Domingo 06 de abril de 2014,
Bottup.com

“El mundo de los humanos es muy breve, antes éramos uno más en el entorno animal y algo queda”

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Vicente Franch con uno de los caballos con los que trabaja

ENTREVISTA a Vicente Franch, domador de caballos y autor de ‘Los caballos maestros y el domador asilvestrado’

“Tenemos que mirarlos, intentar entenderlos y después decidimos si los domamos o nos asilvestramos aprendiendo de ellos”

“Para mí las metas afines son la armonía y la paz que los caballos tienen”

Los caballos han sido durante toda la historia un animal básico y vital para el hombre, quien en pocas ocasiones ha conseguido escapar de la habitual visión utilitarista hacia todo aquello que no sean humanos. A veces, como vemos hoy en día, ni siquiera eso. Vicente Franch es un hombre que de primeras nos puede recordar al Robert Redford de “El hombre que susurraba a los caballos”. Pero es mucho más.

Franch acaba de publicar su primer libro: ‘Los caballos maestros y el domador asilvestrado’. No es escritor, pero Internet tiene estas cosas buenas, que nos permite que sean los verdaderos expertos los que sin intermediaros nos lleguen con sus técnicas, sus historias y, como es en este caso, una mezcla de ambas, atadas transversalmente por lo poético y lo filosófico que implica el mero pero extraordinario hecho de estar vivos aquí y ahora. Cuenta, mediante esta obra de 94 páginas muy bien ilustrada con fotografías a todo color sus experiencias con los caballos y a dónde le ha llevado su particular manera de ver la doma.

A pesar de tratarse de un manual que contiene grandes claves para la doma, Vicente Franch ha ido más allá para explicar qué siente un caballo, porque es la comprensión de este animal “que pese a llevar 5.000 años a nuestro servicio sigue naciendo libre” lo que aporta el conocimiento sobre uno mismo y la búsqueda de la paz interior. Es el reto que plantea este libro. Cómo desde la búsqueda de la mejor forma de domesticar ha encontrado la mejor forma de aprender.

¿Cuáles son tus primeros pensamientos acerca de los caballos, cómo los veías cuando eras un niño?

Me producía un gran placer la mera observación y me provocaba el deseo de tocarlos, montarlos y galopar como el viento arriba de ellos. Siempre han sido unos seres fascinantes para mí desde que tengo uso de razón.

Dices en tu libro que pese a llevar milenios al servicio del hombre, el caballo es un animal que evolutivamente, pese a eso, sigue naciendo libre. ¿Crees que tiene eso en común con el propio hombre, es decir, pese a que el hombre lleva miles de años sirviendo a reyes, caudillos y sistemas económicos sigue naciendo libre?

Cuando me refiero a la libertad, para mi es la capacidad de poder seguir siendo quien has decidido ser evolutivamente, hablando de una especie. La domesticación (hacer un animal de casa) ha venido impuesta por nosotros, los humanos. Ellos nunca han tenido ni han mostrado el deseo de ser domesticados. Y su grandeza es la capacidad de seguir naciendo con todos sus programas evolutivos intactos. En cuanto a tu pregunta acerca de si los humanos compartimos esto, es evidente que la comparación es difícil. En todo caso, en los humanos hablaríamos de una autodomesticación que por lo tanto es aceptada en mayor o menor grado voluntariamente. No creo que un humano de hace 10 o 20 mil años tuviera los mismos deseos y necesidades que un humano del actual sistema occidental. Por lo tanto podríamos entrar en un debate interminable porque la pregunta conlleva bastante más que la comparación entre hombre y caballo.

Ellos nunca han tenido ni han mostrado el deseo de ser domesticados

En el libro explicas que más allá de la técnica en la doma, la etología te enseñó a “hablar de tú a tú” a los caballos. ¿Es imprescindible el conocimiento de esta ciencia para construir la empatía con el animal?

El conocimiento de esta ciencia no garantiza el poder llegar a la empatía con estos animales. Pero el conocer a la especie con la que pretendes empatizar porque te lo contó tu abuelo, porque lo has vivido o porque has leído un tratado de etología sobre dicho animal, junto con la sensibilidad y el deseo de hacerlo, es lo que realmente te da la capacidad de conseguirlo.

Dices que la mejor manera de conseguir lo que quieres de un caballo es jugando. Muchos piensan que esto se logra mejor a través de la disciplina. ¿Cómo les convences de lo contrario?

Mi trabajo en sí es una muestra de ello, pero como no podemos verlo, sólo puedo acogerme a la observación en libertad, tanto la mía como la que etólogos en largos estudios de campo nos muestran, y esta es la parte importante para mí de los caballos, que en sus relaciones sociales no existen las jerarquías de dominancia. Por lo tanto, no existe la dominación ni la sumisión. Sus relaciones se basan en la seguridad que les da estar juntos, en el aseo mutuo, en los juegos y en conocerse entre ellos. Cuando hay un problema, todos saben quién puede solucionarlo mejor. Ese es el líder natural en ese momento para todo el mundo. Se coordinaran con él normalmente en la huida pero ni al líder natural ni a ninguno de ellos se le ve dando órdenes o intentando controlar al resto. La coordinación que vemos en estos momentos de necesidad es la misma que encontramos en sus juegos de potros. Esta sería la respuesta razonada. Con el corazón, simplemente te digo: acércate a un caballo con actitud disciplinadora y mira su reacción. Acércate con actitud amistosa e invitando a jugar, y luego mira su reacción. El mundo de los humanos es muy pequeño en el tiempo. Antes éramos uno más, con la sabiduría que eso aportaba del entorno. Algo queda.

En sus relaciones sociales no existen las jerarquías de dominancia ni la sumisión. Los líderes naturales lo son para cada problema concreto que se les presenta

Dice que “domar un potro es como poner asfalto sobre la tierra o cemento en el aire”, algo que a los humanos se nos da bastante bien. ¿Es la doma clásica, desde su punto de vista, el camino más corto y pragmático para conseguir resultados a corto plazo con un caballo? ¿Cuál es la alternativa al “asfalto”?

Este sería un debate en el que si participara públicamente iba a ser crucificado. A pesar de esto me armo de valor y te digo lo que pienso. Ni tan siquiera creo que la doma clásica actual se le pueda llamar doma. Para mi es incomprensible que caballos campeones en esta disciplina no se puedan montar relajada y tranquilamente en el campo. Al igual que trabajando sobre suelos estudiadamente perfectos y siempre en liso, sea la disciplina que más caballos rompe. Y podríamos alargarnos hablando de los ‘piaffés’, los ‘passages’, de la tensión, tanto en el jinete como en el caballo, pero bien, no creo que sea el momento ni tengo ganas de morir en la cruz. Mi respuesta podría explicar formas de poder llegar a montar un caballo relajado, confiado, flexible y dispuesto al trabajo, ligero y ágil. Pero tampoco es el caso. En estos momentos, para mí, la alternativa es cargarse de humildad, poner pie a tierra en todos los sentidos y aprovechar el conocimiento que ahora mismo disponemos acerca de los caballos, de la experiencia de vida en común durante casi 5.000 años, para mirarlos, intentar entenderlos y después, decidimos si los domamos o nos asilvestramos aprendiendo de ellos.

{webgallery}Vicente con dos de sus caballosVicente con dos de sus caballosVicente en pleno trabajoVicente con uno de sus caballosVicente con uno de sus caballos{/webgallery}

“Si fuera caballo me darían más miedo los hombres que las mujeres”. ¿Por qué? ¿Nota usted mayor facilidad para hacer entender a las amazonas con sus caballos que a los jinetes?

A veces generalizar no es bueno. En mi experiencia personal, he encontrado muchas más mujeres con la capacidad de ser conscientes de estar con otro ser que a hombres. Puede que aquí haya influido esa equívoca idea de que montar a caballo es un hecho para el que hay que ser valiente y por lo tanto tener un par de huevos.

Hace usted contínua referencia a “metas afines” entre caballos y jinetes. ¿Cómo se pueden establecer tales metas? ¿Pueden existir cuando se considera al caballo un medio de locomoción, como históricamente ha sucedido?

Los humanos hemos impuesto un orden que parece que no nos satisface

Hace tres años que dejé de montar a caballo por placer. Las metas afines cuando montaba o tengo que montar un caballo por necesidad, siempre serán artificiales y creadas por mí por medio de la motivación de los caballos. Pero no son de estas metas de las que hablo en el libro. Creo que hablas de uno de los escritos que empieza “Cuando quiero ser uno con mi caballo…”. Evidentemente, cuando quieres ser uno con tu caballo, no pretendes nada físico. Sólo sentir que estas con él y él contigo. Y si esto ocurre, empiezas a sentir que formas parte del planeta porque está tu caballo, el suelo que pisas, los árboles, las hierbas, el mosquito que te pica detrás de la oreja… Es un todo dentro de esta bola evolutiva en la que nosotros somos la cúspide de la pirámide de la cadena alimentaria. Hemos impuesto un orden que parece que no nos satisface. Las metas afines, para mí, son la armonía y la paz que los caballos tienen y si no, buscan.

Dice que los caballos son seres “adictos a la paz” que exigen a su jinete estar “aquí y ahora”, y que son “jueces sin juzgar”. ¿Cómo llega a esas conclusiones?

Me gustaría remarcar otra vez que no hablo de jinetes ya que justamente en este libro mi apuesta ha sido bajarme del caballo para de verdad poderlo mirar de tú a tú. El “aquí y ahora” es fácil de ver cuando has trabajado con algunos cientos de caballos. Evidentemente, no nací aprendido y soy consciente de que me queda mucho por aprender pero mi experiencia en el trabajo es la que me ha confirmado la necesidad de estar aquí y ahora, cada segundo, porque es la forma como ellos viven la vida y creo yo, que la única forma, aunque a nosotros los humanos nos cuesta bastante. Me darás la razón en que cuando piensas en lo que ocurrió o en lo que ocurrirá, no estás viviendo lo que está pasando y sería muy difícil conversar contigo. Por otra parte, para mí, son jueces sin juzgar porque cuando se acercan o escapan de nosotros, lo hacen por lo que les hacemos sentir.

{xtypo_download}El libro ‘Los caballos maestros y el domador asilvestrado’ se puede adquirir online a través de Bubok.{/xtypo_download}

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