Domingo 30 de marzo de 2014,
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Protestas por el vaciado de los Cañones del Río Sil

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El vaciado del Río Sil, por obras en la presa de San Esteban, afectarán al turismo gallego, como a las empresas que realizan rutas fluviales

Los Cañones del río Sil son un prodigio de la naturaleza y uno de los principales activos turísticos de la Galicia interior, pero el lunes comenzó su vaciado para realizar las obras en la presa de San Esteban, uno de los principales embalses del noroeste peninsular. Las protestas no hicieron variar la decisión de Iberdrola, y este verano habrán de suspenderse las rutas fluviales con catamaranes.

Los célebres Cañones del Sil, cuyas sensaciones hay que vivirlas ‘in situ’ y que son, sin duda, uno de los atractivos fuertes del turismo gallego (por algo son visitados cada año por miles de personas) acusan a partir del lunes, 5 de abril, una auténtica agresión por parte de la mano del hombre, debido a un bajón de 30 metros en el cauce del río que delimita las provincias de Lugo y Ourense, al iniciarse el vaciado del embalse de San Esteban para que Iberdrola pueda realizar obras en la presa, de 115 metros de altura, circunstancia que ha generado múltiples protestas.

Las obras, comenzadas el 5 de abril y efectuadas por Iberdrola, han generado múltiples protestas

A raíz de ello, los barcos y catamaranes que durante la etapa estival realizan las rutas fluviales, de varios kilómetros, se ven obligados a suspender el servicio y trasladarlo al río Miño, en el tramo comprendido entre Os Peares y Pantón, aguas abajo del embalse de Belesar. Pero aunque se trata de un trayecto pintoresco, nada tiene que ver con el que se ofrece por los cañones del Sil, con los viñedos de la Ribeira Sacra a ambos márgenes. En ella se producen sus famosos vinos con denominación de origen, que ya gozaban del aprecio de los romanos, especialmente el que se obtiene en Amandi (Sober-Lugo), y que fue también uno de los motivos por el que se construyeron tantos monasterios, de ahí el nombre de Ribeira Sacra.

El Sil es el afluente más caudaloso del Miño, pues como suele decirse, él lleva las aguas y el padre de los ríos gallegos, la fama. Desemboca en Os Peares, pintoresco pueblo que pertenece a dos provincias, cuatro municipios, dos parroquias, dos diócesis y dos partidos judiciales, tras un recorrido de más de 150 kilómetros desde su nacimiento, en las montañas de León.

Tras cruzar los valles del Bierzo, en tierras leonesas, bordeando las famosas Médulas (minas de oro de los romanos), y de Valdeorras, en Galicia (Ourense), sigue su curso para servir de límite a las provincias de Lugo y Ourense. Los romanos extraían oro de su cauce y por ello desviaron su curso en Montefurado (Quiroga), horadando la montaña varios cientos de metros.

Fotografía (CC): FreeCat


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