cambio significativo, ya que los sistemas para la elección se establecieron de forma poco ortodoxa, democráticamente hablando, y dependiendo de cada caja en concreto, ya que cada una estableció las normas a su albedrío.

En algunas cajas se suprimió la mayoría que tenía en el Consejo la entidad fundadora, por ejemplo, el ayuntamiento, precisamente cuando el mismo pasó a estar constituido de forma democrática.

Se incorporaron representantes de los clientes (como grupo mayoritario), pero su elección está condicionada por un sorteo, de dudosa legalidad en cuanto a la forma de celebración, pero que

Durante la transición el sistema para la elección de consejo de administración se estableció de forma poco democrática, disminuyendo la presencia de representantes sindicales

además limita el derecho de cualquier persona a presentarse como candidato.

Se mantuvo la representatividad de entidades sociales, seleccionadas no se sabe bajo cual criterio, pero la mayoría de escasa representatividad social, en cuanto a número de personas afectadas, y elegidos de forma totalmente antidemocrática, conociéndose casos de designación de miembros por indicación expresa de los dirigentes de la caja afectada, de personas que se adherían a la entidad momentos antes de la elección.

Los representes del Sindicato Vertical, fueron sustituidos por representantes de los trabajadores y trabajadoras de la propia caja, pero en seguida esa participación se redujo en el Consejo, de 4 a uno, suprimiendo además la elección directa, ya que el ‘cargo’ era designado por el pleno de la Asamblea de entre los elegidos por los distintos niveles profesionales. Es decir, los trabajadores elegían por grupos, diferenciándose jefes, oficiales, auxiliares y subalternos, y luego, entre todos ellos, el pleno de la Asamblea elige a una sola persona, en lugar de las cuatro que un principio les correspondían.

Pero con la transición los banqueros fueron de los que más se beneficiaron, y su expansión y crecimiento fue geométrico, ya que Franco los controlaba férreamente y, salvo excepciones con ciertos personajes, estaban sometidos a controles y limitaciones que entorpecían sus objetivos.

Libres de de la dictadura y con el beneplácito de los políticos de turno, empezaron por apoderarse de la banca pública (agrupada en Argentaria), y aunque el Banco de España parecía quedar fuera del lote, lo cierto es que el mismo cerró sus puertas al público en general, y asumió la responsabilidad de constituirse en el banco de los bancos, es decir, facilitar sus operaciones y prestarles apoyos y ayudas en su desarrollo, así como para ‘resolver’ conflictos con sus clientes, desde una expectativa muy burocratizada y sin poder resolutivo que pudiera satisfacer cualquier demanda, ya que las mismas quedan a expensas de que las personas perjudicadas acudieran ante los tribunales de justicia, o lo que es lo mismo, eternizar la resolución de problemas, generalmente de poco importe económico por operación, pero si elevado por el número de personas o empresas afectadas, incapaces de unirse para una acción conjunta.

En esa transición los banqueros fueron los más beneficiados, ganando cuota de mercado cada vez que se producían fusiones de cajas de ahorros

Aún así, más del 50% de los recursos financieros se escapaba a su control, por lo que el objetivo era ‘conquistar’ el mercado ocupado por las cajas… (así lo declaró el señor Termes, a principios de los 90 y en una Asamblea de la Asociación Española de la Banca Privada, como presidente de la misma, donde vino a decir algo así como “Las cajas usurpan el 50% del mercado financiero, que nos pertenece…”).

Pero ya llevaban tiempo con su planificación, por lo que el Banco de España, entidad que teóricamente ejercía el control sobre las cajas, para que las mismas cumplieran con sus fines estatuarios, empezó a ‘relajar’ su vigilancia sobre las mismas, empezando por admitir que las auditorías que periódicamente tenía que hacer a las cajas, mediante sus funcionarios inspectores, fueran realizadas por entidades privadas (por ejemplo Artur Andersen, que pocos años después fue denunciada por corrupción), pero además facilitó la expansión territorial (con lo que provocó una competencia entre las cajas, rompiendo su unidad de acción, dejando sin contenido tanto a las Federaciones como a la Confederación de Cajas de Ahorro), propició las fusiones entre las cajas, y lo que fue peor, permitió cambios en las normas de elección de los miembros de los Consejos y Comisiones de Control, agravando aún más el obscurantismo y la gestión de las cajas, que incurrieron en numerosos casos de corrupción, muchos más, probablemente, que los denunciados públicamente.

Dentro de ese plan de ‘bancarización’ de las cajas, se incluyó permitirlas participar en operaciones de alto riesgo financiero, rebajando sus niveles de seguridad e incurriendo en situaciones que a largo plazo las han llevado a la situación de crisis actual, y para ello se hizo la vista gorda sobre la maniobra de crear empresas ficticias, como Sociedades Anónimas Unipersonales que emitían valores de alto riesgo, y que luego resultaron desastrosos para los clientes que aceptaron participar en los mismos, fiándose de una caja que ya no era lo que debería de ser en cuanto a fiabilidad y honradez.

El Banco de España permitió cambios en las normas de elección de los miembros de los Consejos y Comisiones de Control, agravando aún más el obscurantismo y la gestión de las cajas, que incurrieron en numerosos casos de corrupción, muchos más, probablemente, que los denunciados públicamente

Los previstos problemas de gestión, muchos de ellos enraizados con la falta de democracia en sus Consejos, donde en los cargos electos se repetían prácticamente las mismas personas, en extrañas maniobras de cambios de reglamento, elecciones poco fiables, y designaciones a dedo, fueron deteriorando el perfil de solvencia de las entidades, máxime cuando los métodos de estimación son totalmente aleatorios y dependientes de calificaciones de difícil justificación, por ajena a una valoración real.

Pero ello permitió exagerar situaciones fraudulentas, que justificaran fusiones y operaciones cuyo único objetivo era reducir el número de cajas, ya que teniendo la idea de apoderarse de ellas, se trataba de moderar su número, ya que siendo más de 70 sería muy complicado ir adquiriendo una a una, dado su carácter de independencia (demasiados Consejos que domesticar).

Todos recordamos las declaraciones de MAFO, insistiendo en la necesidad de concentrar a las cajas, sin que nunca explicara las verdaderas razones para ello, pues resulta que su competitividad, cada vez que se fusionaban, bajaba.

Permitió exagerar situaciones fraudulentas, que justificaran fusiones y operaciones cuyo único objetivo era reducir el número de cajas, con la la idea de apoderarse de ellas

En Galicia, de donde se partía con siete cajas, que superaban sobradamente el 50% de los recursos ajenos, cuando al final se quedaron en dos, esa cuota ya estaba en un 35% (según declaraciones del Conselleiro de hacienda) es decir, perdían cuota de mercado, y por lo tanto, peso especifico.

A la vista de los resultados es evidente cual era el objetivo de tanta fusión.

Pero además, se tomaron otras iniciativas, para favorecer los objetivos (ya consumados) y que están patentes en la actitud de muchas personas, que no conocen a fondo todo el proceso.

En nuestra propuesta de tratar de recuperar a las cajas de ahorro, pidiendo a los responsables municipales que reinicien el proceso de creación, como ya se hizo en el año 1880, en Vigo, tratamos de explicar a todas las personas que nos quieran oír, las razones para hacerlo.

Pero la respuesta que recibimos más frecuentemente es: ¿pero para que crear nuevas cajas, si, total, se comportan como los bancos?

Lo que es totalmente cierto, pero cabe la posibilidad de que las mismas sean creadas de otra forma, respetando e implantando controles democráticos, y ejerciendo vigilancia y participando en su control y seguimiento.

Y a eso estamos. Porque, si tomamos conciencia de ello, podemos exigir al Concello que apruebe su fundación, apoyar masivamente la idea, y vigilar la designación de sus órganos de gobierno y control, participando activamente en su constitución y vigilancia posterior.

Para eso iniciamos una campaña de recogida de firmas para presentar al Pleno del Ayuntamiento, y a ver qué deciden nuestros representantes municipales, que quizá pudieran llegar a un acuerdo unitario con otros ayuntamientos próximos, y así hacer más viable el proyecto.

Nuestra propuesta es convocar a personas dispuestas a colaborar en una recogida de firmas efectiva, consistente en crear pequeños grupos de trabajo que recorran los comercios y empresas de la ciudad, incluso domicilios particulares, explicando el proyecto y recogiendo las firmas necesarias, debidamente identificadas, para su posterior presentación en el Ayuntamiento de Vigo.


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1 comentario

  1. Anónimo 13/10/2011 en 19:49

    Me parece la mejor idea que he visto en los últimos tiempos. Se trata de unirse en una iniciativa para no alimentar los intereses de los accionistas, a costa de nuestros depositos arriesgados indebidamente y luchar contra la usura (la idea inicial de las Cajas), que las Cajas olvidaron. Hay que hacerlo a nivel nacional. Cuenten conmigo. Eusebio.

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