Jueves 25 de mayo de 2017,
Bottup.com

Propuesta sindical: ningún convenio colectivo por debajo de los 1.000€

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Tras la resaca del Primero de Mayo, creo que vale la pena comentar el leit-motiv de las convocatorias sindicales de este año: por los salarios dignos, todos mileuristas (mínimo) por convenio

Opinión

La popularización del término “mileurista“,
con las implicaciones de formación y precariedad laboral (y civil) que
colleva, ha condenado a la oscuridad mediática a un amplio sector de la
población activa (nada menos que el 35%) que no tiene la “suerte” de
cobrar una nómina que alcance los 1.000€ al mes: son los submileuristas,
trabajadores con escasa formación académica, empleados del sector
servicios que requieren poca cualificación para ser desempeñados pero
que, sin embargo, son útiles y necesarios como cualquier otro trabajo
tanto para la sociedad como para la economía, y son remunerados con
entre 600 y 1.000 € mensuales.

No es en absoluto agradable ser joven, tener una carrera universitaria, en muchos casos un máster, idiomas (…) y sin embargo tener un trabajo precario

Ser mileurista
no es ningún chollo, por supuesto: no es en absoluto agradable ser
joven, tener una carrera universitaria, en muchos casos un máster,
idiomas, conocimientos de informática, mejor formación académica que tu
jefe y sin embargo tener un trabajo precario, una jornada laboral
draconiana
y un sueldo que no alcanza para soñar con una hipoteca que
te subyugue para el resto de tus días ni con un alquiler tan asequible
y esperanzador como inexistente que te permita independizarte, y sobre
todo condenado a un futuro sin expectativas. La generación mejor
formada
se encuentra ante sí con el futuro más negro.

Pero si ser mileurista hoy en día es complicado, el submileurista lo tiene aún peor,
es el eslabón más débil de la cadena del empleo: el trabajador más
fácilmente sustituible, con menos recursos personales, habitualmente
con más cargas familiares y financieras, y por lo tanto más fácilmente
“explotable” (si me permiten utilizar esta retórica en el siglo XXI).
Es a estos 6 millones de trabajadores (y a la mejora de su calidad de
vida) a los que los sindicatos han convertido en prioridad de cara a
las negociaciones colectivas próximas: Ahora que la coyuntura económica
lo permite, y que el desempleo ha caído a un 8,4%, el objetivo a partir
de ahora es que no se firme ningún convenio de los que se negocien a
partir de ahora que no incluya una retribución mínima de 1.000€ para
los puestos de trabajo menos cualificados. Los principales beneficiados
serán los empleados del sector servicios, mayoritariamente hombres y
mujeres, aunque no hay que olvidar que el submileurismo es un mal que
afecta al 35% de los empleados a jornada completa.

“El objetivo a partir de ahora es que no se firme ningún convenio de los que se negocien a partir de ahora que no incluya una retribución mínima de 1.000€ para los puestos de trabajo menos cualificados”

La cifra de 1.000 € no es aleatoria, ni corresponde a la moda de los
“mileuristas”: el objetivo de los mil euros mensuales para el sueldo
pactado en los convenios y el Salario Mínimo Interprofesional
responde a la aplicación de la fórmula que recomienda la Carta Social
Europea de garantizar unos ingresos básicos equivalntes al 60% del
salario medio.

La bonanza económica que se ha mantenido de forma continuada durante
la última época (si bien tiene los pies de barro) y los buenos datos
sobre creación de paro y mantenimiento del empleo no deben hacer que
apartemos la mirada de otros indicadores: la calidad del empleo y los salarios y la evolución en cuanto a poder adquisitivo de los trabajadores (especialmente los que se sitúan en las bandas salariales inferiores).

En el contexto de todo lo dicho hasta ahora, me sorprendieron las declaraciones del secretario general de UGT de Catalunya, Josep Maria Álvarez, ayer en la manifestación del Primero de Mayo. Dijo que “durante demasiado tiempo nos han tenido engañados (sic) al hacernos creer que lo más importante es la creación de empleos” y habló de un “clamor contra los salarios bajos“.
Supongo que no le viene de nuevas, y que lo dirá recordando lo
contestada que fue la política de “contención salarial” que practicaron
en las negociaciones colectivas durante la época Aznar; o la oposición
frontal a la renuncia de incluir en algunos convenios la cláusula de
revisión salarial que protegía a los trabajadores de una pérdida de
poder adquisitivo, cláusula por la cual todos los convenios que
estuvieran acogidos permitían que las nóminas de los trabajadores que
regulaban se revisaran cada 6 meses y contemplaran las subidas reales del IPC… Pero bueno, bienvenida sea su caída de la parra si con ello se gana un aliado más en la lucha por los salarios dignos.

Otros (como Omega),
en cambio, directamente creen que los sindicatos son una lacra para
el sistema económico, que nos hace perder productividad. Yo considero
que:

  1. Desde el punto de vista histórico, los beneficios que ha logrado el sindicalismo
    en el mundo son indiscutibles. Hablamos en cuanto a calidad de vida de
    los trabajadores, por supuesto. La propia celebración del Día Internacional del Trabajo
    es una muestra de ello, independientemente de cuántas personas vayan a
    las manifestaciones que se convocan el Primero de Mayo en todo el mundo.
  2. Desde una perspectiva actual, si comparamos el tiempo que los
    trabajadores dedican al ocio en los países donde los sindicatos son más
    fuertes, y el que dedican en aquéllos países donde los sindicatos son
    casi testimoniales, así como el número de horas diarias trabajadas en
    ambos grupos, apreciaremos claramente que en aquéllos países donde el
    sindicalismo es más fuerte los trabajadores gozan de más tiempo libre,
    lo que se traduce en una mejora de la calidad de vida (evidentemente,
    no es el único factor, pero sí uno de ellos).
  3. Tal vez la desactivación del poder de negociación de los sindicatos
    se traduzca en una mayor productividad y en un crecimiento mayor de la
    economía, no lo negaré. Sin embargo, soy de la misma opinión que Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, cuando dijo que “Una economía en la que, año tras año, la mayoría de los ciudadanos viven peor no es un éxito“.

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